Nuria Turégano

foto-4A lo largo de mi carrera he tenido muchos alumnos/as que han acabado dedicándose a la docencia. Cuando pienso en ellos/as me asalta una duda: ¿habrán puesto en práctica alguna de mis maneras de hacer, las habrán evitado o, simplemente, no recuerden nada? En esto pienso cuando pienso en Nuria, ahora dedicada a la enseñanza del inglés en Primaria. En eso y en el hecho de que ambos somos del mismo pueblo. Hay en ello una suerte de vínculo más bien invisible, como esos ríos subterráneos que acaban confluyendo. Fui profesor y tutor de Nuria durante un curso en el IES Diego Torrente Pérez de San Clemente. Me bastó ese curso para reconocer en ella a una persona extraordinaria, trabajadora y responsable, de una humanidad desbordante… Buenos mimbres para la maestra que es ahora. No he asistido a ninguna de sus clases, pero creo intuir el tipo de profesional que es: entregada a su oficio, atenta a sus alumnos/as y dispuesta a superarse cada día. Recuerdo a Nuria en las clases, o aquel día que me tocó hablar de literaturas africanas en Sisante y ella me echó una mano, o en las contadas ocasiones en que nos hemos encontrado por el pueblo. Y pienso en la inmensa suerte que sus pequeños alumnos/as tienen con ella.

El currículum escolar de Nuria dice mucho de la persona y la maestra en la que se ha convertido:

Volver la vista atrás y analizar mi vida durante las etapas educativas por las que he pasado me resulta gratificante.  Muchos son los profesores que he tenido y de ellos guardo consejos y lecciones.

Su periplo escolar es idéntico al mío, al menos en sus primeros tramos:

Empecé en la guardería de la mano de las monjas de la Caridad. Recuerdo recorrer los largos pasillos hasta llegar al patio donde solíamos jugar,  la hora de la salida cantando “un elefante se balanceaba…” y las excursiones al mercadillo del pueblo cogidos de una soga para evitar perdernos. Época de inocencia y felicidad. La etapa de educación en Infantil son los primeros años que pasamos junto a compañeros y maestros dentro de unas paredes a las que todo el mundo llama colegio. Son tantas las cosas nuevas que descubrimos y aprendimos que resulta complicado acordarse. Sin embargo, recuerdo con nostalgia el hecho de aprender a escribir, usar el punzón o preparar con esmero manualidades para el día de la madre o del padre.

foto-3En Sisante siguieron la Primaria y la ESO:

Fueron etapas bonitas. Crecí junto a amigos y profesores con los que compartí muchos momentos.

Y el Bachillerato en San Clemente, lugar en el que coincidimos:

Con el Bachiller llegaron los nervios, el estrés y el agobio en época de exámenes. Fueron dos años llenos de trabajo, esfuerzo y constancia. No hubiese sido igual sin el apoyo de Olga, compañera fiel de fatigas durante este período. Noches muy cortas protagonizadas por el cansancio y días muy largos llenos de clases y horas de estudio en casa. El punto y final fue la famosa PAU. El último empujón antes de ir a la universidad. Sin duda alguna, si tuviese que volver y revivir una etapa educativa, sería esta. A pesar de ser una fase dura, no me importaría regresar a ella, pues fue su intensidad lo que nos hizo más fuertes y nos unió para sacarlo adelante. Desde entonces cada vez que coincidimos, lo recordamos con una sonrisa dibujada en la cara.

Por último está la universidad y las prácticas en el Colegio Doctor Fernández Turégano (en el que a buen seguro Mari Carmen Herraiz lo hizo todo más fácil):

Pasó muy rápido y aunque tuve que irme a vivir fuera de casa, no me supuso tanto esfuerzo puesto que ya estaba estudiando lo que siempre había querido, Magisterio. Lo mejor de todo: las prácticas. Gracias al que fue mi colegio cuando fui niña tuve la oportunidad de volver, esta vez ya no como alumna sino como aprendiz de maestra. En ese momento vi las cosas desde el lado que desde pequeña quería verlo: el de maestra.

En este recorrido, Nuria tiene un recuerdo especial para sus padres. En sus palabras, muchos nos vemos reconocidos:

He tenido la suerte de tener unos padres estupendos que me han ayudado en todo lo posible para que realizase mi deseo de ir a la universidad y dedicarme de manera íntegra al estudio; por lo que hasta que no acabé la carrera no empecé a trabajar.

foto-2En cuanto al mundo laboral, las primeras experiencias las relata así:

Desde que volví a casa he dado clases particulares a niños de todas las edades: desde Infantil hasta Bachiller; y de todas las asignaturas. En verano, compaginaba las clases con la escuela de verano. Les he ayudado en todo lo posible y, enseñando,  he aprendido mucho de ellos. Siempre los tendré en mente, pues han sido mis primeros alumnos.

En estas palabras se encierra todo el talante pedagógico de Nuria: enseñando he aprendido mucho de ellos. Dice mucho de ella como persona y como docente. Pero, ¿qué hace en estos momentos?

Actualmente trabajo como maestra en un colegio en Madrid por segundo año consecutivo. Disfruto cada día como si fuese el primero porque me encanta lo que hago y me llena. Aprovecho cada instante y doy lo mejor de mí. Solo espero que pueda seguir dedicándome por mucho tiempo.

Eso le deseo yo: que pueda dedicarse a ello por mucho tiempo. La educación pública no puede perder a profesionales así. El alumnado, menos.

Respecto a las experiencias que más han marcado la vida de Nuria, ella señala dos: el haberse tenido que ir de casa a estudiar y la muerte de familiares queridos. De todo ello, y como buena maestra, recupera alguna enseñanza y por eso dice:

Estas experiencias y otras me han hecho crecer como persona, me han ayudado a quitarme miedos y a romper barreras que ni si quiera sabía que existían en mi.

En estos momentos lo que más llena su vida es su trabajo y su familia:

Mi trabajo me encanta. Es lo que siempre he querido y ahora que lo tengo lo disfruto al máximo. El hecho de llegar y ver en mis alumnos las sonrisas, los abrazos incondicionales y su evolución a lo largo del curso, son para mí mi mejor recompensa. Y mi familia que, aunque esté lejos de ella, es la que siempre está ahí y me apoya en todo.

foto-1En estas palabras reconocemos a la maestra vocacional (yo prefiero decir “de raza”) y a la persona afectiva que encuentra el equilibrio en su familia y en la gente a la que quiere.

Su diagnóstico del mundo no podría ser más acertado:

Creo que el mundo se está desmoronando poco a poco. Que haya niños viviendo guerras en su propia piel, que estén viendo cómo mueren padres o hermanos por diferencias culturales o religiosas, no me parece ético. Que haya lugares en el mundo en el que las personas se estén muriendo de hambre, o no tengan acceso a una educación, vivienda digna o salud; mientras en otros se derroche el dinero, tampoco. Que sean noticia los casos de corrupción y no de los descubrimientos contra el cáncer u otras enfermedades, me parece vergonzoso.

Estamos entrando en un círculo vicioso donde el consumismo, el egoísmo, lo artificial y la apariencia son lo que importa. Atrás estamos dejando la honradez y el respeto. La sociedad actual está colapsada; lo queremos todo y lo tenemos a nuestro alcance.

Sombrío pero real, real pero esperanzado; así imagina el futuro Nuria. Y yo pienso que necesitamos más personas (y entre ellas, más maestros/as) que vean el mundo de este modo, para combatirlo y construir su alternativa. Nos urge una mirada así, que nos salve del naufragio al que estamos abocados. Gracias Nuria por ser así, gracias por esta lección de vida que hoy nos das a todos y gracias por permitir que pueda seguirte en la distancia y admirarte.

 

 

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