Gari Enchev Enev

GariNo sé si Gari recordará el día en que nos conocimos. Yo, pese a la erosión del tiempo, creo que sí. Las cosas fueron así, o al menos yo así las recuerdo: sería allá por el año 2008 cuando él y su hermana entraron en el despacho de la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia (para quien lo conozca, ese camarote de los hermanos Marx donde confluyen todas las historias, las particulares y las colectivas). El objetivo: informarse de cómo retomar los estudios en España, después de haber abandonado Bulgaria hacía tan sólo unos meses. Por entonces su dominio del castellano era ya muy bueno (ahora podríamos calificarlo de perfecto). Aquella primera entrevista me bastó para descubrir todo el bagaje formativo que atesoraba. También, las ganas por formarse y hacerse un lugar entre nosotros. La casualidad quiso que justo aquel curso la Escuela Vicent Ventura pusiera en marcha un grupo (al que llamó Preparatorio) que diera algún tipo de respuesta educativa a un amplio colectivo de jóvenes, la mayoría de origen extranjero, que no encontraban acomodo en el sistema ordinario. Nos referimos a chicos y chicas a partir de 16 años recién llegados de sus países y a los que no les resultaba fácil matricularse en un instituto, chicos y chicas de origen extranjero que sí que habían entrado dentro del sistema educativo pero que por razones diversas habían sido expulsados del mismo (en ocasiones a pesar de poseer las competencias necesarias para cursar la Secundaria, a la espera de solucionar sus dificultades con los idiomas oficiales). A este cajón de sastre entró Gari. Esta vez hubo suerte: Gari llegó al lugar correcto en el momento oportuno. Sin embargo, no deberíamos dejar al azar algo tan importante como el destino (al menos el formativo) de las personas. Seguramente Gari hubiera hecho el mismo recorrido de haber elegido otro centro (su valía habría sorteado cualquier dificultad). Ahora bien, de lo que sí que estoy seguro es de que ese camino en la Vicent Ventura le resultó más fácil. A él y a compañeros tan entrañables –todavía para mí– como Walid, Maya, Serafín, Cristian, Sandra, Regis…

Cuando aquel día Gari y su hermana salieron por la puerta del despacho yo no podía ni imaginar cómo iban a sucederse los hechos. Y no porque desconfiara de él sino porque en las Escuelas de Personas Adultas estamos más que habituados a las deserciones. Son muchos los que abandonan por diversas razones: laborales, la mayoría de las veces; familiares; por la dificultad que la actividad académica entraña; porque simplemente no encuentran en los estudios lo que buscaban; o por otras causas. Gari fue de los que permaneció, por suerte para nosotros. De otra manera nos hubiéramos perdido su enorme humanidad (en consonancia con su físico). Él, por su parte, en un solo curso consiguió dar un paso de siete leguas: obtuvo el Graduado en Educación Secundaria y superó la prueba de acceso a Ciclos Formativos de Grado Superior.

Imagen1Gari nos dio mucho aquel curso. Ya desde el principio ejerció un liderazgo positivo entre sus compañeros. Fuera por su edad, fuera por su talante, el caso es que su sola presencia ayudó a cohesionar el grupo, a dotarlo de dirección y sentido. Él siempre estaba presto a ayudar, a distender, a animar… Todos sus profesores estaríamos de acuerdo en que fue un pilar decisivo para aquel grupo y para la Escuela: ayudaba a sus compañeros, colaboraba en todo aquello que se le pedía, participaba activamente en el Club de Lectura, asistía a muchas de las actividades extraescolares, fue el portavoz del alumnado en el acto final de ese curso, etc. Y siempre desde la humanidad, que en su caso adopta la forma de la generosidad y la simpatía. Al recordar su paso por la Escuela Vicent Ventura, él lo resume así: “una de las mejores experiencias aquí en España”. En la Vicent Ventura viví “muchísimos buenos momentos: el Club de Lectura (una riqueza para la mente que debería estar presente en todos los colegios), o las excursiones en bici, o la hora de los recreos charlando entre todos. En fin, un montón de recuerdos que tienen un lugar especial en mi corazón. Gracias a todos”.

Después de su paso por la Escuela su influjo continuó. Se mantuvo vinculado un tiempo más a ella (el que le permitían sus trabajos de entonces). Estuvo en la Escuela en compañía de su mujer poco antes de nacer su primer hijo. Y unos años después me los encontré, a él, a su mujer y a su segunda hija recién nacida, a las puertas del Hospital General. Hoy cultivamos un contacto ocasional por Facebook pero sé que Gari está ahí, dispuesto como siempre a derrochar toda su humanidad, toda su positividad (para mí las dos características que mejor lo definen).

GetAttachment.aspxSus experiencias escolares, él las califica de agridulces y lo explica así: “mi paso por los diferentes sitios ha sido muy positivo, con muchas anécdotas y experiencias para la vida cotidiana. Por otra parte, el sabor amargo es debido a que no pude completar mis estudios (única y exclusivamente por mi culpa) pero creo que nunca es tarde para terminar esta fase tan esencial en el desarrollo del ser humano”.

Respecto al mundo del trabajo, dice lo siguiente: “he pasado por varios trabajos en mi vida, pero lo que más me ha marcado ha sido el trabajo en el campo. No por desarrollar una fuerza física sino por detalles como el sacrificio o el cansancio. Este trabajo también me ha ayudado a forjar un espíritu más fuerte y a ser más optimista. En el campo comprendí que la naturaleza es muy sabia aunque por desgracia cada día nos alejamos más y más de ella. Los demás trabajos han sido cara al público, algo a veces muy difícil de llevar, pero con buenas experiencias en general. Estoy en una gasolinera ya cinco años, un trabajo bastante difícil no en lo físico sino en la relación con los clientes. La ventaja es que es una gasolinera pequeña y al final te conoces a la mayoría de la gente, y eso genera confianza”.

Si una cosa tiene clara Gari es que “ser padre ha sido lo mejor y lo que más me ha marcado, y aparte cambiado mi vida”. Son sus hijos lo que más llena su vida: “cuando vuelvo por la noche a casa y los veo, todo lo malo se termina, me llenan de amor y ganas de seguir luchando en el día a día”. Además de los hijos, “me gusta bastante la mountain bike, que practico bastante, y la natación, aunque por ahora la he dejado aparte. Éstas son dos de las cosas que me ayudan a quitar el estrés”.

otraEl futuro lo imagina así: “me gustaría terminar la FP de grado superior y buscar otros trabajos”. No sabemos si aquí o de vuelta a su país: “en un futuro me gustaría volver a Bulgaria pero nunca se sabe lo que nos prepara la vida”. Esto en lo personal, en lo colectivo reflexiona de esta manera: “nos estamos autodestruyendo, algo propio del ser humano por desgracia, pero siempre se puede hacer algo. Yo creo que con amor, respeto y mutuo esfuerzo se puede cambiar el rumbo desastroso del mundo”. Amor, respeto y esfuerzo, quizás éstas sean las palabras que mejor resuman cómo es Gari.

Y ya para acabar, él nos da las gracias así: “mi llegada a España fue difícil, tener que dejarlo todo y establecerme aquí. Aprender el idioma era una de las cosas que me daba bastante miedo, pero gracias a la gente con la que coincidí en mis andaduras todo fue muy fácil y más llevadero. En gran parte os lo debo a vosotros, los profesores de la Escuela Vicent Ventura”. Yo quisiera corresponder hoy a Gari con estas otras palabras. Es lo menos que he podido hacer. Gracias a él y a personas como él, la vida nos resulta también más fácil y llevadera. Un fuerte abrazo.

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