#5 Un docente muy especial. MOOC Habiliddes para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos

En esta segunda unidad del MOOC Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos se nos pide que pensemos en algún docente que recordemos de manera especial. En mi caso, podría remontarme a mi pasado escolar, sin embargo, prefiero recurrir a alguno de esos compañeros inspiradores que todos nos hemos encontrado por el camino. Cuando pienso en ese compañero, estas serían las características que para mí lo convierten en un profesor especial:

  • Dominio de su materia: amplios conocimientos…
  • Habilidades didácticas: creatividad / originalidad  / cercanía a los intereses del alumnado / habilidad para captar la atención / disposición para llevar los aprendizajes fuera del aula / innovador…
  • Manera de ser: optimismo / nunca habla mal de sus alumnos / sentido del humor / compañerismo / pasión por su oficio / generosidad / visión de conjunto (más que profesor de un aula lo es de todo el centro) / buena relación con sus alumnos / abierto y progresista…

INSPIRADOR

Parece claro, pues, que recordamos –y valoramos– más todo lo relacionado con la manera de ser que lo referido a los conocimientos y a la didáctica. En este sentido me reafirmo en las palabras que ya escribí en este mismo blog en la entrada “¿Qué profesor cambió tu vida? Una reflexión sobre la manera de ser de los docentes” a partir de un artículo de Andrea Giráldez en Educación 3.0:

El 23 de enero de 2018, Andrea Giráldez publicaba en Educación 3.0 un interesante artículo titulado “¿Qué profesor cambió tu vida? Una reflexión sobre la manera de ser de los docentes”. Estoy completamente de acuerdo  con la autora cuando afirma que:

Ser docente supone mucho más que dominar una materia y conocer y aplicar metodologías innovadoras. Esto es necesario, pero insuficiente.

Cuando preguntamos a alguien -o nos preguntamos a nosotros mismos- por aquel profesor/a al que  recordamos de una manera especial es frecuente encontrar afirmaciones como estas: “aquel profesor/a sabía mucho de su materia” o “aprendimos mucho con él/ella”. Ahora bien, más a menudo nos encontramos comentarios referidos a otro tipo de cualidades como:

la pasión por enseñar, la humildad, la curiosidad, la generosidad y la manera en que esa profesora o ese profesor miraba (a sus alumnos/as) y escuchaba, cómo confiaba en sus posibilidades o cómo, de alguna manera, les hacía sentir importantes y les transmitía, de un modo u otro, este mensaje: tú vales.

En definitiva, lo que hace memorable a un profesor/a escapa la mayor parte de las veces a aquello que se enseña en las Facultades de Educación y, por descontado, a aquello que se exige en las oposiciones: 

No hay, ni en las Facultades de Educación ni en las oposiciones, nada que garantice que un profesor cuente con estas cualidades que parecen tan importantes.

Entre tanto ruido que envuelve últimamente al mundo de la educación un día sí y otro también, no estaría de más recordar la gran paradoja que apunta Andrea Giráldez:

A los docentes se nos exigen muchas cosas, a veces demasiadas, pero justamente no se nos exige algo fundamental para educar: ser buenas personas.

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