“El ‘asignaturismo’, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura”

Sobre la educacionTengo pendiente la lectura de Sobre la educación de Emilio Lledó (Taurus, 2018). Mientras tanto, acudo a las reseñas y comentarios sobre el libro. Entre ellos encontramos “El asignaturismo, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura” aparecido en El País el pasado 28 de marzo. El libro es “un compendio de sus artículos y reflexiones de la enseñanza, los exámenes o el papel de la Filosofía en las aulas o el de la Universidad en la vida de los alumnos”.

No sé si es una apreciación errada, pero creo que en el debate educativo andamos un tanto huérfanos de referentes intelectuales (¿y por qué no, éticos?) como el que representa Emilio Lledó. Llevamos unas décadas en las que asistimos a una escisión programada entre, de una parte, una concepción del hecho educativo de corte tecnocrático; y de la otra, una comprensión del mismo enmarcada en un proyecto ético y de sentido. A la vista está que tal brecha se amplía con el paso del tiempo y que las políticas educativas basculan descaradamente hacia una tecnificación cada vez más deshumanizada y mercantilizada. Por todo ello se hacen imprescindibles voces como la de Emilio Lledó.

En Sobre la educación, el autor nos hace ver cómo a veces el alumnado puede llegar a pensar que “el apasionante mundo del saber y de la ciencia es ese horroroso organismo de mediocridad (representado por la escuela y la Universidad)”. En opinión del filósofo sevillano, “el asignaturismo, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura”. En el subtítulo del libro, La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía, encontramos otras de las claves del mismo. Respecto a la Literatura dirá que habría que “enseñar a leer un libro clásico porque pasar un semestre con Galdós, Baroja o, no digamos, Cervantes, no es un invento utópico”. En cuanto a la Filosofía afirmará que “son los profesores los que tienen que darse cuenta del carácter crítico y formativo que tiene esa disciplina. Quererla quitar es un crimen pedagógico, un crimen cultural contra el desarrollo mental del país”. Y sobrevolándolo todo: la libertad y la igualdad. De la primera dirá que habría que “enseñar a los niños la libertad”. La igualdad es la que inspira la cita de Aristóteles que da sentido al libro: “Puesto que toda la ciudad tiene un solo fin, es claro que también la educación tiene que ser una y la misma para todos los ciudadanos”. Sin igualdad las personas se resienten, pero también la sociedad, puesto que “se pierden talentos extraordinarios para la música, para la poesía, para la literatura”.

El lector asiduo de este blog sabrá que por aquí hablamos de alumnos y profesores. En este sentido, el profesor Lledó recuerda así a don Francisco, su primer maestro:

Nos hacía leer El Quijote y también a otros autores. Y luego nos pedía sugerencias de la lectura. Solo con eso, preguntando qué podía sugerir Miguel de Cervantes Saavedra a niños de nueve o 10 años, aniquilaba el asignaturismo.

Por lo que respecta a sus alumnos, emociona comprobar cómo aún recuerda a aquellos trabajadores españoles que conoció hace más de 60 años en Alemania:

Cuando Emilio Lledó recuerda a aquellos alumnos, cita un verso de Lope de Vega: “España, madrastra de tus hijos verdaderos”. Corrían los años cincuenta del pasado siglo y él acababa de mudarse a la Universidad de Heidelberg, en Alemania, donde transcurrieron algunos de los años más reveladores de su carrera docente. Poco después de que él se trasladara, comenzaron a llegar a las fábricas de los pueblos de alrededor oleadas de obreros españoles. Hombres jóvenes y sin estudios, con un castellano rústico y un alemán inexistente “que habían nacido con un No de plomo en la cabeza por no tener un verdadero acceso a la educación.

Se hizo amigo de un grupo y Emilio Lledó (Sevilla, 1927) les ofreció reunirse en una cafetería un par de veces al mes. La excusa fue enseñarles alemán, pero acabaron aprendiendo unos y otros de la vida. “El entusiasmo, la inteligencia y la sensibilidad de esos jóvenes han quedado para mí como la experiencia docente más maravillosa que he tenido”, asegura más de 60 años después el filósofo sentado en el sofá de su piso, junto al Retiro madrileño. “Y mira que me he llevado bien con mis alumnos”, cuenta el que también ha sido catedrático de instituto en Valladolid y en las universidades de La Laguna, Barcelona y UNED de Madrid.

Emilio Lledo El paisEn este apunte biográfico, para mí, se encierra todo el sentido último de la educación. También, por supuesto, de la educación de personas adultas. Me he quedado con ganas de más y por ello pendiente queda, pues, una reseña más extensa de Sobre la educación.

 

Foto: El País

 

 

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