Voces docentes para el cambio en Educación de Personas Adultas

El diari 1El presente artículo fue publicado por El diari de l’eduació el pasado 9 de mayo de 2018. Compartimos aquí la versión en castellano.

En ¿Por qué han fracasado las “competencias” en educación? Lecciones para futuros intentos de innovación educativa, Fernando Trujillo afirma que “al profesorado le gusta sentirse agente de los procesos de transformación que ocurren en su práctica y no paciente de experimentos ajenos –como se puede esperar, por otro lado, de un profesional cualificado.” . Además, y citando a Antonio Bolívar, leemos que “lo que ha de cambiar no se puede prescribir porque los cambios en la práctica dependen de lo que piensen los profesores”. Sin embargo, a pesar de ser imprescindible para el cambio educativo, la voz del profesorado no siempre es escuchada cuando de transformar la escuela se trata, como hemos visto en las sucesivas reformas educativas. Es una necesidad, pues, que el profesorado tome la palabra y lidere los procesos de renovación educativa, a pesar de los intentos para desacreditarlo el último especialmente grave con las acusaciones intolerables de adoctrinamiento. En ello nos jugamos la participación y, ni más ni menos, la democracia.

En la Educación de Personas Adultas (EPA), la participación formó parte de su ADN desde el inicio. Ahora bien, de aquella horizontalidad naciente queda ya muy poco (más allá de extraordin20180405_124810arias iniciativas de carácter comunitario). Al mismo tiempo que la EPA se extendía, también lo hacía la verticalidad en forma de tecnificación y burocracia. A estas alturas, y no sé si es sólo un espejismo, creo que volvemos a recuperar poco a poco la voz perdida al calor de las nuevas tecnologías y de la multiplicación de experiencias altamente estimulantes. Justamente esta primavera hemos asistido a la publicación de un buen puñado de textos que nos señalan el futuro de la EPA. Así, Josep Miquel Arroyo planteaba en su blog DidàkTIC cuáles serían las tres cosas que pediría para la EPA al Departament d’Ensenyament. Cuatro compañeros más, y en sus respectivos blogs, recogieron el guante: Ramon Paraíso, Quim Balaguer, Joan Padrós y Joan R. Giribert. En paralelo, Margarita Massot, profesora de la Facultat de Ciències de l’Educació de la UAB, publicaba en Senderi un interesantísimo artículo donde hacía un completo repaso de los últimos 40 años de EPA. En la parte final de su texto, bajo el epígrafe de “¿Hacia dónde queremos ir?”, la autora apunta a una serie de factores que harían posible el cambio de modelo en el aprendizaje a lo largo de la vida.

20180402_120730No nos debe sorprender esta eclosión de la EPA. Los que trabajamos en ella sabemos que algunas cosas están cambiando, y para bien. La creación de la Comunidad de docentes de educación para personas adultas con presencia en Facebook y Twitter, el grupo de Educación de Personas Adultas del ICE de la UAB o la Xarxa d’Escoles Municipals de Persones Adultes de la Diputació de Barcelona están logrando tejer toda una red de profesionales que comparten inquietudes y experiencias. También se han multiplicado en todo el Estado español las jornadas formativas o de intercambio de experiencias. En el País Valencià, los centros de profesores (llamados CEFIRE) cuentan con asesores especializados en EPA. En Aragón, se está elaborando la nueva Ley de Educación de Personas Adultas a través de un proceso participativo donde todos los agentes implicados han podido dar su opinión. El carácter innovador de algunos centros de EPA les ha permitido ganar premios y participar en programas educativos europeos. Sin ánimo de exhaustividad, lo que todo esto demuestra es que, a pesar de las dificultades, la Educación de Personas Adultas vive una nueva primavera.

Este despertar de la EPA no debe impedirnos ver los problemas que esta etapa educativa arrastra. Las aportaciones que encontraremos a continuación se enmarcan dentro de estas coordenadas: nuevo impulso y necesidad de cambio. El primero en hacer propuestas fue Josep Miquel Arroyo quien en su blog DidàkTIC nos planteaba las Tres cosas que pediría para la educación de adultos al Departament d’Ensenyament:

  • La remodelación de los estudios para la obtención del título de ESO.
  • La ampliación de la inversión económica, formativa y humana.
  • La asunción del concepto de aprendizaje a lo largo de la vida.

El relevo lo cogió Ramon Paraíso en su blog De vuelta en Tres cosas (más) que pedia al Departament d’Ensenyament para la educación de personas adultas. Este autor enumera estos otros tres deseos:

  • El establecimiento de estrategias para impedir que los centros de adultos se conviertan simplemente en un contenedor donde enviar al alumnado que por diversos motivos no finaliza etapa o no logra cumplir los objetivos en los institutos.
  • La dotación de equipos de asesoramiento, orientación y apoyo piscopedagógico.
  • Una campaña de visibilización y, sobre todo, de potenciación.

Por su parte, Quim Balaguer en La germana pobra i lletja publicaba ¿Qué pido yo? Estas son sus aportaciones:

  • Una estructura adecuada para cada centro de adultos.
  • La necesidad de adaptar los centros al siglo XXI.
  • La reducción de la distancia entre el Departament y los centros.

El siguiente en plantear mejoras fue Joan Padrós en La destil·leria en #3cosasfadultos. Estas serían sus demandas:

  • La primera en forma de pregunta: ¿hay alguien a nivel de país reflexionando sobre qué es y que debe ser el aprendizaje a lo largo de la vida?
  • Más recursos.
  • Más autonomía de centro.

El último compañero en hacer aportaciones fue Joan R. Giribet quien en su blog publicaba Mejoremos la enseñanza de adultos. Entre las mejoras propuestas, Giribert enumera las siguientes:

  • Más publicidad institucional.
  • El acceso a la orientación psicopedagógica de los EAP.
  • El fomento del curso de Graduado en Educación Secundaria (GES).

20180331_203836Las propuestas de estos cinco profesores podríamos considerarlas complementarias y abarcan la práctica totalidad de elementos presentes en la EPA: la ideología (ligado al concepto de aprendizaje a lo largo de la vida), la importancia de esta etapa educativa (traducida en visibilidad y relevancia social), el presupuesto (en relación con los recursos, especialmente humanos), la organización y la oferta formativa (en clave de autonomía de centro), la relación con las administraciones y con el resto del sistema educativo, el currículo y la metodología.

Estas voces a pie de aula se unen a discursos hechos desde la universidad, como es el caso del de Margarita Massot quien publicaba en Senderi 40 Años de EpA, de la democratización de la Educación a la democratización educativa. Esta profesora considera que el futuro de la EPA pasa por:

  • Potenciar centros y espacios formativos diversos como servicio educativo universal con una función inclusora, socializadora y de cohesión social que escape del asistencialismo, y que reduzca el efecto Mateo [“fenómeno social según el cual aquellos que más tienen (bienes, riqueza o fama), ven aún más incrementada sus posesiones, mientras que aquellos que menos tienen, las ven progresivamente limitadas y reducidas “, según la enciclopedia.cat].
  • Potenciar los centros de FpA como unos espacios polivalentes, flexibles y dignos.
  • Descentralizar la FpA de manera que pueda estar cogestionada y planificada desde las administraciones autonómicas y también desde el municipalismo más próximo a las necesidades y demandas del sector.
  • Establecer una oferta formativa amplia, diversa y contextualizada para responder a las necesidades específicas de las personas adultas.
  • Coordinar la oferta formativa, los diversos programas de un territorio, a partir de un modelo de centros abiertos e integrados en el barrio.
  • Estimular la formación específica del profesorado de FpA.

A grandes rasgos, lo importante ya se ha dicho en relación con las propuestas que deberían dar forma a la EPA del futuro. Ahora bien, no puedo resistirme a dar mi punto de vista, pese al peligro de resultar redundante. Mis tres propuestas se resumirían en: aprendizaje a lo largo de la vida, flexibilidad y ciudadanía.

  • El aprendizaje a lo largo de la vida debería convertirse en un derecho (limitado ahora a la enseñanza obligatoria) y, por tanto, debería ser: público, gratuito y de calidad. Las administraciones deberían poner en valor estos estudios, dotándolos de los recursos necesarios (infraestructuras y personal) y haciendo la difusión adecuada. Además, la EPA debería tener entidad propia (educativa y formativa a la vez) y no ser considerada como un apéndice de otros estudios. La clave para la mejora pasaría por la cooperación entre las administraciones y los diferentes agentes implicados. Por su parte, las universidades deberían ofrecer formación específica sobre la EPA y generar un corpus teórico suficiente para orientar a los profesionales.
  • La flexibilidad nace de la necesidad de adecuar estos estudios a las necesidades (cada participante se encuentra en un itinerario formativo único) y la disponibilidad de las personas adultas (que pueden compaginar estudios con otras obligaciones laborales y/o familiares). Esta flexibilidad debe partir del reconocimiento de la autonomía de los centros y debe llegar al currículo, al horario (combinación de modalidades), a los espacios, a la organización y a las metodologías (de carácter innovador).
  • La ciudadanía parte de la conciencia de una humanidad compartida y se adquiere mediante el desarrollo del diálogo, la empatía y el espíritu crítico. La participación y la responsabilidad serían los pilares sobre los que construir centros acogedores, donde la interrelación con el entorno sería considerado como un valor estratégico clave. En este sentido, la EPA debería contribuir a la creación de redes escolares y ciudadanas.


En definitiva, es un lugar común afirmar que a participar se aprende participando y, aunque parezca mentira, el colectivo docente no tiene muchas oportunidades para hacerlo. Este hecho está cambiando: cada vez son más los enseñantes que en los blogs, en las redes sociales o en los diferentes encuentros pedagógicos toman la palabra. Es una tendencia imparable, que rompe el monopolio sobre los discursos educativos, en manos de los tecnócratas de la administración o de los teóricos universitarios de la educación. Esta democratización de los relatos no tiene marcha atrás y cualquier iniciativa que busque censurarlos estará condenada al fracaso. La pregunta ahora sería: ¿la administración educativa está dispuesta a escuchar? ¿Estaría dispuesta a hacer cambios y enriquecer la normativa y el corpus legal vigente con las aportaciones de los docentes (y no hablo solo del papel imprescindible de los sindicatos)? Y aún quedaría otro interrogante: ¿estaría dispuesta a escuchar la voz de los participantes? (de esto, sin embargo, hablaremos en otra ocasión).

El diari 2

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