Chus Carrascosa

Premio literarioChus es una de esas personas que te reconcilia con el género humano. Si eres de natural escéptico con los de tu especie, allí está ella para recordarte que la bondad existe. No esa bondad contemplativa y estática que asociamos a cierto tipo de personas sino aquélla que cambia por completo todo lo que toca convirtiéndolo en único y valioso, aquélla que hace que te reconozcas en los ojos del otro –de cualquier otro- y aquélla que te mueve a transformar la vida en un espacio más digno de ser habitado. Cualquiera que no la conozca podría pensar que exagero, que éste es el tono que impregna este blog y que ya será menos. Pues no. Cualquiera que conozca a Chus podría dar fe de ello. Ella en su modestia también respondería que cómo me he pasado. Pero yo la veo así, o mejor: yo me siento así cuando pienso en ella.
Chus llegó a mis clases en uno de esos momentos de encrucijada: después de 40 años de haber dejado la escuela y después de 35 trabajando ininterrumpidamente en la misma empresa de porcelanas. Ella lo cuenta así: “después de casi 40 años volví a la escuela (a la Escuela de Adultos Vicent Ventura de Valencia) y volví con muchísimo miedo. No me sentía capaz de nada pero allí estabais vosotros: tú, Juanma y todos los demás. Me disteis confianza en mí misma, subisteis mi autoestima; en fin, empecé a creer en mí gracias a vosotros”. Chus ganó en confianza y nosotros en humanidad –intangible que ella nos aportó y que, de alguna manera, debería ser el principal objetivo de la escuela.

Han pasado los años pero el afecto continúa: “habéis dejado en mí un recuerdo imborrable como personas y maestros. Mi paso por la Escuela me ha cambiado la vida. Soy más culta, mejor persona y tengo más recursos para enfrentarme al mundo laboral. Con 50 años me saqué el graduado en ESO”. Ante estas palabras, sólo puedo decir que el recuerdo es mutuo y que, en verdad, fue ella quien nos ayudó al resto a ser mejores. Decía que han pasado los años y Chus sigue unida a la Vicent Ventura. No creo que haya mejor indicador de que una institución lo está haciendo bien que el hecho de que las personas sigan vinculadas a ella. También me sale aquí hacer una proclama de la Educación de Personas Adultas, de su enorme potencial para transformar las vidas particulares y colectivas y de su innegociable valor como bien público en un momento en el que más que nunca está en peligro. Chus, y muchas más personas como ella, son el testimonio de todo ello.

Club de lecturaLa Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura sirvió de nexo entre aquel colegio que Chus abandonó a los 14 años y el centro en el que cursó un ciclo formativo de grado medio de Auxiliar de Enfermería. Entiendo que los espacios formativos deberían ser eso: nexos o nudos entre momentos para el aprendizaje, entre la escuela y la vida, entre la escuela y el trabajo, entre lo particular y lo colectivo… De su primera escuela, recuerda lo siguiente: “fui al colegio hasta los 14 años y la verdad es que durante esos años aunque me gustaba ir, aprender, aprender, aprendí poco y no tengo buen recuerdo de mis maestras. Era una escuela unitaria solo de niñas, era bastante deficiente en cuanto a enseñanza, pero sí que dejó en mí unos valores, principios y una buena educación. De todo esto me di cuenta con el paso del tiempo”. Después de la Vicent Ventura, Chus pasó al Colegio Nuestra Señora del Carmen en el que cursó el grado medio de Auxiliar de Enfermería: “se trataba de una escuela diferente pero los profesores también me han dejado huella, me enamoré de la profesión. Con 53 años descubrí mi vocación”. En estos testimonios podemos rastrear quién es hoy Chus: aquella niña que forjó sus valores y principios en aquella escuela unitaria; y la persona adulta que descubrió su vocación en la atención profesional a los demás en el ámbito sanitario.

Y entre escuela y escuela, la escuela de la vida: la vida laboral y la vida familiar. Respecto a los 35 años de trabajo en una firma de porcelanas, Chus dice esto: “de mi largo paso por la fábrica, me quedan mis mejores amigas y muy buenos momentos personales. De mi paso como empleada, sólo me queda un amargo sabor de boca. He aportado mis mejores años, y muuuchas horas sin pagar”. No sé si será de esta agridulce experiencia laboral de donde procede esa mirada clara con la que observa la realidad social, el mercado de trabajo, el papel reservado a las mujeres, la expulsión de los excluidos… La ternura llevada a lo social, que para algunos es la forma que adopta la solidaridad.
De su vocación descubierta con los años, le viene su trabajo como auxiliar de enfermería: “aunque trabajo muy poco (de todas maneras yo pensaba que no iba a trabajar jamás de ello) es muy gratificante. Es duro pero me aporta paz, ternura, amor, tristeza, alegría, rabia a veces.., una mezcla de sentimientos increíbles. Es un trabajo que engancha. Me encanta, soy feliz. Lo haría incluso gratis”. Admiro el equilibrio con el que Chus encara este trabajo. Toda su humanidad concentrada en lo que hace, en la persona a la que atiende. Ya quisiera para mí y para los míos ser cuidado por alguien como ella llegado el caso. Envidio esa fortaleza y admiro la felicidad que le reporta. Cuando dice que incluso lo haría gratis, hay quien podría pensar que exagera. Por lo que conozco a Chus, sé que sería capaz de ello. Ahora bien, que no se corra la voz: personas como Chus son imprescindibles y deberían contar con estabilidad laboral y con una remuneración a la altura de una tarea tan vital.

Con Raquel RicartDe la vida familiar son un magnífico testimonio los relatos escritos por la propia Chus. Por cierto, uno de ellos mereció uno de los premios literarios convocados en la Vicent Ventura. En uno de esos textos, y como siempre, Chus despliega toda la ternura que le caracteriza al recordar aquellas mañanas de domingo en la que se colaba en la cama de sus padres esperando que su padre le contara cuentos: “cuando era pequeña mi mayor ilusión era que llegase el domingo por la mañana, esperaba despierta en la cama atenta a cualquier ruido o susurro que proviniera de la habitación de mis padres y cuando esto sucedía salía corriendo de mi cama descalza y me colaba dentro de la de ellos, me metía en medio de los dos y le ponía mis pies, menudos y fríos, a mi padre entre sus piernas, que siempre decía: ´¡qué pies tan helados! Siempre vas descalza´. Entonces empezaba todo. Mi padre me contaba cuentos inventados por él. Pero yo era insaciable, cuando acababa uno lo presionaba para que comenzara el siguiente. Cuando se le acababa la inspiración e intentaba contarme alguno de los tradicionales leídos, yo no quería; era muy dura, solo me gustaba que me contase los que salían de su imaginación. Eran cuentos de todo tipo: unos eran de risa, otros de aventuras, alguno de miedo -estos eran los que menos me gustaban-. Pero todos llevaban implícita una lección moral, que estaba pensada por él para hacerme una buena persona, todos tenían moraleja”. De aquellas mañanas de domingo viajamos al presente: “eran unas mañanas de domingo fantásticas que recuerdo con muchísimo cariño y nostalgia, con la maravillosa sensación de haberme sentido muy querida, protegida y arropada por mi padre. Sensación que todavía siento cuando lo tengo a mi lado a pesar de que es una persona muy mayor y de que ahora yo también cuido de él e intento protegerlo”. En estas palabras, y como quien no les da importancia, Chus nos regala una auténtica lección de vida que me hace caer en la cuenta de todo lo que todavía me falta por aprender. Si antes era su padre quien le contaba cuentos, años después fue ella quien se los contaba a sus hijas: “yo también les he contado cuentos a mis hijas, pero todos han sido leídos, nunca he tenido la imaginación de mi padre para crear e imaginar esas historias tan fantásticas que me hicieron las mañanas de los domingos tan especiales y que sí que consiguieron en parte el objetivo de mi padre: educarme y formarme como persona”. He traído aquí sólo estas dos muestras para que el lector se haga una idea de quién es Chus. Una idea, eso sí, aproximada, porque ella es eso y mucho más. Por cierto, recomiendo la lectura completa de los deliciosos relatos y poemas que se incluyen al final de esta entrada: Recuerdos, Siesta, Como cada mañana, Metamorfosis y poemas.

índiceChus, ya lo habrá podido apreciar el lector, transmite optimismo y confianza en el futuro –ésa de la que ahora estamos tan faltos-. Su equilibrio, creo yo, proviene de un doble movimiento: hacia adentro y hacia afuera. El primero se traduce en un saber apreciar lo que se tiene, valorarlo y disfrutar con todo ello, por mínimo que sea: “estoy en una fase de mi vida en que me llenan cosas muy tontas: charlar con los amigos, hacer pasteles, pasear por la ciudad, leer, me encanta reírme de cualquier cosa, no sé, cosas muy simples”. El movimiento hacia afuera ella lo verbaliza así: “mis intereses en este momento están centrados, sobre todo, en ver cómo puedo ayudar a los demás”. En boca de Chus, sus palabras se iluminan, nos iluminan y nos llevan a un territorio que aún está por descubrir: “con respecto al mundo soy muy optimista y tengo esperanzas, creo en el ser humano, quiero pensar que todo va a ir a mejor”. Necesito esa perspectiva de las cosas, por eso siento una profunda admiración ante Chus. Gracias por haber traído tu sonrisa a mis clases y gracias por lo que, a pesar del paso de los años, sigues aportándome.

Recuerdos (versión definitiva)

Siesta (versión definitiva)

Como cada mañana

Metamorfosis

Poemas

Anuncios

One comment

  1. Amparo Morales · marzo 6, 2015

    Mejor descripción no se puede hacer.Y es así cómo tod@s la recordamos en la clase y que a día de hoy continuamos la amistad. Gran observador y mucho mejor plasmándolo en este relato tan entrañable. Bsss Amparo M

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s