Literatura para una ciudadanía intercultural

Quaderns digitalsEn el número 69 de la Revista Quaderns Digitals publiqué este artículo: “Literatura para una ciudadanía intercultural. La experiencia del programa formativo Enredra’t de la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura”. Comparto aquí su contenido con los lectores de este blog.

 

LITERATURA Y VALORES SOCIALES

Los debates pedagógicos acostumbran a girar sobre sí mismos de modo recurrente sin ofrecer muchas veces, en apariencia, un avance concluyente. Uno de esos debates podría formularse así: ¿debe y puede la literatura ser utilizada para la consecución de valores sociales? A muchos la respuesta nos parece obvia, pero a tenor de las susceptibilidades que levanta valdría la pena aclarar algunos aspectos.

Los peros a un sí rotundo al debe vienen de posiciones liberales: algunos ven la sombra del adoctrinamiento, además de plantear la duda sobre qué valores merecería la pena transmitir. Quienes temen el adoctrinamiento, y en los pasados debates sobre la implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía encontramos todo el argumentario, olvidan que en el acto educativo es imposible no transmitir valores. Partiendo de esta constatación, la selección de esos valores no debería plantear ninguna duda a la escuela pública. Se trataría de privilegiar aquellos valores “que exaltan la superioridad de los derechos sobre los privilegios de casta o de bienes, de la equidad sobre la desigualdad, de la justicia sobre el abuso, de la inclusión sobre la exclusión, del razonamiento sobre el fanatismo, de la libertad sobre la tiranía, de la ciudadanía sobre la pertenencia étnica o territorial, de la vida humana sobre cualquier crimen político o religioso…” (Mata, 2009: 44). Este debe ser el núcleo básico compartido; fuera de él nos situamos en la manipulación y el adoctrinamiento.

Los peros a un sí rotundo al puede se alinean con posiciones cercanas al didactismo, al formalismo y a planteamientos tecnocráticos. Los primeros entienden que la literatura puede ser útil para transmitir pautas, eso sí, de tipo moralizante. Los segundos conciben el texto literario únicamente como objeto de estudio estético o estructural. Y los últimos desconfían del escaso rigor pedagógico de planteamientos que pretenden educar en algo tan etéreo como los valores. Quienes comparten esos planteamientos olvidan que no hay nada más alejado de la educación en valores sociomorales que la moralización. Olvidan que los textos literarios no son sólo objetos lingüísticos o estéticos sino también ideológicos. Y que sí que es posible enseñar y aprender actitudes y valores de forma rigurosa.

EnredratAquí defendemos la idea de que la literatura debe y puede ser utilizada para la transmisión de valores sociales, por mucho que la historia del siglo XX, con sus totalitarismos y los desastres a ellos aparejados, viniera a demostrar la impotencia de la palabra para anular la barbarie. Por ello, “reafirmar la confianza en la potestad de las grandes obras literarias y filosóficas para conocer y transformar el mundo, siendo conscientes de lo que está en juego, siendo consecuentes con las lecciones del pasado, debe ser nuestro desafío” (Mata, 2009: 52).

  • El debe: en busca del sentido (literatura para una ciudadanía intercultural)

El texto literario como producto social, cultural y estético es susceptible de ser utilizado, más allá de la intención con la que lo concibiera su autor. El texto también pertenece al lector o al docente que ve en él el vehículo para el sentido y para el proceso de enseñanza-aprendizaje. En esta línea, el texto literario puede acercarnos al otro y “posibilitar el tránsito del extrañamiento al reconocimiento” (Pereira y Modzelewski, 2006: 112).

Por lo que respecta a la Educación Intercultural, “la literatura se’ns presenta com un mitjà ideal per a aquest acostament a l’altre” (Obiols, 2004: 53). El texto literario nos permite acercar a los alumnos a temas tan complejos como los relacionados con las modernas migraciones, la pérdida de valores de las sociedades contemporáneas y también puede ayudar a generar dinámicas de participación y de responsabilidad. Así, “per a una pedagogia de la inclusió o, més ben dit, de la integració, el text literari es perfila, doncs, com un intent de preservar herències històriques, culturals i religioses, d’agilitzar el diàleg entre majories i minories: un punt afavoridor de la trobada entre cultures i sobretot una manera de veure les coses amb els ulls de l’altre” (Bastida, Bordons y Rins, 2004: 73).

Si creemos que la literatura puede ayudarnos en nuestro intento por acercarnos al otro, deberíamos preguntarnos previamente qué imagen del otro reflejan los textos literarios puesto que “los tópicos históricos de nuestra percepción del otro no hacen sino repetirse mediante estructuras simbólicas nuevas” (Querol y Reyzábal, 2008: 9). Y es que ese otro muchas veces ha adoptado la forma del extranjero, del extraño, del exiliado, del deportado, en definitiva de todo aquel “ajeno al núcleo cultural de poder que hace de agente definidor, catalogador de ese otro” (Querol y Reyzábal, 2008: 15).

En el horizonte de una ciudadanía intercultural, no caben las miradas deformadoras que del otro han mostrado los textos literarios a lo largo de la historia. Miradas que tienden a la aculturación o miradas que subrayan las diferencias. Ambas miradas responden a una posición de dominio, que a duras penas, son capaces de esconder el desprecio. Por todo ello, “es necesario reconstruir el proceso de definición del otro en nuestra cultura, y estudiar cómo aún se mantienen los tópicos y los mecanismos de diferenciación” (Querol y Reyzábal, 2008: 27). Y no sólo eso: es preciso empezar a cruzar miradas, la central y la periférica, Europa y África, la de aquí  y la de allí, la de los autóctonos y la de los venidos de más lejos… ¿Para cuándo la presencia de otras literaturas en los currícula europeos? ¿Cuándo dejaremos de hablar del otro y permitiremos que él tome la palabra y sea él el que nos nombre? ¿Para cuándo un nosotros en el que todos nos reconozcamos?

Construyendo la diferencia estamos destruyendo al otro; nada hay pues más alejado del proyecto ético en el que nos gustaría embarcarnos a través de los textos literarios. Para conjurar estos riesgos, convendría, como ya hemos apuntado, trabajar con textos producidos desde las periferias, entendidas éstas como esos espacios alejados del poder cultural hegemónico.

  • El puede: en busca del método (otra didáctica de la literatura para una educación en valores)

La didáctica de la literatura no puede obviar el nuevo marco sociocultural de las sociedades actuales. En este sentido, se convierte en un imperativo el despertar el interés, pero también el aprecio, por el conocimiento de otras culturas, todo ello con el propósito de contribuir a la construcción de una nueva ciudadanía intercultural.

La didáctica de la literatura debe dejar de atender a la consecución única de competencias lingüísticas y literarias y comenzar a desarrollar también competencias sociales y ciudadanas, entre las que la competencia intercultural ocupa un lugar destacado.

La metodología para enseñar literatura debe, pues, adoptar una perspectiva intercultural que recoja las siguientes orientaciones: “se debe educar para reconocer y respetar la diversidad lingüística y cultural y reflexionar sobre la propia cultura a partir de otros marcos culturales de referencia, (también) valorar la diversidad y el hecho diferencial como elementos enriquecedores y no excluyentes y discriminatorios, promover la comunicación y la convivencia tolerante entre los ciudadanos de cualquier procedencia, fomentar el conocimiento de otros idiomas y culturas, desarrollar actitudes críticas y fomentar actitudes positivas entre la lengua y sus hablantes, y erradicar los prejuicios lingüísticos, geopolíticos e ideológicos” (Prado, 2004: 136-137).

descolonizar la menteCoincidimos con Guadalupe Jover (2007: 14) cuando afirma que “toda mirada sobre la enseñanza de la literatura presupone una mirada sobre la educación y una mirada sobre el mundo”. La literatura en esta dirección debería acercarnos a un nuevo tipo de ciudadanía más inclusiva, cosmopolita y democrática. No podemos enseñar literatura o hacer uso de ella al margen del mundo: “así pues, las clases de literatura no pueden ser ya un reducto que dé la espalda a lo que ocurre extramuros de la escuela” (Jover, 2007: 62). En este sentido, la elección de los textos sobre los que trabajar se convierte en una tarea esencial: “necesitamos un corpus de textos que permita poner a dialogar unas obras con otras a fin de desmontar tantas jerarquizaciones culturales, sociales y de género; un corpus, en fin, que permita a los adolescentes un intercambio argumentado de modos de ser y de estar en el mundo” (Jover, 2007: 63). La selección de textos ha de atender a criterios no sólo estéticos o lingüísticos sino también éticos y culturales.

  • Otro currículo: el currículo global e intercultural

En el editorial de Cuadernos de Pedagogía (nº 399, marzo de 2010) titulado “No se puede jugar con la inmigración”, Jaume Carbonell apuntaba cinco actuaciones que podrían llevarse a cabo en el terreno educativo. Una de ellas, ésta: “Introducir un currículo intercultural y antirracista de carácter transversal, desde la Educación Infantil hasta la Secundaria, que ponga el énfasis en los aspectos más relevantes de la diversidad –y no en los folclóricos como suele hacerse– y en los valores de tolerancia, solidaridad y justicia social”. Desde hace unos años venimos escuchando eso del currículo intercultural y sin embargo, a parte de notables experiencias, en lo esencial poco se han modificado la legislación, los libros de texto y las prácticas docentes de las diferentes áreas y asignaturas del currículo. Desde estas líneas, aspiramos a dar un paso hacia adelante en pos de un currículo verdaderamente intercultural en la enseñanza de la literatura.

Para X. Besalú (2010: 15), “contribuir a la construcción de una nueva ciudadanía exige la elaboración de un nuevo canon literario en una triple dirección: reconociendo el carácter pluricultural de la cultura española; dando visibilidad a los vínculos históricos que España ha tenido con Europa, con el mundo árabe y con Latinoamérica; y abriéndolo a aquellas literaturas y territorios antaño remotos, pero hoy tan cercanos (África, Asia…)”. Estamos completamente de acuerdo: la enseñanza de la literatura no puede seguir de espaldas a la realidad mundial, enrocándose en una lectura estrictamente nacional de la tradición literaria, privilegiando unos textos y silenciando otros. Al tiempo que nos interrogamos por los textos a los que dar entrada en nuestras clases, deberíamos también cuestionarnos la metodología que empleamos. Se trataría de dar la vuelta tanto al qué enseñamos como al cómo lo enseñamos. En palabras de A. Bolívar (2007): “la implementación de una educación para la ciudadanía se puede convertir en un factor de innovación en la gestión y organización de los centros y en los currículos escolares”.

Americanah 2Convendría, como ya hemos apuntado, trabajar con textos producidos desde las periferias, entendidas éstas como esos espacios alejados del poder cultural hegemónico, o desde esos lugares de frontera, o desde la experiencia de la errancia. Una muestra de ello serían los textos literarios recogidos en el anexo 1.

La experiencia que ahora relatamos es una apuesta, si bien parcial y aún en construcción, por llevar a la práctica contenidos y metodologías que, partiendo del hecho literario, aspiren a educar a la ciudadanía en valores sociomorales…

 

Para leer el artículo completo: Literatura intercultural

 

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