Mar Batista

10602656_10203558323651451_321583678_nAllá por enero de 2011 volví a encontrarme con Mar después de muchos años sin vernos. Recuerdo que el encuentro se produjo en La Casa del Libro de Valencia y que, en los pocos minutos que duró, Mar me puso al tanto de su situación académica y laboral, de sus planes de buscarse la vida en otro país –Noruega, probablemente–, de sus gustos literarios… Al final nos despedimos con la promesa de encontrarnos en las redes sociales. Así hicimos. Y, sin yo saberlo entonces, ese fue el punto en el que empezó esta historia. Quiero decir con ello que sin aquel encuentro hoy no estaría escribiendo esto, aunque la historia en realidad comenzó años atrás cuando Mar y yo compartimos aula como alumna y profesor respectivamente.

De aquellos años viene la corriente de simpatía que creo que fluía entre los dos en ambos sentidos. Ella lo expresa así: “(eras) un profe con el que podía compartir las pelis que había visto el fin de semana o que me encontraba en algún concierto de música de cámara en el Botánico… Recuerdo tus caras (¿de asombro?) cuando te contaba las pelis que había visto el fin de semana (Ken Loach, Woody Allen…) o cómo machaqué a Benedetti y me acompañó durante años El amor, las mujeres y la vida allí a donde iba (literal, siempre en mi mochila)”. Aquí Mar ya apuntaba uno de los rasgos que me aventuraría a decir forma parte de su carácter: su receptividad ante la cultura, ante todo aquello que le hace sentir, pensar y que le mueve a actuar en una determinada dirección. En otro momento, dice lo siguiente: “del colegio guardo pocas cosas materiales, pero uno es un comentario de Un mundo feliz que aún hoy, cuando ordeno cosas, lo encuentro y lo releo asombrada por lo que fuiste capaz que escribiera con solo trece años”. Esos sus recuerdos se cruzan con los míos y se encuentran en este punto que Mar expresa así: “mi recuerdo en general, por supuesto, va más allá de lo académico, la conexión de la persona con la cultura en general”.
10569794_10203371273415312_926670024_o

Aquella conexión de entonces se superpone con la que ahora siento yo por la Mar adulta. Esa a la que he empezado a conocer a través de Facebook y del correo electrónico. Por desgracia no ha habido ocasión para encontrarnos en persona con cierta regularidad. Pero intuyo mucha sintonía ideológica y, si se me permite, vital entre los dos. Coincido en muchas cosas con la forma de ver la vida que tiene Mar y además aprendo mucho de ella, gracias a su sensibilidad, a su experiencia y también a su formación científica. Aquí de nuevo los roles de profesor-alumna han quedado superados por completo. Y yo añadiría: por suerte.

Más allá del espejismo que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos depara, estamos faltos de miradas sobre el mundo. Me refiero a miradas sobre el mundo con fundamento. Hoy cualquiera tiene una opinión sobre las desigualdades sur-norte, sobre el choque de civilizaciones, sobre los desafíos a los que se enfrentan las sociedades multiculturales fruto de las migraciones, sobre el calentamiento global y los problemas medioambientales que nos acechan… Pero son pocos los que tienen una opinión fundamentada, basada en la ciencia y también en la ética. Mar es una de esas personas. Su vida es, de alguna manera, un ejercicio reflexivo: “todos los cambios de estos últimos años me han llevado a pensar y pensar, a veces demasiado”.

Cuando le pedí a Mar que reflexionara sobre su pasado escolar, me hizo caer en la cuenta de que prácticamente toda su vida había estado vinculada, salvo algún corto paréntesis, a algún centro educativo. Es por esto por lo que dice: “sin lugar a dudas, soy lo que soy, en gran parte, por las experiencias que he vivido en cada una de las instituciones educativas por las que he pasado”. Instituciones como el Colegio El Armelar, la Universidad Politécnica de Valencia, la Norwegian University of Life Sciences y la Cranfield University en el Reino Unido.

Coincidí con Mar cuando estudiaba Secundaria. De aquellos años dice esto: “ir al mismo colegio durante diez años marca, para bien y para mal”. Recuerda aquel colegio como un “lugar de paz, de convivencia, en el que te sentías acompañado, en el que aprendías el sentido de la responsabilidad…”. Fueron años, y me consta, vividos con curiosidad por el saber y también con compromiso, dos de las constantes vitales de Mar. Aquellos años ella los resume así: “volver quince años después y que se acuerden de ti lo dice todo”.

Después vendría su salida al mundo real, a esa ventana al mundo que para ella fue la universidad: “fueron cinco años muy chulos de estudio y convivencia (en el Politécnico el estudio es más de una jornada laboral cualquiera)”. Después de un paréntesis de dos años, volvió para estudiar un segundo ciclo de Ciencias Ambientales, ahora “con otra visión del estudio y otra motivación”. Para Mar “la UPV es una institución tan grande que se aprende. Te enseña, además de lo académico (aunque en muchos casos puede ser cuestionable) a desenvolverte, además de ser un saco sin fin de recursos que habría que explotar más”.

10649584_10203729896260659_1541629571457448074_nFue en este punto en el que volví a encontrarme con Mar. Por entonces estaba compaginando estudio y trabajo. “Años muy bonitos de aprender mucho”, dice ella, pero que le valieron para “aprender también lo que no quieres y quieres que el trabajo sea en tu vida; por eso me marché, buscando algo nuevo, conocer otras maneras de hacer”. Esta será otra de las constantes en la vida de Mar: su inconformismo, su rechazo a toda forma de apalancamiento y su búsqueda de nuevos horizontes académicos, profesionales y vitales.
Cuando lo de irse a Noruega era solo un proyecto lejano, me dijo lo siguiente: “a ver si es verdad lo del sueño noruego, que no es más que buscar un poco de conciliación y dignificación de la vida laboral y personal, probar que puede ser posible una sociedad un poco más cívica y responsable con las personas y con el medio ambiente. Ya veremos cómo va todo”. Mar en estado puro: dignificación, civismo, responsabilidad, sostenibilidad…

Y como no podía ser de otra manera, lo cumplió. Se fue a la Norwegian University of Life Sciences. Allí cursó Ciencias Ambientales y un máster. En sus primeros días de estancia en Noruega, así explicaba esa nueva vida que empezaba a abrírsele: “aquí estoy, acumulando un montón de sensaciones y vivencias en la semana y poco que llevo por estas tierras. El campus es increíble (4.000 alumnos), es muy familiar y esa es una de sus mayores ventajas. Está en plena naturaleza en un pueblo pequeño (Ås), por lo tanto, solo hay calma y tranquilidad. Es una universidad muy internacional, durante esta semana de bienvenida he podido conocer a gente de Irán, Islas Vírgenes, Ucrania, Nigeria, Malawi, Canadá, Armenia, Sri Lanka, China y, por supuesto, un buen puñado de europeos; así que imagínate cómo va mi cabeza, a mil por hora intentado capturarlo y procesarlo todo. Espero estar a la altura de la oportunidad”. Ella podría albergar alguna duda de si estaría preparada; yo, sinceramente, no.

Mar describe su experiencia allí de la siguiente manera: “(allí) desaprendí todo lo aprendido. Una universidad pequeña, internacional y en otro país. Dos años increíbles estudiando un máster, donde de nuevo los contenidos pueden ser en muchos casos cuestionables, pero las experiencias quedan. Un sistema dirigido por los estudiantes para los estudiantes y basado en la confianza, donde hay acceso libre y las instalaciones están al servicio de los estudiantes”. El máster giraba en torno a aguas, saneamiento, salud y desarrollo; en definitiva, un máster “muy conectado con los Objetivos del Milenio de la ONU en cuanto a acceso a agua potable y mejora de las condiciones de saneamiento en países en desarrollo”. La idea primera era orientar el trabajo hacia países del sur pero poco a poco “me empezó a interesar el tema del tratamiento de aguas urbano con alternativas sostenibles in situ”. Aunque la idea de trabajar en alguna cuestión relacionada con la cooperación al desarrollo parece que sigue latente: “no es algo que descarte. Me interesa el ciclo integral del agua para la producción de alimentos y el reciclaje de nutrientes y eso encaja perfectamente en cualquier país del Sur”.

10332776_10202844972178110_527557864_oComo era de esperar, aunque no todo fue fácil, Mar acabó el máster más que satisfecha: “ha sido un dos por uno o por tres, máster gratis (en Noruega la educación es gratuita), en inglés (curso de inglés gratis) y trabajo durante un año”. Respecto a su trabajo en Noruega, dice: “trabajé también durante casi un año, una experiencia agridulce de aprendizaje en los equipos interculturales y la que también me reafirmó en qué tipo de trabajo y cómo quería que se integrara en mi vida”. Así concibe Mar su trabajo ideal: “creo profundamente en la flexibilidad dentro de un orden, en el papel del jefe como figura motivadora e inspiradora, en la integración de vida laboral y personal”. Mar podía haberse quedado a trabajar en Noruega, con unas buenísimas condiciones laborales. Y sin embargo, optó por una nueva aventura, ahora en el Reino Unido, dejándonos claro que el dinero no lo es todo para ella, que el factor humano también cuenta y que la curiosidad por querer saber más nunca acaba.

Este ha sido su salto más reciente: el que ha dado a la Cranfield University en el Reino Unido. A los pocos días, me escribía lo siguiente: “así que aquí estoy, esperando mi bici desde España para hacer la vida más fácil y a hacerme con la gente; bueno, y asimilando que la experiencia escandinava ha sido intensa y preguntándome cada dos por tres ¿qué hago aquí?”. Respecto al doctorado, dice esto: “parece muy interesante e intenso, esperemos que yo pueda estar a la altura de lo que se espera que haga, se trata de ingeniería ecológica para tratamiento de agua… Se vislumbra una experiencia intensa de aprendizaje en la investigación y en la supervivencia”. La investigación se enmarca en el Cranfield Water Science Institute (Instituto del Agua) y gira en torno a “sistemas de tratamiento de aguas residuales mediante aplicación en el terreno. Queremos ver si es posible predecir de manera precisa la longevidad de este tipo de tratamiento con respecto a la eliminación del fósforo, es decir, cuánto tiempo son efectivos, e investigar el potencial de este sostenible método de tratamiento de aguas residuales (bajo coste, baja huella de carbono, bajo uso de energía, método natural)”. En Inglaterra, “mi trabajo será estudiar durante tres años, escogí este trabajo porque no quería trabajar haciendo papeles que no tuvieran ninguna repercusión en la sociedad. Aunque tengo la sensación de que en tanto estudiar y tanto formarme falta acción directa, a ver si soy capaz de llevar a acciones concretas mi investigación, ese es uno de los retos de esta nueva etapa”. Mar es una mujer de acción y por tanto no concibe un trabajo meramente especulativo y que no revierta en la sociedad. Emerge aquí su responsabilidad y compromiso con la sociedad.

10656372_10203729878300210_1934864980_nA Mar le interesa todo, o más bien “tengo tantos intereses y ninguno en concreto. No tengo ningún hobby concreto y eso me ha agobiado durante algún tiempo”. Esto mismo es lo que hace que pueda disfrutar de tantas y tantas cosas. Ella misma dice ser una bon vivant: “disfruto de una buena comida, un viaje increíble, música en directo, exposiciones, cine, filmoteca, libros, disfruto de mirar la agenda cultural y trazar los imprescindibles del mes. Me gustan las cosas bonitas y disfrutarlas con mis amigos y mi familia”. Este es otro de los rasgos que admiro en Mar: su capacidad para exprimir la vida al máximo, para saborearla, para disfrutarla y compartirla. Estamos ante una persona atenta a lo macro (la sostenibilidad de la vida en el planeta) y a lo micro (ese espacio en el que se forja el devenir particular de las personas).

En su forma de ver el mundo pesa mucho su biografía: “con la edad y mis experiencias me he hecho muy tajante o extremista en muchas cosas”. Es la suya una forma de vivir en el mundo de corte comunitario y en diálogo con el medio ambiente: “el haber vivido durante un tiempo alejada de las posibilidades consumistas (por presupuesto y posibilidades, en Noruega no hay casi nada y todo es muy caro) me ha hecho cambiar mi manera de vivir en muchos sentidos, a racionalizar el gasto, a exprimir los recursos, a creer en la economía comunitaria (yo tengo algo que te sirve y tú algo que me sirve, lo compartimos cuando lo necesitamos y así no lo tenemos doble), a intentar siempre que sea posible el DIY (do it yourself), a no tenerle miedo a las cosas de segunda mano, a intentar consumir productos locales”. Mar sabe de la dificultad que todo esto supone pero no por ello hay que renunciar: “poner todo esto en práctica en un entorno hostil como es la sociedad del 2015 es complicado y no siempre es posible, pero tenerlo presente, me ayuda a sobrevivir de manera cuerda”. Tomo nota: “sobrevivir de manera cuerda”.

Su visión del mundo podría parecer meramente economicista; sin embargo, y aunque ella no lo diga, aporta una perspectiva que trasciende todo tipo de economicismo: “mi visión del mundo después de esto parece que se basa en la economía; pues sí, la economía mueve el mundo y creo que si no cambiamos nuestra manera de consumir las consecuencias serán todavía más nefastas a nivel ecológico y afectaran, aún más, a nuestras relaciones humanas, absolutamente deterioradas y desvitalizadas por los ritmos impuestos”. En estas palabras encontramos, como siempre en Mar, una huella humanista y ecologista que, de alguna manera, nos interpela a todos.

De esta forma de ver las cosas nace también ese futuro que ella imagina así: “imagino el mundo con lugares amables donde vivir (en la ciudad y en lo rural), lugares donde poder trabajar y vivir de manera feliz, donde se cubran las necesidades de la gente que vive en ellas, sostenibles y respetuosas con el medio ambiente”. Aunque según Mar llegaremos a ello “no por convencimiento, sino por necesidad, porque los recursos se acabarán y será la única manera posible. Una pena”. Escuchando hablar así a Mar desarrollo un doble sentimiento: el de tristeza, al constatar los perversos mecanismos que mueven el engranaje del mundo; pero también el de esperanza, al saber que existen personas como ella.

image3Quería acabar diciendo lo importante que ha sido para mí volver a encontrarme en mi camino con Mar. A veces necesitamos tener cerca a personas que nos hagan conscientes de ciertas cosas. Y aunque ese no sea su propósito, conmigo, y a través de sus palabras, ella me reconcilia con lo humano, en su más amplio sentido. No sé qué pude darle yo en su momento, como mucho ponerla en la pista de algo que encontrar en Un mundo feliz, Ken Loach, Woody Allen o Benedetti. O ni eso: ella lo hubiera descubierto igualmente. Da igual. Aquí estamos. Con todo por hacer. En marcha. Mi más sincera gratitud.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s