Palabras de allí, palabras de aquí

el camino

A principios de 2011, un puñado de lectores de la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de València nos embarcamos en una empresa: el comentario de la novela El camino de Miguel Delibes en el blog creado al efecto Palabras de allí, palabras de aquí. Buscamos además la complicidad de algún lector senegalés de la mano del amigo Modou Beye, profesor de español en el Liceo Ahoune Sané de Bignona (Senegal). Y también participó algún lector de las clases de español de la EOI de Gandia gracias a la colaboración de Amparo S. De aquella experiencia, ya lejana en el tiempo, recuperamos aquí alguna de las entradas y alguno de los fantásticos comentarios dejados por los lectores. Echando la vista atrás, podríamos decir que valió mucho la pena.

BIENVENIDOS/AS
El presente blog nace con la intención de ser ese espacio en el que se encuentren las palabras llegadas de aquí y de allí. Sabemos que detrás de las palabras vienen las ideas y también los sentimientos.  Aquí comentaremos libros y lo haremos desde dos esquinas del mundo: la senegalesa y la valenciana. En el cruce, las palabras harán emerger puntos de vista diferentes, pero también coincidencias y complicidades. Los libros, pensamos, son una excusa perfecta para hacernos sentir parte de una humanidad compartida.
¡Anímate a iniciar el viaje! ¡Ya estamos en camino!

 

¿CÓMO HAREMOS?
El libro que hemos elegido para ser comentado es “El camino” de Miguel Delibes. Este mes de enero es el tiempo que nos damos para ir leyéndolo. Somos lectores de Senegal y de Valencia entusiasmados con la idea de compartir esta experiencia lectora desde las dos orillas.
Durante el mes de enero, podrás ir leyendo el libro con calma y además podrás ir conociendo algo más sobre la obra y el autor. También podrás intercambiar comentarios sobre la biografía de Delibes y sobre otras obras del autor castellano.
A partir del mes de febrero, empezaremos a comentar los diferentes capítulos del libro, a razón de dos capítulos semanales.
Los comentarios podremos hacerlos en las diferentes entradas del blog.
¡ÁNIMO, EL CAMINO YA HA EMPEZADO!

 

DESPEDIDA
Ahora sí que hemos llegado al final del camino. Han sido unos meses de compañía. La compañía de Miguel Delibes, la compañía de Daniel, el Mochuelo, y tantos otros, y nuestra mutua compañía alrededor de las palabras.
Hasta el día de hoy, este blog ha recibido 3175 visitas, 31 entradas y 172 comentarios. A buen seguro, en los próximos días estas cantidades aumentarán. Pero más allá de los números, lo que nos llevamos los que hemos participado en esta modesta aventura es la sensación de haber recorrido un camino juntos, compartiendo nuestras experiencias o nuestros comentarios, otorgándonos humanidad, de forma compartida. La profundidad de los comentarios ahí queda: no son palabras que se lleva el viento. Queda la idea de recogerlos todos y darles forma. Pero ese ya será otro camino. Descansemos de este y, como dicen los gitanos que hablan romanó: “Latchó drom!” (¡Buenos caminos!).

He aquí una muestra de algunos de los comentarios dejados en el blog por los lectores:

El autor empieza con esas palabras, en mi opinión, porque es una frase dicha por Daniel el Mochuelo. A él le hubiera gustado que la historia pasara de otra manera.

Yo me siento más identificada con el padre, aunque también comprendo al hijo, porque tiene miedo al cambio de vida que se le está imponiendo. Daniel el Mochuelo vive feliz en su pueblo y no quiere aprender nada más, porque piensa que ya sabe todo lo que necesita y lo que no sabe se lo explica su amigo Roque el Moñigo, que es tres años mayor y tiene una cualidad muy valorada por él: es muy fuerte. Para el protagonista tener fuerza es muy importante, aunque yo pienso que no tiene tanto valor como él le da.

La capacidad económica de una persona no es primordial para estudiar, sin embargo, tengo que reconocer que el dinero ayuda a obtener plaza en mejores colegios y a tener un apoyo extra escolar en caso de que sea necesario.

Mª Dolores

Hola, amigos de “Palabras de allí, palabras de aquí”. Nos incorporamos a la tertulia virtual, con retraso, pero con mucha ilusión. Somos un grupo de lectores de Gandía, estamos aprendiendo español y nos ha parecido buena idea leer este libro y compartirlo con gente de otras partes. Nos gusta mucho el blog e intentaremos participar lo máximo posible.
El otro día estuvimos hablando de una de las cuestiones planteadas: ¿son necesarios “los cuartos” para estudiar o no? Estuvimos hablando de cómo eran las cosas hace unos años en nuestros países y de cómo habían ido cambiando a lo largo de los años. Creo que las becas y las ayudas al estudio que existen ahora han mejorado las cosas, pero que todavía hay mucho que cambiar. Un niño empieza a aprender desde sus primeros meses de vida y no todas las familias tienen el tiempo, la disposición y las energías necesarias para dedicarle. A los tres años, ya se han decidido muchas cosas en la vida de un niño. Las familias deberían tener mucho más apoyo desde el primer momento en que nace un bebé.
Amparo

Cuando era pequeña solo tenía miedo a dos cosas, la escoba -quitatelarañas- de mi vecina, que asomaba su cabeza cubierta por un trapo por encima de una puerta y la otra eran los “maquis” En esta zona había por las montañas hombres escondidos al terminar la guerra, era una guerrilla antifranquista. Cuando iba al pueblo, teníamos que pasar por varios puertos de montaña y yo iba encogida. ¡Vaya tontería! De mayor me he interesado en conocer su historia.

Hasta tal punto se le ha puesto motes a la gente, incluso heredados por familias, que yo muchas veces no conozco a las personas por su apellido. Me gustan, siempre que no sean ofensivos, yo soy de la familia “Carrasca”.

Aunque yo fui al colegio en la posguerra, no he conocido los castigos corporales, ya teníamos bastante con el lavado de cerebro que nos hacían. No hay nada que justifique un maltrato ni a niños ni mayores.

En los pueblos hay muchas lenguas viperinas, pobrecillas. En la ciudad es más difícil que la gente del barrio o finca te critique, nos conocemos menos. Una cosa curiosa es que casi siempre se pone en “tela de juicio” a las personas más débiles y con menos recursos y pocas veces a los “señoritos del pueblo”.

Paco es una persona fenomenal, le preocupa su familia y el trabajo, ya quisieran las beatas un buen “achuchón” de él; eso sí, a escondidas.

Volviendo a releer los comentarios he vuelto a aquellos días y me he vuelto a quedar asombrado ante el caudal de sabiduría que atesoran. La relectura también me ha servido para recordar a una buena parte de mi alumnado de entonces y solo puedo sentir por ello emoción y reconocimiento.

MIguel Delibes El País

Foto: El País

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