#17 Reflexión final. MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

La Palma 13

Este es el cuestionario que completé al principio del curso:

Cuestionario 1

Y este es el que acabo de cumplimentar ahora, una vez finalizado el curso:

Cuestionario

Si comparo los resultados de ambos cuestionarios, estos son los datos:

  • La puntuación en tres de las habilidades es la misma (autoconocimiento; manejo de emociones y sentimientos; y adapatabilidad).
  • En cuatro habilidades, la puntuación es diferente: optimismo, empatía, escucha y eficacia de las conversaciones. En los cuatro casos, se aprecia una mejora.
  • En seis habilidades coincido con la mayoría de los compañeros/as del curso: autoconocimiento, adaptabilidad, optimismo, empatía, escucha y eficacia de las conversaciones.
  • En una habilidad (manejo de emociones y sentimientos) estoy por debajo de la media del grupo.

De estos resultados, estas son las reflexiones que hago:

  • Soy consciente de que las habilidades para la vida no se adquieren en los pocos días que ha durado este curso, sino que se consolidan con la práctica y el tiempo.
  • Más que percibir una mejora sensible en las diferentes habilidades, creo que puedo hablar con más propiedad de una mayor sensibilidad ante las mismas, que antes creo que no poseía.
  • El curso me ha servido para constatar aquello que ya hacía bien, pero, sobre todo, para reparar en aquellos aspectos susceptibles de mejora. En este sentido, he podido conocer y poner en práctica nuevas acciones que buscan mejorar mi alfabetización emocional.
  • Reconozco que me ha resultado más fácil el desarrollo de algunas habilidades intrapersonales, antes que las interpersonales.

De una en una, este es el comentario que podría hacer de cada una de las habilidades:

  • Autoconocimiento: creo que esta habilidad ya la poseía en alto grado. Con todo, las diferentes tareas y retos del curso me han ayudado a poner palabras a muchas cosas que sabía de mí mismo, pero que rara vez se explicitan.
  • Manejo de emociones y sentimientos: esta quizás sea la habilidad en la que debería trabajar más. De todas formas, el curso me ha aportado reflexión y alguna herramienta.
  • Adaptabilidad: esta es otra de las habilidades en las que me considero más entrenado. Me gustó poner en práctica el reto planteado en el curso y a partir de él se me han ocurrido muchos más cambios que pongan a prueba mi adaptabilidad y la de mi alumnado.
  • Optimismo: el curso me ha servido para calibrar en qué consiste exactamente el “optimismo educativo”. Está claro que este no tiene que ver nada con una pose “naif”, sino más bien con el convencimiento del poder transformador de la educación (para el alumnado, pero también para el docente)
  • Empatía: el curso me ha servido para tomar conciencia de que la empatía se puede (y se debe) trabajar. No diría que he mejorado de manera sustancial en este aspecto, pero sí me llevo del curso todo un repertorio de acciones y técnicas que pienso poner en práctica.
  • Escucha: el curso me ha permitido darme cuenta de qué hago bien y qué no en relación con la escucha. He comprendido que la clave está en automatizar toda una serie de rutinas que, francamente, no siempre tengo en cuenta. Creo que puedo mejorar mucho en esta habilidad si me lo propongo.
  • Eficacia de las conversaciones: aquí creo que también debería esforzarme más. Pese a haber mejorado este ítem en el segundo cuestionario, creo que el camino que me queda por recorrer todavía es largo. A veces pongo en práctica lo aprendido, pero otras, reconozco que no.

Y hasta aquí hemos llegado. Solo me queda decir que HA VALIDO LA PENA EL CAMINO RECORRIDO y que MUCHAS GRACIAS A LOS COORDINADORES DEL CURSO Y A LOS COMPAÑEROS POR SU MAGISTERIO E INSPIRACIÓN. ¡NOS VEMOS EN EL CAMINO!

 

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#16 Acciones para mejorar la escucha activa. MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

Escucha activa

Estas acciones que aquí enumero tienen como finalidad mejorar mis habilidades de escucha activa. Intentaré llevarlas a cabo tanto en mi ámbito laboral (con el alumnado y con mis compañeros) como en el personal.

1ª semana: ESCUCHAR SIN INTERRUMPIR Y SIN VALORAR, OPINAR NI DAR CONSEJOS

El objetivo de esta primera semana será permitir que la otra persona se exprese libremente, sin prisas, sin interrupciones. De esta manera, no estaré esperando impacientemente a que acabe su intervención para poder “lucirme”. Debo asumir que mientras mi interlocutor está hablando, él es el protagonista. Debería poner mis cinco sentidos en la comprensión del mensaje. Cuando finalmente llegue mi turno, mi intervención no tendría que contener valoraciones, opiniones ni consejos. No se trata de hablar a la otra persona “desde arriba”, sino desde su misma altura.

Sabré que he alcanzado los resultados si en la mayor parte de las situaciones comunicativas he conseguido no interrumpir y he evitado los juicios de valor respecto al contenido de lo expresado por mi interlocutor.

 

2ª semana: ASEGURARSE DE QUE SE HA COMPRENDIDO

El objetivo de esta segunda semana es doble: por una parte, automatizar lo practicado en la primera semana; y por otro, comprobar que he entendido aquello que ha expresado el emisor. Para ello utilizaré todo un amplio repertorio de expresiones de reformulación del tipo: “entonces, lo que quieres decir es que…” o “cuando dices eso, te refieres a…”. El esfuerzo estará aquí en la escucha, pero también en la descodificación de lo escuchado y en la correcta expresión de las ideas comunicadas por mi interlocutor.

Sabré que lo he conseguido si ante mis reformulaciones la otra persona está de acuerdo con ellas. En caso contrario, tendría que mejorar o la escucha o la comprensión, o ambas a la vez.

 

3ª semana: CONTROLAR LAS EMOCIONES Y EL LENGUAJE NO VERBAL

Aquí también habrá dos objetivos: poner en práctica las dos acciones anteriores y añadir otra: el control de las emociones y del lenguaje no verbal. El control de las emociones pasaría por evitar los estereotipos y los prejuicios respecto a la otra persona y por dejar de lado mis creencias, experiencias y expectativas. Junto a ello, debería ser consciente de mi lenguaje no verbal, de manera que mi voz, postura, gestos, mirada… manifestaran una comprensión completa del mensaje de mi interlocutor.

Sabré que lo he logrado si soy capaz de manejar las emociones que dificultan una comunicación eficaz y si mi lenguaje corporal ayuda a un intercambio comunicativo más empático.

 

#14 Algunas reflexiones sobre la empatía. MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

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Cuando plantas una lechuga, si no crece bien no echas la culpa a la lechuga. Intentas encontrar las razones por las que no está creciendo correctamente. Puede que necesite fertilizante, o más agua, o menos sol. Nunca le echas la culpa a la lechuga. Sin embargo, cuando tenemos problemas similares con nuestros amigos o familiares solemos echarles la culpa. Pero si sabemos cómo cuidar de ellos, crecerán bien, como la lechuga. Culpar al otro no tiene ningún efecto positivo, y tampoco lo tiene el intentar persuadir usando razones o argumentos. Esa es mi experiencia. No culpar, no razonar, no argumentar, solo comprender. Si comprendes, y demuestras tu comprensión, puedes amar, y las cosas pueden cambiar.

A partir de un texto de Thich Nhat Hanh

Básicamente, estoy de acuerdo con la idea que apunta Thich Nhat Hanh a partir de la metáfora de la lechuga. Llevada al terreno educativo, la metáfora nos recuerda un discurso muy extendido entre la comunidad docente y que se resume en la idea de que el alumnado es culpable de su falta de aprendizaje o de un aprendizaje incompleto, superficial o erróneo. Coincido con el autor en la idea de que sería más productivo analizar de qué modo no conseguimos acompañar a nuestro alumnado en el camino del saber. Está claro que muchos problemas no son de aprendizaje, sino más bien de enseñanza.

También coincido con la idea de que “si comprendes, y demuestras tu comprensión, puedes amar, y las cosas pueden cambiar”. Desde la comprensión y desde el afecto, es más fácil que emerja todo aquello que de bueno tiene nuestro alumnado. En Educación de Personas Adultas vemos esto cada día: alumnos/as a los que los afectos les hacen ganar en confianza, en autoestima y también en progreso académico. A veces solo basta con poner en práctica alguna de las acciones que hemos reseñado aquí como propias de la empatía: la escucha, el diálogo…

Dicho esto, también me gustaría matizar un tanto la metáfora: por desgracia no siempre “las cosas pueden cambiar”. A veces el jardinero no controla variables que se le escapan: la climatología, las plagas… Quiero decir con ello que en educación no siempre podemos con todo: los contextos socioculturales, los momentos personales… pueden dificultarnos la cosecha. No es que quiera caer en el derrotismo, nuestro deber es poner todo de nuestra parte, pero también como profesionales nos evitaríamos muchas frustraciones si tuviérmaos claro que no todo está en nuestra mano.

A veces, el agricultor, presionado por el supermercado de turno, se obsesiona con producir la “lechuga perfecta”, de aspecto impecable y lista para su comercialización. En esta cadena, muchas lechugas acaban en la basura. Esto es tanto como decir que, desde esas posiciones liberales que solo buscan la ordenación de los centros y del alumnado en clasificaciones de excelencia, muchos son declarados no aptos y quedan fuera. El profesorado de la educación pública debería cuestionar estas lógicas y estar satisfecho al producir lechugas de tamaños diferentes y de apariencias diversas. Su fin no debería ser el supermercado, sino el mercadillo de proximidad en el que la calidad no se mide por el envoltorio.

Sé la intención del texto  cuando habla de “no razonar, no argumentar…”. Thich Nhat Hanh se está refiriendo al comportamiento empático. Yo, sacando de contexto sus palabras, sí que soy partidario de razonar y argumentar. Ambas son dos destrezas necesarias en la escuela, quizás las más importantes. El profesorado debería hacer de ellas la piedra angular del proceso de enseñanza-aprendizaje. Creando ciudadanos críticos también estaremos contribuyendo a crear personas más libres y felices.

 

#13 Acciones para la empatía. MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

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Las cuatro acciones que me he propuesto llevar a cabo para mejorar mi empatía son las siguientes:

1ª semana: NO JUZGAR Y EVITAR ESTEREOTIPOS Y PREJUICIOS

¿Qué voy a hacer? Esforzarme por situarme ante mis estudiantes (también ante mis compañeros/as) de la manera más franca posible, rompiendo “etiquetas”. Se trata de dejar de lado los relatos que previamente he construido respecto a ellos y que contienen estereotipos y prejuicios. Relatos referidos a sus capacidades en relación con el aprendizaje y a su calidad personal. Conseguir esa mirada “limpia” es difícil, pero no imposible.

¿Qué pretendo conseguir? Entablar unas relaciones sinceras, sin adelantar resultados y sin generar expectativas negativas. Dejar que el otro se manifieste tal cual es y, al tiempo, que pueda percibirme tal cual soy, sin condicionantes de ningún tipo. Entiendo que solo así podré abordar el resto de acciones que apunto aquí con posibilidades de éxito. Se trata, en definitiva, de suspender el juicio y permitir que emerja quienes somos, no quienes se supone que somos.

2ª semana: ESCUCHAR ACTIVAMENTE

¿Qué voy a hacer? No monopolizar tanto la palabra y convertir a mi alumnado en protagonista de todo lo que sucede en el aula. Junto a ello, estar atento a la comunicación verbal y no verbal, y a las interacciones de todo tipo que suceden en clase. Escuchar activamente implica, en algunos casos, estar abierto al cambio y también a tomar decisiones no previstas sobre qué y cómo enseñar, qué y cómo evaluar.

¿Qué pretendo conseguir? A través de la escucha busco conocer más a mis estudiantes y aspiro a aprender de ellos (el alumnado adulto entra al aula con una “mochila” inmensa de saberes y experiencias). También pretendo crear un mejor clima para el aprendizaje y favorecer su participación y  responsabilidad. Si soy capaz de escuchar más y mejor, es posible que también consiga que otros lo hagan en la misma medida.

3ª semana: PREGUNTAR PARA COMPRENDER

¿Qué voy a hacer? Mejorar mis aptitudes para el diálogo, que pasan, entre otras coasa, por saber preguntar. Saber preguntar implica interesarse sinceramente por el otro, siendo consciente de que el protagonista es él. Y todo ello sin anticipar ni completar la información que se nos da, sin juzgar, sin aleccionar, sin atenuar… Preguntar no para interrogar, sino para comprender; no para responder, sino para sentir.

¿Qué pretendo conseguir? Comprender a mi interlocutor (alumno o profesor) y sentir con él, haciéndome cargo no solo de lo que dice, sino de qué sentimiento le provoca eso que dice. Favoreciendo el diálogo (entendido este tanto como habilidad como procedimiento moral) estaré consiguiendo un mejor clima de aula, más comunicación y más aprendizajes. Pero, sobre todo, estaré poniendo las bases para el reconocimiento efectivo de una humanidad compartida.

4ª semana: ACOGER LOS SENTIMIENTOS AJENOS

¿Qué voy a hacer? Intentar estar atento a los sentimientos ajenos, permitir que emerjan y acogerlos como parte indisoluble de la experiencia humana. Al mismo tiempo, gestionar los sentimientos propios y canalizarlos hacia formas positivas de relación con los otros (alumnos y/o compañeros).

¿Qué pretendo conseguir? Al permitir que emerjan los sentimientos (y con una gestión positiva de los mismos), estaremos trabajando el autoconcepto, la confianza en las propias capacidades, la expresión de nuestra identidad o las relaciones interpersonales saludables. 

VALORACIÓN

En primer lugar, tengo que reconocer que en estas cuatro acciones no parto de cero, sino que creo haber desarrollado con los años una cierta sensibilidad ante todo lo que implica la empatía. Con todo, y siendo honesto, tengo que decir que el camino que aún me queda por recorrer en este sentido no es corto, ni mucho menos. De las cuatro acciones, me siento más satisfecho de las dos primeras (no juzgar y evitar estereotipos y prejucios y escuchar activamente). El margen de mejora es mucho más acusado en el caso de las dos últimas (preguntar para comprender y acoger los sentimientos ajenos).

En segundo lugar, entiendo que las cuatro acciones se interrelacionan indefectiblemente, por lo que veo complicado parcelar su puesta en práctica en momentos sucesivos (a razón de una por semana). Sin embargo, poner el foco cada semana en una de ellas puede ser una manera de movilizar la consciencia al respecto. Imagino que a la larga ya no hará falta una práctica parcelada de las mismas, sino que las cuatro acciones (y alguna más) interactuarán al mismo tiempo una vez logrado su dominio.

Dicho esto, en esta primera semana me he fijado en la primera de las acciones: no juzgar y evitar estereotipos y prejuicios. Como ya he comentado, esta es una de las acciones en las que parto con cierta ventaja. Es decir, intento siempre llevarlo a cabo, lo cual no siempre significa que lo consiga. El conocimiento que tenemos de nuestro alumnado (y de nuestros compañeros) se teje a partir de las múltiples experiencias e interacciones que mantenemos con ellos. Es invevitable construir relatos sobre cómo son los otros. Ahora bien, el reto es que esos relatos no sean inamovibles y, por descontado, que no condicionen aquello que esperamos de ellos.

Dejamos para semanas sucesivas la valoración referida a las tres acciones restantes: escuchar activamente, preguntar para comprender y acoger los sentimientos ajenos.

#11 Acciones para la adaptabilidad y el optimismo. MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

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Estas son las acciones que me he propuesto para desarrollar la adaptabilidad y el optimismo:

ACCIÓN PARA DESARROLLAR LA ADAPTABILIDAD

  • ¿Qué me comprometo a hacer? Cambiar el lugar en el que comentamos las lecturas propuestas en la clase de Literatura, pasando del aula ordinaria a la biblioteca del centro.
  • ¿Cómo lo voy a hacer? En tres grupos (1º, 2º y 3º de Educación Secundaria para Personas Adultas) comentaremos tres lecturas realizadas previamente en clase (Dos palabras de Isabel Allende, Maria dos Prazeres de Gabriel García Márquez y Una anomalía temporal de Jhumpa Lahiri, respectivamente). En lugar de hacer el comentario en clase (como hemos hecho en otras ocasiones), me propongo cambiar este lugar por la biblioteca del centro: un lugar más acogedor, inspirador y en el que podremos sentarnos en círculo.
  • ¿Cómo sé que lo he conseguido? Si finalmente las tertulias se desarrollan en la biblioteca y no en el aula.

ACCIÓN PARA DESARROLLAR EL OPTIMISMO:

  • ¿Qué me comprometo a hacer? Observar a tres estudiantes durante unos días para comprobar cómo su actitud más o menos optimista condiciona la percepción de uno/a mismo/a en relación con el aprendizaje, la manera de superar las dificultades y las expectativas de futuro académico.
  • ¿Cómo lo voy a hacer? Voy a observar a esos tres estudiantes y voy a tomar notas referidas a las tres variables apuntadas más arriba. Después elaboraré un breve texto con las conclusiones.
  • ¿Cómo sé que lo he conseguido? Si finalmente he observado, he tomado nota y he redactado las conclusiones.

Después de haber llevado a cabo ambas acciones, estas son mis conclusiones:

Respecto a la primera (la referida a la adaptabilidad), sí que la he llevado a cabo y, por tanto, puedo decir que lo he conseguido: nos trasladamos a la biblioteca para comentar las lecturas. Visto ahora en perspectiva, creo que con esta acción he puesto a prueba la adaptabilidad de mi alumnado, más que la mía propia. Personalmente, me he encontrado cómodo con el cambio de lugar, no he ocupado un lugar central y he tenido más cerca a mis alumnos. Nadie manifestó incomodidad por el cambio, aunque el alumnado adulto valora mucho su pupitre y su ubicación en el aula como espacio de “seguridad”. La verdad es que el comentario realizado en los tres grupos fue bien. Sin ánimo de resultar triunfalista, diría que mejor que otras veces. Entre los aspectos más positivos, resaltaría los siguientes:

1) Algunos alumnos conocieron por primera vez la biblioteca. Nunca habían estado en ella. Algunos se interesaron por su funcionamiento y por el servicio de préstamo de libros.

2) Rompimos la disposición poco comunicativa de las aulas ordinarias. En alguna incluso hay un pilar central que dificulta el que los alumnos puedan verse entre sí. En la biblioteca, por contra, pudimos sentarnos todos alrededor de una mesa, más cerca unos de otros, mezclándonos más allá de los grupos de afinidades y viéndonos las caras.

3) La comunicación fue posible en los tres grupos. Mi participación fue menor que otras veces y la conversación fluyó de manera más natural que en ocasiones precedentes en el aula ordinaria.

En resumidas cuentas, puse en práctica mi adaptabilidad a una nueva situación (en este caso, a un nuevo espacio) y el resultado lo podría calificar de muy positivo. Aunque siendo honesto, tengo que reconocer que soy bastante proclive a este tipo de cambios y que no me costó mucho llevarlo a cabo.

Respecto a la segunda de las acciones, la que tiene que ver con el optimismo, tengo que decir que no ha resultado como esperaba. Me había comprometido a observar a tres de mis alumnos para comprobar cómo su actitud más o menos optimista afectaba a su vida académica. Pues bien, tengo que reconocer que la fase de observación, al disponer de tan poco tiempo, no ha sido todo lo minuciosa que debiera. Además, mi conocimiento previo de esos alumnos ha mediatizado completamente la observación, es decir, no he obtenido ninguna información que no supiera. Tampoco he tomado notas, como me había propuesto. Lo que sí que he hecho ha sido reflexionar, y mucho, sobre cómo el optimismo nos afecta académicamente. Así, estas serían mis conclusiones:

1) El mayor o menor optimismo muchas veces se correlaciona con un mayor o menor autoconocimiento en relación con los estudios. Me explico: el alumnado más optimista suele tener un conocimiento más ajustado de su potencial académico . Por contra, el más pesimista con frecuencia desconoce hasta dónde puede llegar: su relato negativo (“no puedo”, “no valgo”…) lo impregna todo, dificultando el reconocimiento preciso de sus capacidades. Esto no es óbice para aceptar que se pueden encontrar excepciones en ambos casos.

2) Puede parecer una obviedad, pero el alumnado más optimista moviliza muchos más recursos (de todo tipo) a la hora de superar las dificultades que encuentra en el devenir escolar. En sentido contrario, el más pesimista acostumbra a venirse abajo ante una dificultad, llegando en ocasiones al abandono. Esto en el caso de la Educación de Personas Adultas es especialmente visible. De los tres alumnos observados estos días, uno muestra una actitud confiada y optimista ante el futuro, lo que le garantiza unas mayores probabilidades de éxito académcico. Otro, por contra, proyecta su pesimismo continuamente y se siente tentado con frecuencia a abandonar (aquí la acción tutorial es clave). Y hay un tercero que su actitud va cambiando según los días (ni qué decir tiene que en la Educación de Personas Adultas cualquier acontecimiento laboral, familiar… puede influir, y mucho, en la actitud ante los estudios).

3) El mayor o menor optimismo influye también en otras habilidades para la vida académica como la constancia. Aquellos más optimista perserveran mucho más que los que muestran una actitud más negativa y pesimista. Los primeros son también más adapatables ante situaciones cambiantes y se muestran, en general, más dispuestos a cooperar.