Carlos Matos Lagoa

No hace mucho, Juanma Carreño, compañero con el que coincidí en la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura y al que tanto debo, me comentó que con frecuencia se encontraba a Carlos en las manifestaciones de trabajadores/as y que éste seguía “tan combativo y buena persona como siempre”. Sin que Juanma lo supiera, yo ya había empezaFoto 6do a tramar este texto mucho antes, y justo por esas mismas razones: por el compromiso cívico de Carlos y por su bonhomía. Como decía, llevaba planeando este escrito durante meses. Él, tan solícito como siempre, respondió al instante a los correos que habían de servirme para armar estas líneas. Yo, de natural perezoso, fui posponiendo la tarea hasta este presente en el que tanto han cambiado las cosas: en lo personal (ahora Carlos está a punto de obtener el título de Técnico de Emergencias Sanitarias, y con perspectivas laborarles a la vista) y en lo político (con unas elecciones municipales y autonómicas en mayo, y las generales de diciembre de 2015).

En todo este tiempo de espera, las palabras que popularizó Raimon, “qui perd els seus orígens / perd (la seva) identitat”, han sobrevolado la intención que quería darle a este texto y ahora se conjuran de la manera que sigue. Estos versos vienen a decir que dejamos de ser quienes somos cuando olvidamos nuestros orígenes. ¿Y por qué digo esto? Pues porque hablando con Carlos he podido reflexionar sobre dos aspectos, en mi opinión, ausentes de los debates educativos: el primero tiene que ver con el desclasamiento experimentado por muchos trabajadores de la educación y el segundo, con la deriva burocrática operada en la Educación de Personas Adultas.

El tema del desclasamiento de los docentes no está presente en la mayoría de los foros educativos. Sólo en algunos ámbitos académicos (como la sociología de la educación, los estudios culturales o las metodologías de investigación de corte autobiográfico) se abordan cuestiones relacionadas con el origen y la identidad social de los enseñantes. El constructo “clase social” parece haber desaparecido del mapa educativo, como si hubiera sido expulsado a la periferia del debate y hubiera quedado reducido a una cuestión de arqueología marxista. Y sin embargo, sigue siendo importante dar respuesta a preguntas como: ¿el origen y la posición social de los docentes influyen en su manera de entender el hecho educativo?, ¿inciden de alguna manera en sus prácticas?, ¿fomentan o inhiben unos determinados valores?, ¿implican, más allá de lo estrictamente exigible, un cierto compromiso con los trabajadores/as?…

Respecto al tema de la deriva burocrática, no sé si solo me pasará a mí pensar que la Educación de Personas Adultas ha perdido en parte el espíritu que animó aquellas primeras clases nocturnas de alfabetización y de enseñanzas básicas que surgieron a mediados del siglo XIX. Perdiendo el espíritu se ha perdido en parte la identidad. Su dependencia excesiva de planteamientos oficialistas y burocráticos ha conseguido desactivar en buena medida su potencial transformador. Sé que estoy generalizando y que con ello estoy faltando de alguna manera a la verdad, pero esa formulación es la que, por tanteo, puede ayudar a responder preguntas como: ¿de qFoto 1ué manera las instituciones garantizan el derecho a una educación a lo largo de toda la vida?, ¿por qué hay quien quiere que estos centros se conviertan en complementos, más o menos exóticos, de los centros de Primaria y Secundaria?, ¿quién diseña el currículum y bajo qué premisas?, ¿quién decide sobre su organización y según qué criterios?, ¿cuándo la productividad, como lógica del mercado, colonizó estos centros?, ¿en qué momento las escuelas públicas de personas adultas, especialmente las municipales, empezaron a tener que ser rentables económicamente?, ¿en qué momento comenzaron a cobrar matrículas y tasas?… Está claro que una mayor reglamentación ha ayudado a ordenar y a ampliar la Educación de Personas Adultas; el precio que se ha pagado ha sido, no obstante, muy alto: su domesticación. Aunque en la legislación estatal y autonómica se expresa con formulaciones diferentes el carácter transformador de estas ofertas educativas, se han impuesto con demasiada facilidad los discursos inofensivos y las lógicas del mercado. Vuelvo a recordar que estoy generalizando. Afortunadamente hay proyectos educativos que escapan a todo esto y que han hecho del ejercicio activo de ciudadanía su razón de ser. Uno de ellos, el de la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia. De todo esto he vuelto a tomar conciencia ahora que he recuperado el diálogo con Carlos.

Me tengo por una persona defensora de la escuela pública. Yo, sin ningún lugar a dudas, soy deudor de la misma. Sin embargo, mis planteamientos empalidecen al encontrarme a personas como Carlos, quien dice: “el paso por las diferentes instituciones educativas me ha servido para admirar y respetar más aún la educación pública, y también para tener más ganas de pelear por lo público”. Cuando Carlos habla de pelear no está haciendo uso de una metáfora sin más, lo hace con convencimiento, desde su compromiso cívico, desde las organizaciones de base, desde los barrios, desde la calle. Entendida así la escuela pública, el profesor/a es un trabajador más, al servicio de la ciudadanía, comprometido con ella y lejos de desclasamientos o posiciones burguesas que taponan la empatía con quienes tienen menos oportunidades (en todos los sentidos, y también en lo educativo). De ellos dice: “he visto a profesores disfrutando y muy ilusionados impartiendo sus clases, muy comprometidos con lo que pasa afuera, en la calle, y tratando a todos los alumnos por igual sin que importara su país de procedencia”. Carlos pone palabras a lo que debería ser un imperativo pedagógico para los docentes: su “compromiso con lo que pasa afuera, en la calle”.

La trayectoria escolar de Carlos ha estado marcada por tres instituciones: el Colegio Parroquial Sagrado Corazón del barrio de la Farrapa en Olivenza (Badajoz), la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia y el centro en el que está cursando un Grado Medio de Formación Profesional. En el primero rastreamos los orígenes extremeños de nuestro protagonista (por cierto, para quien no lo sepa, Olivenza dejó de pertenecer a Portugal a principios del siglo XIX) y también el surgimiento de su incipiente conciencia política. Y como muestra de ello, aquí tenemos el siguiente relato que lo ejemplifica:

Yo me crié en el barrio de la Farrapa, en Olivenza (Badajoz). En este barrio existe hoy en día el Colegio Parroquial Sagrado Corazón. Ya el nombre dice mucho: el colegio era y es entre concertado y privado. Se ve que había un acuerdo y los del barrio de la Farrapa íbamos gratis.

Recuerdo que todos los días antes de entrar en clase teníamos que ir a misa por obligación media hora antes. El dueño del colegio era don José, el cura, y estaba gestionado por su familia. Yo era un poco rebelde por aquella época y ya tiraba un poco a rojo. De vez en cuando y más veces que menos no subía la media hora de misa. A veces el cura retrasaba la misa y su hermana bajaba a buscarme, me cogía de la oreja, me entraba a la fuerza en la iglesia y me castigaba de rodillas contra la pared. Ahí empezó mi gran amistad con la familia parroquial.

Recuerdo que un día en la iglesia entró un pájaro. En esto que dando misa te dicen “de pie” y luego te dicen “de rodillas”, pues yo me quedé de pie observando el pájaro y mi amigo don José, el cura, me llamó la atención: “Matos, deje de mirar el pájaro y póngase de rodillas”. Entonces su hermana me cogió de la oreja y me castigó de rodillas contra la pared.

Además, un día a la semana teníamos clase de catecismo y yo me la saltaba. Estuvieron a punto muchas veces de expulsarme del colegio. Creo que gracias a mi madre, que es muy beata la pobre, no lo hicieron. 

Otro día vimos mis amigos y yo entrar cuatro o cinco coches de esos largos (tipo americano, de color oscuro) dentro del colegio. Luego nos enteramos de que se trataba de una visita del padre del rey don Juan Carlos. Se ve que mi amigo el cura y su familia cagaban muy alto. Llegaron a decir por el pueblo que durante la Guerra Civil don José, el cura, se chivaba de los rojos del pueblo.

De la Escuela de Personas AdultFoto 2as Vicent Ventura, guarda el siguiente recuerdo: “para mí fue una gran experiencia. Me aportó mucho. Me abrió otra ventana más por la que poder salir. Me ayudó a formarme a nivel profesional y a ser mejor persona también. La verdad es que no tengo palabras para explicar el gran trabajo que se hace en esta gran escuela”. Aunque yo diría que para gran trabajo el suyo. Todos los profesores que tuvimos la suerte de tener a Carlos en nuestras clases coincidiríamos en reconocer su entrega absoluta al objetivo propuesto (la consecución del Graduado en Secundaria), el trato siempre exquisito que dispensaba a todos/as y su mirada crítica hacia el mundo, no exenta de compromiso.

En la actualidad está cursando un Grado Medio en Emergencias Sanitarias. Así lo explica: “aún estoy en ello porque me quedó una asignatura, con la que no pude, y aquí sigo a ver si acabo la teórica en febrero. Después, los tres meses de prácticas, aunque ya veremos cuándo puedo hacerlas. Lo digo porque seguramente a finales de febrero esté trabajando”.

Junto a la experiencia escolar encontramos la laboral. Éste es el relato que nos hace Carlos de esta última: “con once años ya iba en bicicleta con mi padre a la sierra a hacer picón para el brasero, y luego lo vendíamos. A los 16 años estuve trabajando en el pueblo en una fábrica de carbón vegetal la temporada de verano. Este trabajo me aportó mi primer sueldo y, durante tres meses después del trabajo, mocos negros. Luego estuve dos temporadas en la recogida de naranjas y fresas, en Alginet (Valencia). Creo que es el trabajo donde más he disfrutado o, por decirlo de otra manera, era el más fresco, natural y encima compartido con chicas. Después estuve sobre dos años y medio en Amorebieta (Vizcaya) en una carpintería. Me gustó mucho esta experiencia porque la gente, en general, del País Vasco está muy concienciada. Aprendí mucho de la personalidad vasca, muy buena gente y muy combativos. Volví a Valencia y empecé a trabajar en empresas de obras públicas como maquinista. Ahora me suele llamar una empresa cuando tiene trabajo de maquinista y chófer de camión”.

De este amplio curriculum laboral, una reflexión desde lo personal: “la experiencia de los trabajos siempre estará ahí, aunque tal y como está el trabajo (en mi caso la obra pública) es como si no me sirviera de nada”. Esto me hace pensar que desde la Educación de PeFoto 3rsonas Adultas deberíamos tener un papel más activo en todo lo relacionado con el reconocimiento y acreditación de la experiencia laboral de los trabajadores/as. Y otra reflexión desde lo colectivo: “a lo largo de mi experiencia laboral, conforme han ido pasando los años, me he dado cuenta de que la unión de los trabajadores iba decreciendo gradualmente, por desgracia. Espero que esta estafa de crisis haga recapacitar a los ciudadanos porque sin unión no se ganan estas batallas”. Toda una lección contra el apalancamiento que ha vivido, y vive, una parte de la sociedad (y dentro de ella, una parte del gremio docente).

Siguiendo con lo laboral, la pérdida del trabajo fue para Carlos una de sus experiencias vitales más decisivas: “lo que me ha marcado ha sido mi situación laboral, el quedarme sin trabajo. Nunca pensé en encontrarme en esta situación, tanto yo como muchas/os, pero creo que no he perdido el tiempo, estoy estudiando e intentando reencontrarme aunque sea con un poco de cierta estabilidad laboral”. Ese yo como muchos/as ahonda en esa conciencia social que, como ya hemos explicado aquí, caracteriza a Carlos. La suya no es una visión parcial sino que abre el objetivo hasta alcanzar a toda la clase obrera, especialmente a la más castigada por la crisis. Y otra constante: el afán de superación, el mismo que le ha llevado a las aulas después de mucho y que espera ver recompensado en forma de cierta estabilidad laboral.

Entre sus aficiones, Carlos cita las siguientes: “hacer algo de deporte, pasear y desconectar. También leer, aunque hace tiempo que no leo, se ve que necesito algo de paz o tranquilidad”. También concibe el tiempo libre en función de su compromiso cívico. Participa en el colectivo COLISEA de Torrent, que colabora con la PAH (Plataforma deFoto 4 Afectados por la Hipoteca), recoge alimentos, juguetes, material escolar “para las personas más necesitadas, que hay muchas desgraciadamente, no como dice el gobierno”. Pese a la labor tan importante que realiza este colectivo, “desgraciadamente hace unos seis meses que no tenemos local por razones económicas, pero hay esperanza en el horizonte”. En aquellos momentos previos a las elecciones municipales y autonómicas de 2015, reconocía estar “enfrascado en las elecciones municipales. Estamos en una coalición de partidos con Guanyem Torrent para presentarnos a las elecciones e intentar desalojar al PP y demostrar que se pueden hacer otras políticas más encaminadas hacia los ciudadanos. No ha sido fácil llegar a este pacto con Guanyem, de hecho creo que se ha conseguido en Gandia y, por supuesto, en Barcelona, que es de donde salió el nombre”.

Del mundo reconoce que “no pienso nada bueno”. Su clarividencia le lleva a pensar que “vamos hacia atrás en todo. Antes sabíamos quién estaba detrás moviendo los hilos, pero no se descubrían y había una contrafuerza política que, digamos, equilibraba un poco la balanza. Ahora ya salen al descubierto a decirnos por dónde tenemos que pasar. Y los políticos que nos gobiernan están para servir a estas élites, con lo que la balanza está cada vez más a favor de éstas. Y, por el contrario, los trabajadores y la sociedad volvemos a ser más esclavos”.

Así pues, el futuro lo ve “muy complicado, pero dicen que cuando uno lucha es porque hay esperanza. Yo comparto lo que me dijo un amigo y que leyó en un libro. Decía que en un incendio en un bosque se veía a un pájaro en dirección hacia el incendio con el buche lleno de agua. Por el contrario, la mayoría de pájaros iba huyendo del incendio en dirección contraria. Al pájaro que iba con el buche lleno de agua le decían que no iba a conseguir nada. Ante lo cual respondió: no sé si conseguiré algo pero yo voy a poner mi granito de arena”.

El suyo es pues un pesimismo esperanzado. Por ello propone “una revolución pacífica promovida por los ciudadanos y apoyada por intelectuales que trabajen por una unión de partidos políticos y colectivos ciudadanos, ésos que siempre han estado apoyando a los más débiles de nuestra sociedad. Sin esa unión (porque somos más) no hay nada que hacer”. Esta propuesta no está exenta de dificultades pues “desgraciadamente no es fácil Foto 5unir a la mayoría hacia un objetivo común. Habría que ser muy nobles y renunciar al yo quiero ser el número uno, por poner un ejemplo. Ya sabemos que el ser humano tiende hacia el egoísmo”. Además de al egoísmo humano, Carlos apunta al papel domesticador de los medios de comunicación: “tenemos todo en contra pues los medios de comunicación se afanan en fabricar ciudadanos cada vez más egoístas, ciegos, sin sentido común…”.

En este panorama “muy negro” también cabe “algún brote de esperanza”: “mi futuro personal lo veo mejor. Fíjate, en estos dos años he trabajado uno o cotizado, pero antes he estado cuatro y medio sin encontrar trabajo, pero creo que lo he aprovechado”. Y por último, “creo que se avecinan nuevos tiempos en lo social, lo que no sé es lo que tardaremos en equilibrar la balanza”. ¿Cuántos Carlos harán falta para ganar un futuro mejor, más justo y solidario? Está claro que muchos, por eso personas como Carlos nos resultan imprescindibles. Gracias por tu presencia y por recordarme todo esto.

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2 comments

  1. Pilar Hernández · enero 12, 2016

    Me gustaría que tus sueños se realizasen, que este mundo fuese más justo, pero tengo mis dudas. De todas formas adelante Carlos, se necesitan personas como tú.

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  2. maria jesus carrascosa latorre · enero 13, 2016

    Como siempre alumnos ejemplares grácias a profesores excepcionales

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