Olga Nohales

Olga 6La vida a veces te recompensa sin tú buscarlo. Así me siento yo en relación a Olga. Nada indicaba que nuestros destinos pudieran cruzarse, por mucho que ambos seamos del mismo pueblo y hayamos vivido, siquiera temporalmente, muy cerca el uno del otro. La profesión docente tiene estas cosas: la posibilidad inmensa de conectar con personas tan maravillosas como Olga. No exagero si digo que me conmueve la manera que tiene de construir el presente y de proyectarse hacia el futuro. De todo ello sé por ella en las esporádicas ocasiones en que nos encontramos en Sisante o por su abuela, a quien me une un afecto enorme y que viene de un pasado de vecindad como sólo en los pueblos ocurre. Fui profesor y tutor de Olga en aquel su 1º de Bachillerato en San Clemente. Un azar tan improbable que aún hoy me estremezco al recordarlo. De aquel curso sigo recibiendo obsequios a pesar de los años transcurridos. Uno de los más preciados: este contacto que mantengo con Olga y que me ha traído a escribir estas líneas. Ya sé que es un lugar común en este blog, pero es que lo siento así: ahora soy yo el que aprende. Y de Olga rescato tres lecciones: su mirada tierna hacia las personas excluidas de la sociedad, su afán insaciable por aprender y la manera tan sana y libre que tiene de construir su vida. Aunque ella no lo sepa, ésa es la huella que deja en mí. A la inversa dice: “Recuerdo en 1º de Bachillerato aquellas palabras que un día me dijiste: tú deberías dedicarte al tema de lo social. Pues así fue, algo viste en mí para saber que lo mío sería esto que es mi trabajo diario actualmente”. En este sentido, no sé si los profesores deberíamos mordernos la lengua antes de lanzar al viento consejos de esta índole. El caso es que lo hice y, al parecer, con un buen resultado. Con todo, un poco de prudencia no nos vendría mal cuando de lo que se trata es de otear el futuro profesional de nuestros alumnos.

 

La formación constituye uno de los pilares de la vida de Olga y por eso dice: “todos estos años atrás en el colegio, instituto, bachillerato y universidad marcan mi trayectoria personal y profesional”. De todo ello rescata personas y aprendizajes: “aprendizaje puro y duro. Olga 9Aprendizaje de diferentes profesores con vocación y aprendizaje sobre todo en el proceso de socialización con los otros”. De todos esos lugares por los que ha pasado recuerda especialmente el bachillerato y la universidad. Del bachillerato cursado en San Clemente dice: “era algo desconocido, algo que se temía porque tenías que decidir cuál sería la carrera profesional al terminar 2º. Conocí buenos profesores y compañeros”. En la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca, Olga ha cursado el Grado en Trabajo Social y el Grado en Educación Social: “me siento afortunada de haber podido cursar dos carreras universitarias que me fascinan. Todavía queda mucho por aprender y mis retos educativos no han acabado, quiero seguir aprendiendo y formándome en el tema social pues es algo que siempre tuve claro que debía elegir”. Cuando hablas con Olga sientes su pasión por lo que hace y su pasión por aprender, dos ingredientes imprescindibles de la felicidad. Entonces uno piensa: ¡a ver si se nos contagia algo!

 

Olga 1Pese a su juventud, Olga ya posee un extenso bagaje laboral. Sus primeros pasos en el mundo del trabajo se remontan a la empresa familiar: “además de estudiar, ayudaba (cuando podía) en el trabajo familiar dedicado a la micología. Obtenía ganancias, pues mis padres recompensaban mi esfuerzo. Realmente hasta hace poco no valoraba el esfuerzo, horas y dedicación que mis padres realizan cada día por sacar el negocio familiar hacia adelante pues requiere de un gran sacrificio y de abstenerse de ocio y tiempo libre. Ahora que soy totalmente autónoma y no trabajo de ello, tengo buenos recuerdos de los ratos del trabajo en familia, las risas y charlas interminables”. También en el trabajo, aprendizaje y reconocimiento, por eso dice: “el paso por este negocio me sirvió mucho para aprender de mi abuelo, hombre de gran entereza al que le apasiona trabajar después de llevar una vida entera dedicándose a ello y en el que todavía dedica parte de su tiempo como ocio para ayudar a la familia. Un gran ejemplo de que querer es poder”. Ahora bien, “el trabajo más gratificante es el que realizo actualmente como educadora de un centro de menores”. Desde mi desconocimiento de ese mundo, me puedo imaginar la gran escuela de vida en la que se convierten esos centros. Aquí sólo puedo callar yo y dejar hablar a Olga: “sin duda cada día es una experiencia nueva pues la rutina no existe. Trabajar en un centro de menores te enseña a ver la vida desde distintas perspectivas y sobre todo a aprender de cada uno de los chicos que pasan por el centro de acogida. Este trabajo es el que me ayuda a formarme como profesional y como persona”. Aportar mucho y aprender mucho más, parece ser el lema de Olga: “muchas veces podemos pensar que por obtener títulos académicos somos nosotros los que enseñamos a los adolescentes y, sin embargo, considero que es más bien un intercambio mutuo. Incluso, a veces, se aprende más de los adolescentes que con tan corta edad han tenido experiencias de vida tan duras que pueden mostrarnos más que cualquiera con un título bajo el brazo”. Olga 8No debe de ser una tarea fácil, sin embargo, a Olga no hay nada que se le ponga por delante:“es una profesión vocacional y nada sencilla que se adquiere con la experiencia. En mi paso por el centro, como a cualquier profesional le sucede, el comportamiento se va modificando pues al principio uno está más pendiente de realizar bien el trabajo sin salirse de la estricta norma establecida que de disfrutar de él. Sin embargo, conforme pasa el tiempo, aprendes a disfrutar de los adolescentes, de sus historias y del trabajo sin pensar que es remunerado porque al fin y al cabo ejerzo de lo que me gusta”. ¿Y qué cualidades debe tener una buena educadora? Olga nos lo explica así: “ser flexible pero no demasiado tolerante, estricto cuando toca, empático, fuerte y tener la suficiente templanza.Considero que éstas son algunas de las cualidades importantes para trabajar con chicos que no han llevado una vida del todo sencilla y cómoda como muchos hemos tenido la suerte de vivir. Me gusta mi trabajo, escuchar, aconsejar a los chicos… A veces tomarán esos consejos; otras, no. Con todo, creo que lo importante es mantener esa actitud y no tirar la toalla, saber que no se fracasa como profesional si no ha salido como se preveía y que lo importante es seguir trabajando y luchando porque ellos tengan un futuro mejor”. ¡Qué gran lección!

 

Entre las experiencias vitales más importantes de su vida, Olga cita: la amistad, el amor y un viaje muy especial a Londres. Respecto a la primera, “además del aprendizaje que aporta estudiar aquello que por vocación eliges, conservar tan buenas amistades que complementan mi persona es un aprendizaje mayor a cualquier libro que he estudiado”. Y todo ello en una ciudad: Cuenca, de la que dice: “Cuenca es única. Sin embargo, no pensaba lo mismo hace seis años cuando me trasladé a aquella ciudad que no me motivaba nada para vivir. Hoy, no obstante, es el lugar en el que día a día sigo formándome en todos sentidos, donde comenzaron y contOlga 2inúan mis estudios y empleo y donde me encuentro feliz”. En cuanto al amor, Olga no cree “en eso de la media naranja pues es difícil coincidir con la otra mitad de un mundo tan inmensamente grande y si ya es difícil conocerse a uno mismo, ser afín a otra persona lo es aún más”. Olga relaciona la experiencia del amor con el concepto de resiliencia, es decir, con esa capacidad que tenemos de remontar cualquier situación difícil. Por eso dice: “he aprendido a sacar lo positivo de cada persona sabiendo que todas las experiencias que vives hacen de ti lo que eres hoy y sabiendo elegir lo que uno considera mejor para sí mismo”. En resumidas cuentas, “aún me quedan muchas experiencias por vivir, así es que enfrascarse en temas amorosos lo veo una tarea compleja”. Un último momento memorable en la vida de Olga coincidió con un viaje a Londres: “no sólo fue un viaje de ocio, fue un viaje en el que compartimos (familiares y amigos) carcajadas de las que dejan arrugas, momentos únicos difíciles de explicar. Al regreso me sentí renovada, con un cambio de actitud considerable y una felicidad que hizo volver a sacar lo mejor de mí. Por ello y muchas cosas más, no hablo de un simple viaje”.

 

Por todo lo dicho anteriormente, los lectores y lectoras de estas líneas entenderán por qué al principio del texto hablé de lo mucho que aprendo de Olga. Por si aún no ha quedado esto claro, aquí van las reflexiones sobre el oficio de vivir que nuestra protagonista de hoy nos lanza: “los humanos nos pasamos la vida pensando qué será de nosotros en un futuro próximo o lejano, ansiando momentos que creemos nunca llegan… Seguimos el patrón de la perfección que la sociedad nos ha dibujado (casarnos, formar una familia, tener un trabajo) ¿Ésa es nuestra felicidad? Sin embargo, ¿por qué no pensar en disfrutar cada día como si fuese el último? Claro, es muy difícil ya que nadie piensa que mañana será su último día sobre la faz de la tierra. ¿Y si así fuera? Entonces nuestro objetivo de vida cambiaría y éste sería vivir intensamOlga 7ente cada momento, recuperar el tiempo perdido y hacer esa clase de cosas que ni nos habíamos planteado, nos preocuparíamos más por vivir sanamente con nosotros mismos y con los demás, siendo mejores personas, exprimiendo al máximo cada segundo de nuestro reloj con las personas que aportan su granito de arena para sacar lo mejor de nosotros”. ¡Ojalá fuéramos capaces de hacer nuestras estas palabras! En el arduo camino de la felicidad, Olga no tiene la fórmula mágica pero sí que tiene claro qué es eso que nos ayudad a conseguirla: “de unos años a esta parte voy aprendiendo a dar más valor a cada detalle del día a día, a formarme como persona (lo que considero fundamental), a disfrutar de mi trabajo aprendiendo de cada experiencia de vida y pensando lo afortunados que somos por todo lo que tenemos. Me llena pensar en mi familia, en la unión que existe y en poder dar gracias por el hogar en el que me ha tocado crecer, con una educación, un cariño y unos valores difíciles de superar. Gracias a ellos me voy construyendo como persona”. Olga, creo yo, se ha tomado en serio eso que ella llama “construirse como persona”. Y pienso yo: ¿existirá un desafío mayor en nuestras vidas?, ¿existirá un viaje más apasionante en el que embarcarse? La respuesta a estas preguntas podría ser algo así: “un cortometraje interesante al que de vez en cuando dedico tiempo a verlo se llama Las esperas y dice lo siguiente: la felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando sabemos disfrutar de lo que tenemos, no pensando en el mañana, sino viviendo el hoy. Atesora cada momento de tu vida y recuerda que el tiempo no espera por nadie, trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubiesen herido y baila como si nadie te estuviese viendo”.

 

Esta gran lección de vida se complementa con esta otra sobre la situación del mundo. El diagnóstico no puede ser más certero: “los humanos hemos convertido el mundo en un lugar desastroso. Somos los únicos que tenemos el poder, el poder de hacer de él un lugar maravilloso y diferente si en lugar de odiar, amamos; en lugar de destruir, edificamos; en lugar de juOlga 3zgar, comprendemos; en lugar de quitar, compartimos; en lugar de quejarnos, buscamos soluciones. Pero humanamente vivimos solo bajo el paraguas de nuestros propios intereses, por ello no somos capaces de acabar con las guerras o la pobreza”. Aquella sensibilidad social de la que hablaba casi al principio, Olga la despliega en toda su extensión cuando dice: “veo el mundo como un lugar injusto, en el que dependiendo de la parte del planeta en el que te toque nacer y crecer eres más o menos afortunado. Un lugar en el que todo se materializa y sólo existe la riqueza y la pobreza, el tanto tienes tanto vales. Hemos convertido el mundo en un espacio poco humano, con demasiadas fronteras y distinción de razas, olvidando que todos somos personas”. Este estado de cosas, Olga lo resume citando la canción de Melendi “Cuestión de prioridades” cuando dice:
A mí me preocupan más los niños que mueren de hambre
pero si me apuras me dan más pena sus madres.
Perdonen sus gobernantes esta mía ignorancia,
no entiendo que en pleno año 2000
a mil kilómetros de aquí
se están muriendo de hambre…
Que la vida no se pierda en las pateras,
que los desastres naturales se repartan,
que a perro flaco parece todo son pulgas…
Y que las ropas estén sucias o estén rotas
casi nunca están reñidas con tener buen corazón.

 

Haciendo uso de una herramienta de diagnóstico social como es el DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades), así ve Olga el mundo: “como debilidad, el ser humano por naturaleza tiene miedos. Esos miedos se reflejan en los rostros de la sociedad hoy en día, en una posición defensiva frente al otro. Una amenaza importante es la extinción de muchas especies de animales y plantas por no cuidar nuestro planeta. La humanidad consume muchos más recursos de los que la tierra es capaz de regenerar, con lo que el planeta peligra. Como fortaleza he de decir que tenemos los recursos necesarios para hacer del mundo un lugarOlga 5 mejor, contaminando menos, y es que tenemos a nuestro alcance la oportunidad de hacer el amor y no la guerra. Como oportunidad destacar la que nos da la vida al nacer y poder aportar un granito de arena para colaborar en un mundo sin armas ni guerras y predicando paz y generosidad. Probablemente se erradicarían muchos de los problemas que nos aterran hoy”. Está claro que al género humano mejor le irían las cosas si fuera capaz de realizar un DAFO como éste. Junto a todo ello, las nuevas tecnologías se han convertido, según Olga, en un arma de doble filo: “aunque son adelantos, nos quitan mucho tiempo para realizar cosas verdaderamente importantes o simplemente observar los detalles del día a día”. En este sentido, el panorama no es nada halagüeño: “los jóvenes pasamos la mayor parte del día entre pantallas perdiendo lo que pasa a nuestro alrededor. Somos más infelices que otras muchas personas que viven sin un móvil o un ordenador en países empobrecidos. Veo que en el futuro las máquinas se adueñarán del planeta y el cerebro de los humanos estará todavía menos cultivado, nos limitaremos a realizar lo mínimo, y eso es un retroceso”. El antídoto contra todo ello, Olga nos lo ha mostrado a lo largo de todo este texto: cimientos firmes (que es lo mismo que decir valores) y un proyecto de vida buena (que no es lo mismo que buena vida) conducente a la felicidad. Ella es un buen ejemplo de todo ello.

 
Y ya Olga 4para acabar, siempre acabo por dar las gracias. Ella me las da así: “gracias por aportar a tus alumnos tanta sabiduría y aprendizaje, por ser una persona empática y no dejar de formar buenos alumnos. Ojalá volvamos a coincidir en un aula en la que pueda ser tu alumna de nuevo y seguir aprendiendo de ti”. Agradezco sinceramente estas palabras pero no es falsa modestia si digo que son un tanto excesivas. Los lectores y lectoras después de leer todo esto entenderán por qué lo digo. Yo soy quien quisiera coincidir en un aula (o donde sea) con Olga para poder seguir aprendiendo de ella. No quiero darte otro consejo (como aquél “tú deberías dedicarte a lo social”) pero sigue siendo así, creciendo. Gracias por estar ahí y por permitir acercarme siquiera un momento.

 

 

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One comment

  1. maria jesus carrascosa latorre · marzo 18, 2016

    Me recoincilia con el mundo que haya personas como Olga

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