Amparo Hinojo

AMPARO Y YO

Con bola del mundoMi primer recuerdo de Amparo se remonta al primer encuentro del Club de Lectura que pusimos en marcha en la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia allá por 2008. Recuerdo que habíamos leído Seda de Alessandro Baricco. Para tratarse de un primer encuentro, y teniendo en cuenta que el grupo estaba haciéndose, la cosa fue francamente bien. Habló quien quiso y calló quien quiso. Amparo se encontraba entre estas últimas personas: se mantuvo en silencio durante toda la sesión hasta que al final se atrevió a intervenir. Empezó diciendo que prefería leer lo que le había parecido el libro para así no olvidar nada de lo que quería decir. Sacó una hoja y empezó a leer lo que era un comentario muy preciso del libro. En esa lectura pude percibir la tremenda sensibilidad que Amparo atesora. Sensibilidad y buen juicio. Desde entonces y hasta ahora he tenido a Amparo por una persona muy especial. De manera intermitente he tenido la suerte de poder estar cerca de ella y percibir el enorme caudal de humanidad que encierra, y que por momentos desborda.

Esa corriente de simpatía también ha funcionado a la inversa. Amparo lo expresa así: “¿No te pasa esto con algunas personas? Cuando ves a alguien por primera vez y las vibraciones te dicen: ¡Qué estirad@! ¡Qué mal me cae! ¡Mal rollito! O cuando es todo lo contrario: ¡Qué persona más agradable! ¡Me encanta! Desde que empezamos con lo del Club de Lectura, sentí que eres un profesor de vocación y una persona muy humana.” Gracias por los cumplidos.

Con JuanmaEl Club de Lectura fue nuestro primer nexo de unión. Pasados dos años del inicio del mismo, Amparo decía: “¡Cuando pienso que hace sólo dos cursos que esto se puso en marcha, con un grupo muy reducido de lectores y con esa pequeñita biblioteca! Me siento orgullosa de ser uno de esos pequeños granitos de arena que ha contribuido a que esto ahora sea un gran Club de Lectura. Estáis haciendo un gran trabajo, con la literatura y por las personas”. Reconozco que me halaga que digas por las personas. Años después, cuando Amparo estaba cursando un Grado Medio de Auxiliar de Enfermería y su vínculo con la Escuela se había vuelto un tanto intermitente, nos contaba lo siguiente: “En una clase teníamos que presentarnos y hablar un poco de nosotros. Cuando me tocó a mí, comenté que me gustaba mucho leer y que pertenecía a un Club de Lectura. Los dejé a todos estupefactos. Me hicieron mil y una preguntas sobre el Club y cómo funcionaba. Todos coincidían en que eso sólo lo habían visto en las películas. Yo me sentí la mujer más orgullosa del mundo, por pertenecer al Club de Lectura que tú fundaste”. Orgullosa tú y orgulloso yo por haber tenido la suerte de contar contigo en una aventura así. En cualquier caso, aquello fue una labor colectiva y fundadores lo fuimos todos.

VISLUMBRAMOS

Cuando le pedí permiso a Amparo para escribir sobre ella se mostró dispuesta en seguida, “aunque no creo que mi historia pueda ser muy interesante” –me dijo. En esto se equivocaba: su historia es tan valiosa que constituye una auténtica lección de vida, para mí y para todos los que ahora podéis leerla. Amparo es una seguidora bastante fiel de este blog. De hecho, la mejor definición de lo que podría ser este espacio me la dio ella: “No sé cómo definirlo. No son biografías. No son relatos. Ya sé, podría definirlo como fotografías escritas. ¿Qué te parece?” Pues me parece genial, aunque quizás la etiqueta me quede un poco grande.

Con Raquel RicartSus comentarios, que me hace llegar por correo electrónico, destilan esa agudeza que ella tiene para enfrentarse a los textos y a las personas. Sobre la entrada referida a Chus Carrascosa: “Estoy completamente de acuerdo contigo en todo lo que cuentas, pero sobre todo en su forma de ver el lado más positivo de las cosas. ¡Qué grande es Chus!” Respecto a Carme Laborda: “Yo conocí a Carmen el primer año que llegué a la Escuela. Yo llegaba muy tocada anímicamente por los trances que terminaba de pasar. Conectamos desde el principio y me ayudó mucho charlando conmigo.” A Mar Batista la califica de “viajera insaciable”, a Álex P. de “conquense de origen y que ha conseguido ser el que quería ser”, a Pilar Hernández de “la lucidez y la humanidad a partes iguales” y a Lucía Rueda de “la pintora a la que le duele pintar”. En cuanto a Gari Enchev Enev, Amparo nos ofrece esta deliciosa historia: “Yo lo conocí ese curso. Fue el año 2008, en el que yo también empecé en la Escuela. Hablé poco con él, pero sentía una admiración especial. Lo recuerdo en el Club de Lectura participando, pese a la dificultad del idioma, más que muchos que no la tenían. Siempre ayudando cuando se montaban cosas, como el Día de la Paz y otros eventos. Y tú pensarás, ¿cómo es que se acuerda de él? Fácil: yo estaba bajita de moral y cuando lo veía a él con esos ánimos, dando todo lo que tenía y más, pensaba: este chico, que ha dejado su país, su familia, que está en un sitio nuevo, con un idioma diferente, y ayudando. ¿Yo de qué me quejo? Y eso me ayudó a salir adelante y a dejar de mirarme el ombligo. ¿Qué te parece? Sin saberlo, Gari fue mi talismán.” De estas historias subterráneas y cruzadas están llenas nuestras escuelas, aunque no siempre tendremos la suerte de que emerjan (como, por azar, ha ocurrido con ésta de Gari y Amparo). Esta historia me hace caer en la cuenta de que me gusta ver la escuela como una red de relaciones, no siempre explícitas pero que forman parte igualmente del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Amparo, como buena lectora que es, también ha leído alguno de los libros propuestos en este blog. En concreto, nos referimos a “El balcón en invierno” de Luis Landero. De esta obra dice lo siguiente: “Me gusta la forma original en que está escrito y me resultan muy cercanas muchas de las escenas que cuenta. Son como una mezcla de cosas que mi padre me contaba, de sus andaduras como emigrante (de Caniles, un pueblo de Granada, a Valencia) y, al mismo tiempo, hay cosas que yo he vivido: mi pequeña migración de Benimàmet a Valencia (Avenida del Puerto) capital.” También este libro “me ha hecho recordar los tres años que estudié en una academia nocturna para sacarme el título de Profesora de Corte y Confección.”

LA ESCUELA

De excursión con la Vicent Ventura 2Muchas veces podemos rastrear la biografía de una persona a partir de su paso por las distintas instituciones educativas a las que asistió. La escuela es pues un correlato de la vida ya que al aula llegamos con todo lo que somos, lo que nos ocupa y nos preocupa. Por mucho que nos ocultemos, en la escuela acostumbra a emerger todo. Y al revés, la escuela deja también sus huellas en la otra vida, esa que sucede fuera de los recintos escolares. Digo esto porque leyendo y escuchando a Amparo tengo la impresión de que vida y escuela forman un tándem indisoluble: explicando una, entendemos otra y viceversa. Ahora después de los años, y gracias a este ejercicio en que se ha convertido este blog, creo entender más a Amparo. Ésta nos regala, a modo de testimonio, su vida y de paso, unas cuantas lecciones.

Éste es el recorrido que Amparo hace de su paso por las distintas instituciones escolares. Estamos también ante un recorrido sentimental por aquellos años. Empieza por su primera escuela: “Cuando llegamos a Valencia, entré en una escuela pública (tenía cuatro años). Estaba a dos calles de donde vivíamos. Siempre la llamamos la escuela de la palmera, no sé si ése era su nombre real. De allí recuerdo los botellines de leche que me obligaban a tomar y que me daban arcadas, por más que los disfrazara con el azúcar y el cola cao que mi madre me ponía en unas mesuras de papel. Había una profesora, Doña Conchita, que me cuidaba mucho. No sé si porque me veía un poco endeble (yo era poco y mala comedora y estaba muy delgada) o porque tenía un trato con mi padre (ella le enseñaba a perfeccionar su escritura y matemáticas y mi padre le hacía arreglos en su casa: encolaba los muebles, cambiaba enchufes, etc.). Mientras, yo me entretenía dibujando en una pizarra.”

De excursión con la Vicent VenturaComo muchos recordarán, los castigos físicos y la exaltación del régimen formaban parte de la rutina escolar del franquismo. Aunque Amparo no lo vivió, nos lo recuerda de manera indirecta con estas palabras: “A los seis años entré en el Colegio Academia Menéndez y Pelayo (era de pago). La llevaba un matrimonio, los dos eran maestros. La academia era mixta y había alumn@s desde los seis hasta los catorce años. Ésta estaba a dos calles de mi casa en línea recta. Estudié sin que me pegaran y sin cantar el Cara al Sol (eso es lo que mis primas decían que les hacían en la escuela pública a la que iban y que estaba mucho más lejos de mi casa).”

De su paso por el instituto, Amparo recuerda, como si de una película se tratara, a los marineros americanos: “A los once años entré en el Instituto de La Anunciación, era sólo de chicas. Esto fue un gran cambio para mí (que venía de uno mixto). El instituto estaba (sigue estando) en la Avenida del Puerto. Cuando llegaban los barcos militares americanos y soltaban a los marineros, que entonces iban con uniforme, y pasaban por delante del instituto, las chicas se volvían locas, llamándolos, acercándose a ellos para pedirles cosas. Eso me impactó mucho durante los tres años que estuve allí, bueno, eso y el tener que ir a misa todos los jueves por la tarde, o me suspendían en Religión.” Eran años del nacionalcatolicismo, y no era posible sustraerse a él. El abandono del instituto Amparo lo relata así: “Aquí estudié 1º y 2º de Bachillerato. El 1º lo tuve que repetir ya que ese año falté mucho a clase y no lo saqué. Cuando tenía que pasar a tercero les dije a mis padres que no quería seguir estudiando Bachiller.”

De niña en la escuelaHubo un tiempo, aunque nos parezca hoy mentira, en que el salto del instituto al mundo del trabajo era posible, y con sólo quince años. Trabajo, eso sí, compaginado con los estudios de taquigrafía y mecanografía: “Me apuntaron a una academia para hacer taquigrafía y mecanografía por las tardes y me puse a trabajar (tenía quince años) en una fábrica de confección de ropa para señora que estaba a tres calles de mi casa. Estudié dos años y me examiné en la Escuela Profesional de San Carlos.” Amparo con sus palabras nos está regalando una de esas fotos en sepia que nos permiten desentrañar una vida y una época, todo en uno: “Lo de la confección me gustaba así que me apunté a una academia de corte y confección (dos calles al lado de mi casa). Iba todos los días de 18 a 20 horas ya que trabajaba a jornada intensiva de 7 a 15 horas. En tres años me saqué el título de Profesora de Corte y Confección.” Años de sacrificio y de mucho trabajo, aunque con la promesa de un futuro mejor en el horizonte (ésa que hoy se nos ha desvanecido).

Pasado el tiempo, Amparo encontró el momento propicio para seguir formándose (ese deseo diríamos que ha sido una constante en su vida): “Volví a las aulas a los 32-33 años, después de un periodo en el que en mi casa éramos siete personas (tres dependientes al completo de mí). Cuando volvimos a ser cuatro, tenía mucho tiempo libre y decidí que quería mejorar mis conocimientos y empecé haciendo BUP en la escuela de adultos que entonces estaba en la Calle Sagunto. Aquí conocí a Carmen, era la directora y profesora de varias asignaturas. Era capaz de hacerse entender hasta por l@s más tont@s, con una paciencia, calidez y simplicidad que hacía que todos nos quedáramos con la boca abierta cuando explicaba. Yo que nunca he envidiado nada a nadie, entonces envidié la inteligencia que esta mujer tenía y que me hubiese gustado que fuera mía.” Está claro que Carmen, la profesora, impresionó a Amparo. Y es que nuestra vida escolar está muchas veces jalonada por unos pocos maestros y profesores que nos dejaron una huella positiva y de por vida.

En el Colegio El CarmenY llegamos a la Escuela de Adultos Vicent Ventura, ese espacio que compartimos Amparo y yo intermitentemente durante unos años: “A mis 50-51 años, había perdido a mi padre y el trabajo, mis ánimos estaban tocando fondo y mi amiga Lolita me animó para que fuera a hacer algo a la escuela a la que ella iba. Fue así como llegué a la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura.” Amparo empezó a participar en un programa formativo llamado Xafant la gespa: “Me apunté a Informática, pero entonces las clases de Informática iban como en un pack, y ese año tocaba Prensa. La informática me la dio Vicent y Prensa, Amalia.” Ese mismo año empezó también a andar el Club de Lectura: “Fue en ese curso cuando tú empezaste con lo del Club de Lectura, no dudé en apuntarme. Lo de leer me ha gustado desde que tengo uso de razón (gracias a mis padres).” Estas actividades, aun siendo importantes, no lo son tanto como lo que supusieron para Amparo: “Cuando yo entré en la Vicent Ventura, mi capacidad de pensar, opinar o debatir estaba prácticamente anulada a causa de la jefa que tuve en los últimos nueve años de trabajo. Cuando salí de él, ya podía pensar por mí misma de nuevo y prueba de ello es que volví a escribir: en los comentarios del blog de la Escuela para dar mi punto de vista y en las poesías, que no son muy buenas pero son mías, son mis sentimientos plasmados para los demás.” Leyendo estas palabras de Amparo me reafirmo en el poder transformador de la Educación, y de la Educación de Personas Adultas en particular, ésa que sirve para restablecer la capacidad de “pensar, opinar o debatir”. La gratitud de Amparo ante el centro y el claustro la expresa así: “El claustro de profesores que había en ese momento en la Vicent Ventura creó la magia, pero el milagro fue de Amalia y tuyo.” Yo diría que el milagro estaba en Amparo, sólo había que esperar el momento para que se hiciera posible.

La Vicent Ventura le sirvió a Amparo de trampolín hacia la formación profesional: “El curso siguiente estuve en el Colegio del Carmen, haciendo Auxiliar de Enfermería. Tengo que reconocer que fue muy duro, pero muy enriquecedor. Los profesores eran muy rígidos y al mismo tiempo muy cercanos. Rafa, que además de profesor era mi tutor, utilizaba una frase que yo he hecho mía: con lo que tuvieres, haz lo que pudieres. Él la ponía como ejemplo para Sanidad, pero yo la aplico a todos los campos de la vida. Después llegaron las prácticas (las hice en la Clínica Quirón) y me di cuenta de que ésta era mi vocación.” Aquí también pienso que esa vocación siempre estuvo en ella, lo único es que estaba como adormecida. Sólo hizo falta encontrar las condiciones para que saliera a la luz.

De prácticasY de vuelta a la Vicent Ventura: “Cuando terminé las prácticas, me incorporé de nuevo a la Vicent Ventura, y ahí estabas tú con el Club de Lectura. Ese año hicisteis talleres diferentes, pero yo llegué al tuyo, al de poesía (a mí, mi abuela y mi madre me recitaban poesías para dormirme). ¡Cómo disfruté aprendiendo a escribir poesía!” Amparo sigue vinculada en estos momentos a la Escuela Vicent Ventura, participando y dándose de manera discreta, como es ella. ¿Cómo agradecerle toda su dedicación a hacer de este espacio formativo un lugar para la convivencia? Amparo siempre ha estado ahí: si había que grabar un documental donde se recogieran testimonios de alumnos, si había que hacer las reseñas para el blog del nuevo Enredra’t, si había que participar en el club de lectura virtual para comentar “El camino” de Miguel Delibes, si se necesitaba su opinión para un trabajo de investigación, si… De nuevo, gracias.

EL TRABAJO

En cuanto al mundo del trabajo, éste es el periplo laboral de Amparo: “Con el primero, aprendí a coser: soy costurera. Con el segundo, lo que cosía lo vendía y aprendí a estar cara al público: soy vendedora (dependienta). Con el tercero, aprendí partes de la administración de una empresa, a tratar con los clientes, la logística y muchas otras cosas que hacía en la empresa de reciclaje en la que trabajé durante diez años: soy auxiliar administrativa. En la cuarta, que era una ONG, entré como auxiliar administrativa, pero el trabajo era de ordenadora general. El año que estuve allí, buscaba, clasificaba y juntaba los proyectos que esa ONG había realizado desde 1980 y que estaban mezclados y mal clasificados.”
Como vemos, Amparo ha tocado palos muy diferentes. El trabajo en la ONG supuso su primer contacto con el mundo de la cooperación y el voluntariado (constante ésta que sigue presente en su vida), aunque de esa primera experiencia dice lo siguiente: “Este fue mi primer contacto con la cooperación y lo que vi allí no me gustó nada. Mis compañeras que se habían dedicado siempre a la cooperación me decían: esto no es la verdadera cooperación, no te quedes con esto, la cooperación es otra cosa.”

Delante de la cueva con su familiaAsí resume Amparo su carrera laboral: “Todo lo he aprendido trabajando. Y de lo que estudié (para ser auxiliar de enfermería) no he podido trabajar.” De todo ello, guarda un sabor agridulce: “Tengo muy buenos recuerdos de mis compañer@s y algún@s son amig@s con las que sigo teniendo mucha relación. Mis jefes se portaron muy bien en momentos muy delicados para mí, pero también se aprovecharon de esas situaciones. No les guardo ningún rencor porque yo fui cómplice, sabía lo que hacían y les dejaba hacer porque tenía que cobrar a final de mes o no comíamos.”

LA VIDA

La vida para Amparo, como para casi todo el mundo, ha tenido un poco de todo: “Yo viví rodeada de personas enfermas pero en mi casa se respiraba amor y felicidad, gracias a la fortaleza de mi padre y al humor extraordinario de mi madre. Conocí a mi marido con 18 años y llevamos 37 años casados y 3 de novios, 40 años juntos. Cada día que pasa lo quiero más y es recíproco, él me lo demuestra todos los días. Tengo una hija de 35 años y un hijo de 30, que son extraordinarios como personas y son los pilares para su padre y para mí.”

A los veinteEn cuanto al mundo laboral, Amparo dice esto: “Hay un refrán que dice afortunado en amores, desgraciado en el juego. En nuestro caso el juego ha sido el querer crear trabajo para nosotros y para otros muchos, y eso nos ha salido mal. Pero seguimos siendo una piña (mis hijos y nosotros) y seguimos plantando cara a esas adversidades, que son dinero, dinero y dinero.”

LOS DEMÁS

Amparo es una mujer volcada hacia los demás. Una prueba de ello es su biografía; otra, su vocación dentro del ámbito sanitario; y la más reciente, su compromiso como voluntaria: “Estoy de voluntaria en Cáritas y voy los lunes por la mañana a un proyecto que se llama Reciclaje Selectivo. Éste crea cuatro puestos de aprendizaje y reinserción para cuatro familias de acogida. Ponemos a la venta en internet toda clase de cosas en una página que se llama todocoleccion.net y si luego añades sanlazaro, aparece todo lo que hay en venta. Y los jueves por la tarde estoy en el ABC (Alimentos a Bajo Coste). Repartimos alimentos y productos de limpieza de primera necesidad a familias de nueve parroquias. Suele venir una media de 120-140 familias a la semana. Salgo cansada, pero muy muy satisfecha conmigo misma. Algunas veces incluso consigo que alguna de las personas con las que hablo al darles las cosas o al cogerles el pedido se rían conmigo y se lleven comida y una sonrisa (aunque solo sea para ese rato).” Además de ello, “dos días al mes (como mínimo) voy con otra compañera a visitar a una familia que está en un piso de acogida. Son un matrimonio argelino con tres hijos. Estamos con ellos, escuchamos lo que necesitan, vemos que cumplen con lo que se les pide (que sus hijos asistan al colegio) y estén cómodos. Luego, una vez al mes, nos reunimos con la coordinadora del programa vivienda y el resto de cooperantes y cambiamos impresiones.”

EL MUNDO

En familiaDesde su compromiso social, Amparo ve el mundo así: “Creo que el mundo está como ha estado siempre. Creo que la evolución del mundo es cíclica y se repite continuamente. Creo que el hombre es el animal que aprende más lentamente en comparación al resto de los animales (por muy superior que se sienta). Cualquier animal que tropieza con una piedra en su camino cuando vuelve a pasar por el camino la esquiva. El hombre, no, pasa de nuevo por encima y tropieza y tropieza hasta que consigue hundirla y ya no tropieza más, aunque para ello hayan pasado meses, años o siglos.” Amparo no cree que estemos viviendo el peor momento de la historia: “Yo no creo que el mundo esté más enfermo ahora que ha estado otras veces (dicen que los continentes estaban todos unidos y el mar los separó. Dicen que el desierto del Sáhara no era tal). Pero como es en el que estamos viviendo nos duele más.” Respecto al futuro, ahí va su predicción esperanzada: “Las cosas avanzarán en unos campos y retrocederán en otros. Habrá ricos y pobres. Habrá gente que se morirá de hambre y gente que se morirá de comer más de lo que necesita. Pero el ser humano, ese en el que yo creo, será capaz de seguir adelante y amoldarse a lo que vaya viniendo y después de tropezar varias veces en el mismo sitio incluso mejorará la vida para todos. Estoy plenamente convencida de ello.” Ojalá aciertes, Amparo.

Ya sólo me queda poner fin a este texto. Y claro, dándole las gracias a Amparo por enésima vez: por darse, por darnos, por haber tenido la enorme suerte de conocerla, por habernos regalado su testimonio, por su magisterio, por su valía, por su valentía… Por ser simplemente ella.

Aquí van unos cuantos textos de Amparo. Disfrutad de ellos:

Comentarios El Camino.

Comentarios libros.

La imagen.

Poemas.

Un día especial.

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2 comments

  1. Carmen Laborda · junio 8, 2015

    Amparo es mi amiga entrañable. Es tal como la describes, abierta, dulce, trabajadora… Hay que reconocer el gran trabajo que está haciendo en el blog de Enredrat. Alguna vez ha comentado que tiene que poner mucha atención, las charlas suelen ser en valenciano y luego ella, para hacer esos resúmenes fenomenales cada semana, lo traduce al castellano. Es un gran esfuerzo pero el resultado vele la pena. Gracias Amparo un abrazo.
    A ti Maxi, que te voy a decir. Creo que eres un excelente amigo de todos nosotros, La forma que tienes de describirnos, sacando lo mejor de cada uno, es como si estuvieras aquí.

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  2. chus · junio 8, 2015

    Así es Amparo, un ser humano excepcional.

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