Reimaginar la normalidad

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No sé si el momento actual es el más adecuado para poner las luces largas sobre el sistema educativo. Seguramente no, tan inmersos como estamos en la gestión de unas situaciones personales y profesionales cuanto menos complejas. Algunos llevan ya días fabricando viseras pantalla de protección para sanitarios y residencias (también batas, mascarillas o gorros), tal es el caso de un equipo humano entre el que se cuentan miembros de la comunidad educativa del CEPA Sierra Norte de Torrelaguna (Madrid): “CEPA Sierra Norte: de la teoría a la práctica para ayudar contra el COVID-19” (sendanorte.es, 05/04/2020). Tienen mi más sincero reconocimiento. Otros ya se han puesto a planificar la vuelta de las vacaciones confinadas en la que la enseñanza no presencial nos seguirá ocupando y preocupando, no sabemos por cuánto tiempo. Esto es lo que se ha propuesto Ramón Paraíso en “Algunas propuestas desde la trinchera para el tercer trimestre (modestia aparte)” (De vuelta, 05/04/2020). Aprovechar estas valiosísimas experiencias me parece fundamental para vislumbrar el futuro que nos espera, ese que deberemos construir entre todos/as.

Dice Joan Subirats en “Normal y excepcional” (ctxt, 30/03/2020) que “no podemos volver a una pretendida normalidad pensando que así recuperaremos una seguridad que, de hecho, no teníamos”. En el ámbito educativo, ¿echamos de menos todo el andamiaje educativo que saltó por los aires con la declaración del estado de alarma? Si la respuesta es no, bien haríamos, como sugiere el propio J. Subirats, en “reimaginar la normalidad”. Es ese el ejercicio necesario que habrá que hacer en algún momento. Yo me adelanto a él y desde aquí imagino cuáles serían los nodos educativos que no deberíamos pasar por alto en ese regreso a la “normalidad”:

Educación para la comprensión de la realidad. Las disciplinas humanísticas y científicas tendrían que ayudarnos a entender qué es lo que nos está pasando en estos momentos de crisis sanitaria, qué es lo que nos trajo hasta aquí y de qué manera alumbrar un futuro mejor para todos/as. Sin menoscabo de otras disciplinas, la Filosofía debería acudir al rescate de una comunidad educativa desconcertada, avasallada por la realidad y en la que los marcos de sentido se nos presentan más frágiles que nunca. Deberíamos desde ya vacunarnos contra los discursos autoritarios y antidemocráticos que puedan emerger con más fuerza en el futuro. Para ello necesitaremos de altas dosis de espíritu crítico para así luchar, entre otras cosas, contra los bulos y la intoxicación informativa.

Educación emocional. Con anterioridad al confinamiento, muchos/as docentes ya trabajaban explícitamente la expresión de emociones y sentimientos en sus aulas. En circunstancias como las actuales y pensando en la vuelta a la enseñanza presencial, la educación emocional se ha convertido en una necesidad insoslayable. Las administraciones educativas harían bien en formar al profesorado en gestión de las emociones de una manera pautada y rigurosa (y lejos de modas no avaladas por la comunidad científica).

Educación en valores. Lejos de las luchas partidistas (quien tenga ya unos años de experiencia docente recordará las encendidas polémicas a costa de la implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía), esta crisis ha puesto de manifiesto, como ninguna otra, la necesidad de una salida colectiva de la misma. Estos días se está apelando a la responsabilidad y a la solidaridad de la ciudadanía; valores ambos sin los cuales a duras penas saldremos de esta situación. Confiemos también en salir de ella con la mayor justicia social posible. Estos y otros valores aparecen citados con frecuencia en las leyes educativas de diferente signo ideológico; sin embargo, cómo encarnarlos en los currículos y cómo hacer para que impregnen la vida de los centros educativos es algo que aún espera respuesta.

Educación artística. Paradójicamente, las asignaturas consideradas como “marías” ahora están sirviendo en muchos casos como tabla de salvación de un alumnado y unas familias confinados que ven en ellas no solo una vía de expresión y de creatividad, sino también un recurso de primer orden para conectar con sus sentimientos y emociones.

Curiosamente muchos de estos ámbitos aquí reivindicados a lo largo de nuestra historia educativa reciente han sido puestos en cuestión, “recortados” o relegados. Cabría, pues, preguntarse si el proyecto de ley de la LOMLOE (y cualquier otra legislación educativa aún pendiente) tomará nota de esta experiencia a la que el estado de alarma ha obligado a toda la comunidad educativa o si, por el contrario, hará oídos sordos. Por nuestra parte solo nos queda reimaginar la “normalidad” a la que volveremos e intentar que se nos tenga en cuenta.

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*Imagen de cabecera: Lucía Villarroya.

Un comentario

  1. renciso66yahooes · abril 6, 2020

    Un modelo futuro no debe prescindir de principios morales éticos y sociales. O de objetivos pedagógicos. Además tampoco debe prescindir de las metodologías adecuadas a cada materia. Ni tampoco de la interación entre saberes de distintas áreas. Estas no pueden ser tampoco compartimentos estancos.
    Ejemplo. La lógica de circuitos está relacionada con la lógica de las proposiciones
    En la ciencia el nivel de planteamiento de hipótesis precisa de una gran dosis de creatividad, igual que en las artes. Por tanto además de metodologías diferentes desde todas las áreas se deben estimular capacidades.

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