M. A.

1Recientemente, he dejado atrás la isla de Eivissa y el CEPA Pitiüses, pero me llevo lo más importante (yo diría que lo único importante): la estima que siento por muchas de las personas que he conocido en estos últimos cuatro años. Entre ellas, M. ocupa un lugar muy especial. ¿La causa? Es muy sencilla: con ella me he sentido acompañado, dentro y fuera de la escuela, lo cual no es poca cosa para quien, como yo, carecía inicialmente de una red de afectos en la isla.

Como alumna, ¿qué podría decir? Lo ha dado todo, más allá de lo estrictamente académico. De nuevo aquí, siento que mi aportación ha sido insignificante, y más si la comparamos con sus ganas ilimitadas de saber. Aún guardo recuerdo de algunos de sus textos, de sus exposiciones orales, de sus lecturas. Pero, por encima de todo, de su manera de ser y de estar en el aula.

Por si eso fuera poco, he tenido el privilegio de compartir con M. momentos fuera del aula: en alguna cafetería, en los paseos matinales hacia el faro de Botafoc, en las excursiones por la isla, en las cenas en buena compañía en su terraza… En definitiva, puedo decir que hemos traspasado el umbral que da paso a la confianza, y que hemos compartido aquello que a veces nos quitaba el sueño. También, lecturas; muchas lecturas.

Ahora, en un gesto generoso, me regala estas palabras, que como todo lo valioso estamos obligados a compartir. Este es el recorrido que hace por su pasado escolar:

Retrocediendo en el  tiempo, mi contacto con la enseñanza comienza a la edad de 4 años en una pequeña escuela rural de la provincia de Jaén. Tengo pocos recuerdos de los años que pasé en aquel colegio, tan solo que convivíamos niños/as de diferentes edades y niveles. También conservo la imagen de un profesor autoritario y rígido que nos imponía castigos físicos con demasiada frecuencia.

Recién cumplidos los 6 años, empecé  en el colegio público Sant Roc, en la Garrotxa gerundense. Nunca fui una estudiante de sobresalientes, pero tampoco suspendía. Los primeros cursos tuve dificultad con las matemáticas y el catalán. A partir de quinto curso conseguí mejorar y aprobaba con más facilidad. De aquella etapa mantengo sentimientos encontrados. Sin embargo, tengo un grato recuerdo del profesor de Ciencias sociales y de Lengua castellana. Este último me sugiri4ó que leyese el Lazarillo de Tormes; aquel libro ¡me cautivó!, ¡me identifiqué con su protagonista! (aunque pueda parecer raro, siendo el protagonista un personaje masculino). Viví como propios sus dramas, adversidades y sentimientos. Aquel libro fue el artífice de mi pasión por la lectura. Para mí, lo más importante de aquella etapa, sin ningún tipo de vacilación, fue  aprender a leer.

Con bastantes años más, me inscribí en el CEPA Pitiüses de Eivissa (ante la insistencia de mi hija), y con ciertas reticencias por mi parte (me daba miedo que los fantasmas del pasado volvieran a aflorar), para cursar 3º y 4º de ESPA. El reencuentro, después de tantos años, con los libros, exámenes, pruebas… no fue fácil. Tuve suerte y encontré a un equipo de profesores/as de gran valía profesional y personal. De nuevo volvieron los problemas con las mates (mi talón de Aquiles). Reconozco que el profesor era muy bueno en su materia, explicaba para que lo entendieras y no le importaba repetir las veces que hiciera falta. Yo, por mi parte, me esforzaba, acudía a las tutorías, a repaso. Al final, ¡conseguí aprobar!

En las clases de Castellano teníamos que hacer presentaciones orales. Debido a mi timidez lo pasaba mal, me ponía nerviosa, el rubor de mis mejillas aumentaba de tono, me sudaban las manos… Finalmente conseguí quitarme (un poco) el miedo a hablar en público, controlar el nerviosismo, ganar más confianza en mí misma. Con especial  cariño recuerdo el día que el profesor nos hizo representar obras de teatro. A mis compañeros les tocó Aquí no paga nadie, de Darío Fo. ¡Lo hicieron francamente bien! Y descubrimos que en clase teníamos talentos interpretativos. Por mi parte, disfruté con la obra. Recuerdo que pensé: ¡cómo me hubiese gustado  ver esta obra de teatro con actores profesionales!

Después de conseguir el Graduado en Secundaria, ahora tocan nuevas metas, nuevos retos. Mi confianza en M. es total y estoy convencido de que logrará todo lo que se proponga. ¡Y si no, al tiempo!

M. también sabe lo que es trabajar duro. De esas experiencisa derivan su facilidad para el trato con la gente, su capacidad para el esfuerzo y su empatía con los más vulnerables:

Con 14 años, por motivos familiares, no pude seguir estudiando, así que comencé a trabajar. Desde los 14 años hasta los 20, trabajé en el campo. Ayudaba a mi familia en lo que podía, en la huerta; en la recolección de aceituna y en todo lo relacionado con el trabajo agrícola. Para ayudar a la economía familiar, cuando llegaba septiembre nos marchábamos a la vendimia francesa. Pasábamos largas temporadas vendimiando. En ese país, empecé a tener conciencia de lo que supone la barrera del idioma, el ser inmigrante, vivir de manera precaria: viviendas que no tenían las condiciones mínimas de habitabilidad, maratonianas jornadas de trabajo, expuestos a toda clase de inclemencias meteorológicas.

Mis siguientes trabajos siempre han estado relacionados con la hostelería. Trabajé en cocinas y lavanderías pero, sobre todo, de camarera de comedor. Me gustaba el trato con los clientes y lo agradecidos que pueden llegar a ser, eso en la parte positiva; en la negativa: el estrés, las prisas, los clientes poco educados y exigentes.

Entre aquello que más le ha marcado, estaría, sin duda:

la enfermedad y la pérdida de familiares. Cuesta asimilar cómo los resultados de unas pruebas o un diagnóstico médico se llevan de un plumazo los planes de futuro, los proyectos e ilusiones de los que más quieres.

Quizás por eso tiene claro cuáles son sus prioridades, y por ello:

2disfruto de mi círculo de protección: mi casa (hago mía la frase: “por muy humilde que sea, en ningún sitio como en tu hogar”). Me gusta pasar la tarde en la terraza, cuidando de mis plantas, meterme en la cocina y preparar alguna receta para sorprender a los míos (no siempre con el resultado deseado), sentarme en mi rinconcito de lectura, leyendo el último libro que he comprado.

La familia: la que siempre está ahí, la que te apoya de manera incondicional en los malos y buenos momentos (aunque con demasiada frecuencia creemos que no llegarán o que lo malo le pasa a los demás).

Mi tercer pilar: los amigos. Algo tan sencillo como puede ser una tarde de charla, coger una mochila con lo indispensable para hacer una caminata, quedar para tomar algo, me resulta muy gratificante.

Su diagnóstico sobre el mundo combina desesperanza y esperanza a partes iguales:

Creo que hemos perdido el norte. Somos muy individualistas; no competimos por una superación personal, sino por dejar fuera del camino a los demás. Vivimos en un mundo en el que fin justifica los medios. Hemos dejado atrás valores tan importantes como: el respeto, la honestidad y la gratitud.

A veces tengo dudas sobre el género humano. Pienso que las personas somos capaces de cometer las mayores atrocidades pero, al mismo tiempo, somos incapaces de mantener distancia ante las catástrofes o desgracias ajenas (aquí vuelvo a recuperar la fe).

Y acaba con una lección de ética para estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir. ¡Ojalá estas palabras pudieran hacerse realidad!

No me atrevería a predecir nada, y mucho menos el futuro del  mundo. Lo que tengo muy claro es que para vivir en un mundo mejor tenemos que repartir de manera más justa los recursos. Me parece indecente que una minoría sea cada más rica a costa de los más pobres. Tendríamos que conseguir la igualdad (real) entre hombres y mujeres, y respetar la diversidad sexual de las personas…

Gracias, M., por todo esto que has querido compartir. Gracias por acompañarme. Y gracias por ser como eres. (Ah, y por ese aceite de oliva virgen que aún recuerdo con deleite).

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Reforzando el carácter público de la educación de personas adultas

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Los debates educativos -por cierto, cada vez más frecuentes- nacen, muy a menudo, carentes de contexto y de perspectiva. Sin contexto no se pueden explicar las causas de las desigualdades educativas, por poner un ejemplo. Sin perspectiva, los males de la escuela parecen fruto de una coyuntura azarosa y, por tanto, inevitable. Para saber qué está pasando con la educación de personas adultas (EPA) del siglo XXI necesitamos, pues, un poco de memoria. Quizás así, desde esta perspectiva histórica, entenderemos cómo desde hace unas décadas asistimos a una desactivación programada del potencial transformador de la EPA. De todo ello nos habla Jaume Carbonell en “Pedagogías del siglo XXI. Alternativas para la innovación educativa”:

Durante los últimos años de la dictadura franquista y de la transición política en muchos barrios obreros y populares se crearon escuelas de educación de personas adultas al margen de la iniciativa oficial, coincidiendo con una época de efervescencia de los movimientos vecinales, sociales y culturales, siempre críticos con el sistema. Fueron espacios muy freirianos: de diálogo, imaginación, participación y utopía. Más adelante, las administraciones educativas se hicieron cargo de esta red de centros y la ampliaron. Los logros fueron evidentes, tanto en la erradicación del analfabetismo como en la obtención de la graduación, primero en EGB (Educación General Básica) y posteriormente en ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria). Pero también hay que consignar pérdidas sustantivas respecto al modelo pedagógico anterior, más pegado a la realidad del alumnado y con un claro horizonte transformador, con una deriva hacia el mero aprendizaje instrumental y la progresiva “secundarización” –el sesgo academicista es cada vez más llamativo– de la enseñanza.

No sabemos ciertamente si esta historia es conocida por la totalidad de los actuales trabajadores de la educación de adultos o sólo guardan recuerdo de ello, por ejemplo, los más veteranos o los más comprometidos políticamente. Ahora bien, es evidente que no podemos hablar con propiedad de la EPA sin tener presente estos antecedentes y las decisiones posteriores que han cambiado significativamente la fisonomía de estos centros.

Este proceso de domesticación -podríamos decir que general en todo el sistema educativo- está en perfecta sintonía con las políticas educativas de corte conservador y neoliberal dominantes en todas partes en este comienzo del siglo XXI, sólo atenuadas en función del signo político de los gobiernos de turno. Este modelo educativo reaccionario necesita una ciudadanía acrítica, despolitizada y pasiva. Esto explicaría por qué algunos ven en la función emancipadora de la EPA una amenaza. No podemos olvidar que en sus aulas encontramos, como dice Diego Redondo, no a los ciudadanos del futuro -como sucede con la enseñanza obligatoria- sino a los ciudadanos -que también son votantes- del presente. Con este panorama, desactivar y condenar a la irrelevancia a la educación de adultos han sido las estrategias -eso sí, nunca explicitadas- de una parte de los poderes públicos. Junto a ello, el sector privado tampoco ha considerado hasta ahora estas enseñanzas como un posible negocio -alfabetitzar parece que no es muy rentable económicamente-. Sólo las diferentes administraciones educativas han mostrado cierto interés por la EPA como espacio de segundas oportunidades para el alumnado proveniente de otras etapas de un sistema fracasado.

Llegados a este punto del siglo XXI, podemos afirmar que la EPA en España tiene que hacer frente a dos amenazas crecientes que ponen en peligro su naturaleza y sus potencialidades. Por un lado, está en cuestión su carácter de servicio público y gratuito; y por otro, hay fuerzas que dificultan la puesta en marcha de procesos innovadores para convertirse en un sistema de calidad. De estas dos amenazas, aquí sólo hablaremos de la primera y dejaremos para otra ocasión las consideraciones sobre la segunda.

En cuanto al carácter público y gratuito, la EPA presenta toda una serie de debilidades. La primera se deriva de su posición periférica dentro del sistema educativo y se traduce en invisibilización, denunciada entre otros por J. M. Arroyo; en desprecio; y en escasa, o nula, inversión. Con este panorama parece difícil alcanzar el índice de referencia de la Unión Europea por el que un 15% de la población adulta deberá participar en actividades de formación continua en 2020 (Marco estratégico Educación y Formación 2020). En España el porcentaje de población entre 25 y 64 años que participa en educación y formación se sitúa en el 9,9%, según los datos y cifras del curso escolar 2015-2016 del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. En paralelo, el sector privado está presente de manera testimonial en el ámbito de la EPA. Así, de los 538.112 matriculados el curso 2015-2016, el 98% lo estaban en centros públicos. Este hecho, sin embargo, no nos debería hacer bajar la guardia en cuanto a las tendencias privatizadoras esparcidas por todas partes. Donde la presencia privada es abrumadora es en las enseñanzas de formación profesional para el empleo. Recordemos que estas enseñanzas pueden ser promovidas por: las administraciones públicas, las organizaciones empresariales y sindicales, las empresas, los centros integrados de formación profesional, y los centros o entidades de formación. En este sentido: “en España existen un total de 19.283 entidades acreditadas para impartir la formación para personas adultas de las administraciones laborales” (REDIE, Eurydice).

La segunda debilidad es más bien de tipo conceptual, pero con enormes repercusiones sobre la EPA. Nos referimos a la concepción del ciudadano principalmente como trabajador, desprovisto de los otros atributos asociados a la ciudadanía. Así, al ya citado Marco estratégico Educación y Formación 2020 (ET 2020) de la Unión Europea se marcan como objetivos los siguientes:

  1. Hacer realidad el aprendizaje permanente y la movilidad.
  2. Mejorar la calidad y la eficacia de la educación y la formación.
  3. Promover la equidad, la cohesión social y la ciudadanía activa.
  4. Incrementar la creatividad y la innovación, incluido el espíritu empresarial, en todos los niveles de la educación y la formación.

El trasfondo economicista de estos objetivos es innegable: formación permanente y movilidad -podríamos pensar que de los trabajadores-, eficacia, espíritu empresarial… Nosotros no le vamos a quitar importancia a los fines de la EPA en relación con la formación de los trabajadores, es más, los consideramos capitales; ahora bien, entendemos que esto no se debe hacer anulando otras potencialidades y desterrando ofertas formativas que conectan con otras dimensiones de la ciudadanía, muy a menudo no muy rentables económicamente. La obsesión por las acreditaciones, que apunta Ramón Paraíso, debería abandonarse en favor de ofertas (por cierto, ¡cuánto cuesta desembarazarse de este léxico de carácter economicista!) con un innegable valor social.

Y la tercera debilidad afecta a la gratuidad. Desde hace unos años, y en este sentido la crisis no ha ayudado mucho, muchas escuelas de personas adultas públicas han cerrado cursos considerados “ruinosos” en favor de otros con más demanda y rentables económicamente. Se han extendido por todas partes prácticas como: el pago de matrículas -no siempre accesibles para una parte de la población- para asistir a según qué cursos, el pago de tasas -eufemísticamente llamadas administrativas o de material- o el pago por la asistencia a actividades no formales muchas veces externalizadas -haciendo bueno de nuevo el eufemismo- en cuanto a la gestión.

La propuesta que desde aquí hacemos para superar esta amenaza se resume en más escuela pública de educación de personas adultas. Una apuesta así implica interrogarse por cuál es la concepción que tenemos de la escuela y qué medios utilizamos para conseguir un objetivo como este. Se trata de una propuesta que reivindica el carácter público de la EPA y que pone en primer plano los valores reclamados en el Manifiesto para la educación de adultos en el siglo XXI (EAEA, European Association for the Education of Adultos): ciudadanía activa, democracia y participación; y cohesión social, equidad e igualdad. Poner estas ideas fuerza en el centro del debate educativo sobre la EPA, rescatarlas del naufragio conservador y neoliberal y traducirlas en políticas y acciones nos parece fundamental. En el caso de España, no nos engañemos, esto sólo lo podrá hacer la educación pública -aunque aceptemos que pueda haber agentes del llamado tercer sector que luchen por los mismos objetivos-.

Concretando nuestra propuesta, planteamos desplegar una red potente de escuelas de personas adultas en todo el territorio. Hablamos de escuelas públicas y 100% gratuitas, con unas ofertas formativas lo más diversificadas posible y que atiendan todas las dimensiones de la persona (y no sólo su rol de trabajador) a lo largo de la vida. Escuelas con verdadera vocación de servicio público para erradicar las desigualdades educativas y sociales. Y, por último, escuelas orientadas a la transformación social y donde poder hacer realidad la ciudadanía activa, la equidad y la cohesión social. Es decir, hablamos de volver a los orígenes y recuperar de alguna manera el espíritu de aquellas primeras escuelas de personas adultas de las que hablaba Jaume Carbonell. Un espíritu, eso sí, actualizado también por los nuevos desafíos a los que debemos hacer frente en el siglo XXI, como individuos y como sociedad. Nos encontramos en un momento decisivo y nos jugamos el futuro. Necesitamos un cambio de mirada sobre la EPA y un activismo cívico para forzar a las administraciones a devolver a la ciudadanía lo que le pertenece: el derecho a la educación a lo largo de la vida.

Este artículo apareció en catalán en El diari de l’educació el pasado 13 de marzo de 2017. Para ver el artículo original, haz clic aquí.

 

“Dos ciudades” de Adam Zagajewski

dos-ciudadesEn Dos ciudades (Acantilado: 2006), Adam Zagajewski (Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017) nos cuenta cómo en 1945, con tan solo cuatro meses, él y su familia tuvieron que abandonar la ciudad de Lvov (después de ser incorporada a la Unión Soviética; hoy parte de Ucrania) y asentarse en Gliwice (ciudad alemana que Polonia se acababa de anexionar). A este hecho decisivo en su vida habría que añadir el exilio que en 1975 lo llevó a París huyendo del régimen comunista. En definitiva, estamos ante la propia biografía como un reflejo fiel de la historia reciente de Europa. Por todo ello, Zagajewski habla de sí mismo como de “una persona sin hogar”:

Si los hombres se dividen en sedentarios, emigrantes y los que no tienen hogar, probablemente yo formo parte de esta última categoría, si bien la concibo de un modo archimaterial, sin una sombra siquiera de sentimentalismo o autocompasión.

Los sedentarios mueren donde nacieron. Existen casas de campo que una misma familia habita desde hace más de diez generaciones. Los emigrantes anidan en el extranjero y de esta manera hacen posible que sus hijos vuelvan a formar parte de la categoría de los sedentarios (aunque hablen otro idioma). De modo que el emigrante es un eslabón intermedio, un guía que coge de la mano a las generaciones venideras para conducirlas hasta otro lugar, que cree más seguro.

En cambio, un hombre sin hogar es alguien que, por obra del azar, por un capricho del destino, por su culpa o por culpa de su carácter, no quiso o no supo en sus años de infancia y de juventud entablar relaciones estrechas e íntimas con el entorno en que crecía y maduraba. No tener hogar no implica, pues, vivir bajo un puente o en el andén de una estación de metro poco concurrida… Sólo significa que la persona con esta tara es incapaz de determinar la calle, la ciudad o el pueblo que considera su hogar y, como suele decirse, su patria chica.

En mi caso, se impone una explicación, aunque tal vez demasiado fácil y evidente. Mi infancia transcurrió en una fea ciudad industrial. Me llevaron allí cuando tenía apenas cuatro meses de vida y, más tarde, oiría hablar durante años de Lvov, la ciudad extraordinariamente hermosa que mi familia había tenido que abandonar.

zagajewskiEs por eso, o al menos así me lo parece, que me convertí de por vida en una persona sin hogar.

Entre los recuerdos que jalonan las páginas de Dos ciudades, los relacionados con la escuela son los que aquí consignaremos. En primer lugar, así describirá Zagajewski  la apariencia exterior de su escuela:

La escuela recordaba un cuartel… Las mujeres de la limpieza fregaban las escaleras, los pupitres y las ventanas, trajinando de un piso a otro pesados cubos llenos de agua o arrastrándolos bruscamente por el pavimento de baldosas. En el patio de la escuela crecían dos castaños enormes. Bajo uno de ellos, se elevaba el montón de coque preparado para el invierno. En cuanto sonaba la campana que anunciaba el recreo, un tropel de alumnos y alumnas salía disparado de las aulas y, con una premura frenética, se derramaba por el patio.

También encontramos el retrato de uno de aquellos profesores que Zagajewski recuerda de manera especial.

El profesor de historia tenía el apodo de Augustus. Era de media estatura, calvo y usaba gafas. Y en efecto sufría la inestabilidad de carácter típica de los emperadores romanos. A veces estaba tranquilo, dominaba sus reacciones y sabía explicar con cierta fruición la importancia de la revolución industrial para el desarrollo de la Europa del siglo XIX. Y a ratos no respondía  de sus actos, se ponía histérico y echaba de clase a todo aquel que se distrajera, aunque fuese por un segundo. Tenía sus discípulos predilectos y cada dos por tres los mandaba de compras. No veía ningún inconveniente en entregarle el dinero a uno de aquellos chicos de los recados y ordenarle que le comprara café, pasas, azúcar o incluso vodka, y volviera con el encargo a la escuela.

Su tema preferido era la Primera Guerra Mundial. Podía parecer que hubiera sido él quien la hubiera declarado y la habría ganado. Se plantaba ante un mapa rosado de Europa gritando: ¡El objetivo era dividir de nuevo un mundo ya dividido! ¿Me oís? Dividir un mundo ya dividido. Arreaba puñetazos al mapa de Europa, que cedía suavemente a sus golpes, el Rin y el Danubio se balanceaban por un instante, había un terremoto en los Cárpatos, y en Islandia manaban nuevos géiseres.

Pero por encima de todos, el recuerdo de nuestro autor se detiene en el que fue su profesor de literatura polaca:

El profesor M. daba literatura polaca… Se reía poco y, si acaso, lo hacía para burlarse de nosotros, sus alumnos. Nos despreciaba y nos lo demostraba a cada momento… Nos hablaba de sus héroes intelectuales, pero al mismo tiempo nos daba a entender que aquéllos eran asuntos demasiado difíciles para nosotros. Hablaba con la mitad de la boca, porque una mueca torcida, desdeñosa, ausente y altiva no desaparecía nunca de su rostro…

LvovA pesar de esta altivez, Zagajewski atribuye su despertar al universo intelectual y cívico, desconocido hasta entonces para él, a la influencia de su profesor:

  … para mí fue una de las primeras figuras que representaban, aunque de una manera harto deficiente y provinciana, el talante social y cívico que constituía la razón de ser de casi toda la ´intelligentsia´. Poco a poco, fui descubriendo los encantos del mundo de la ciudadanía. Aquellas conversaciones hasta altas horas de la noche. Aquella sensación penetrante de unión, proximidad y posesión de algo inasible, de un país en parte legendario llamado Polonia. Durante mucho tiempo, estuve persuadido de que el sentimiento inefable de impotencia era uno de los rasgos constitutivos del universo cívico.

Zagajewski apunta cómo para su profesor todo tenía un valor social y comunitario: “Se notaba que, para él, todo tenía que ser si no cooperativista, por lo menos social y comunitario”. Si bien, nuestro autor ya entonces se mostraba reacio a aceptar que todo pertenece a todos:

Otro elemento de aquella filosofía, y aún más importante, era la tesis que yo conocía tan bien de las clases con el siempre disgustado profesor M., a saber, que todo es social, comunitario y colectivo. No me veía capaz de formular una protesta, no disponía de los argumentos adecuados, pero sentía en la piel que no todo pertenece a todos. Nos distinguimos uno del otro y tenemos unas vivencias que la comunidad nunca conocerá.

Aquellas objeciones que Zagajewski no fue capaz de formular entonces a su profesor aparecen recogidas en el discurso que pronunció con motivo de los Premios Princesa de Asturias 2017:

En el mundo actual todos quieren hablar sólo de la comunidad y de política, y es cierto que esto es importante. Pero también existe el alma particular con sus preocupaciones, con su alegría, con sus rituales, con su esperanza, su fe, su deslumbramiento que, a veces, experimentamos.

Zagajewski le debe también a M. el descubrimiento del vínculo entre lo social y lo no social a raíz del encuentro con un poeta programado por su profesor:

Un día, el profesor M. nos anunció que el próximo martes se celebraría un encuentro con un joven poeta y, por tal motivo, se suspendería la clase de la última hora. Naturalmente, nos pusimos contentos, aunque no esperábamos gran cosa del poeta… Nos habló como si fuéramos adultos y esto nos halagó.

Fue el primer poeta verdadero que oí de viva voz… Entonces entendí, o por lo menos intuí, que era posible relacionar los asuntos sociales con los no-sociales y que se podía hablar de algo perteneciente a la comunidad, sobrepasando esta categoría.

Y por último, según José María Guelbenzu (El País, 11 de noviembre de 2006), “Dos ciudades contiene, además, una sección titulada ‘Archivos abiertos’ donde el autor reflexiona en forma narrativa sobre el mundo asfixiante del otro lado del telón de acero con perspicacia, lucidez y tristeza no reñidas ni con un fondo de humor muy tenue ni con la decisión de no dar un paso atrás en su experiencia. Y hay otra sección, titulada ‘El nuevo pequeño Larousse’, que es una especie de miscelánea de textos breves, cargados de connotaciones literarias y deudores de sus lecturas, tan ejemplar como atractivo. Es un libro maravilloso y no hay más que decir de él”.

 

Mochilas para el aprendizaje adulto. ¿Cómo aprovechar la experiencia previa del alumnado en las escuelas de personas adultas?

entera2La Educación de Personas Adultas (EPA) debería caminar hacia el reconocimiento de la experiencia previa del alumnado y, además, debería permitir la entrada en sus aulas del gran caudal de saberes que atesoran sus participantes. Al hacerlo se mejoran: la autoestima, la motivación y la integración de nuevos aprendizajes por parte del alumnado. El aula y la institución escolar se aprovechan, al mismo tiempo, de una inteligencia construida colectivamente, porque ¿qué institución se puede permitir desperdiciar el talento de sus integrantes?

Los beneficios de llevar los saberes de todos a la plaza pública del aprendizaje adulto son innumerables. Los participantes ganan en autoconocimiento al tener que rastrear aquellos aspectos de su biografía que merecen ser compartidos: una experiencia vital, una ocupación profesional, una afición… Romper con el prejuicio negativo de que no destaco en nada o no tengo nada interesante que contar, con el que acuden algunas personas a nuestros centros, ya podría ser un objetivo en sí mismo de la educación de personas adultas. Vencido ese escollo, emergen de manera natural el autoconcepto y la autoestima; también la motivación, en el caso del alumnado más joven. Si partimos de la base de que todos somos expertos en algo, cambia la naturaleza misma de todo lo que ocurre en un aula: intercambiamos roles y ganamos en horizontalidad; concebimos el conocimiento y su apropiación de una manera más democrática; ampliamos nuestros horizontes más allá del currículum oficial; e integramos más espontáneamente nuevos aprendizajes. Al mismo tiempo, descubrir las facetas ocultas de los miembros del grupo convierte a estos, en muchos casos, en algo más que meros compañeros, pudiendo mejorarse las relaciones interpersonales de manera significativa. Y, en último lugar, el centro escolar también se beneficia de una inteligencia construida colectivamente porque ¿qué institución se puede permitir desperdiciar el talento de sus participantes?

De entre todas las ofertas formativas que encontramos en la EPA, el Graduado en Educación Secundaria y, en concreto, el ámbito de la Comunicación se nos revelan como idóneos para sacar a la luz todo el bagaje (formativo, laboral y experiencial) del alumnado. Con este fin, las herramientas tecnológicas pueden convertirse en un aliado indispensable.

De manera inevitable, al permitir que emerjan los saberes del alumnado estaremos desarrollando: la competencia en comunicación lingüística, la competencia para aprender a aprender y las competencias sociales y cívicas. La propuesta que aquí hacemos consiste en incorporar además la competencia digital. Se trataría de un 2×1: poner en valor aquello en lo que uno es experto a través de la comunicación oral y/o escrita, pero con el apoyo de diferentes herramientas informáticas. Así, si de lo que se trata es de presentarse uno, ¿por qué no hacerlo a partir de una nube de palabras? ¿Qué ganamos con ello? Vislumbramos tres grandes ventajas: en primer lugar, el alumnado se alfabetiza digitalmente o mejora sus competencias digitales, según los casos; en segundo lugar, las producciones orales y escritas resultan más atractivas y motivadoras si cuentan con el soporte tecnológico; y, en tercer lugar, se facilita la difusión de dichas producciones (a través de blogs, redes sociales, etc.). En resumidas cuentas, los recursos tecnológicos pueden convertirse en un aliado indispensable para la comunicación; para la búsqueda, selección crítica y tratamiento de la información; y para la creación de contenidos.

De todo ello daremos cuenta en este artículo en el que contaremos algunas de las experiencias llevadas a cabo en las clases de Castellano del último curso conducente a la obtención del Graduado en Secundaria. Todas ellas buscan poner en valor los saberes del alumnado adulto. El artículo apareció en el número 5 de la revista enTERA2.0 de la Asociación Espiral dedicado al aprendizaje a lo largo de la vida. Para leer el artículo completo, haz clic aquí.

 

Blogs que hacen comunidad. La experiencia del blog Talaia del CEPA Pitiüses de Eivissa

Autores del artículo aparecido en la revista “enTERA2.0” (@ciberespiral):

Maximiliano Alcañiz: @maxialgar. Profesor del Ámbito de la Comunicación en Educación de Personas Adultas en la EPA de Paterna (València), EPA Vicent Ventura de València, CEPA Pitiüses de Eivissa y actualmente con destino en el CPEPA Concepción Arenal de Zaragoza. Miembro de la Comunidad de Docentes de Educación para Personas Adultas. Blog: vislumbramos.wordpress. com

Anna Tur: @turroselloanna. Anna M. Tur Roselló, llicenciada en Filologia catalana, professora de l’àmbit de comunicació en Educació de Persones Adultes del CEPA Pitiüses d’Eivissa. Membre de la Comunidad de Docentes de Educación para Personas Adultas.

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En el diccionario de la Lengua Catalana del IEC, talaia (atalaya en castellano) es una “torre desde la que se puede observar el campo, el mar, etc. y dar aviso de lo que se ha descubierto”. Además, la palabra talaia tiene una sonoridad especial para los pitiusos, ya que la cima más alta de las Islas Pitiusas lleva el mismo nombre: sa Talaia. Según la Enciclopedia de Ibiza y Formentera, la palabra talaia tiene su origen en el árabe, como plural de talika: “centinela”.

Gracias a la etimología descubrimos que talaia, además de un lugar, designa a una persona, el centinela. La metáfora nos inspiró a la hora de crear el blog Talaia, ya que lo que buscábamos era otear a las personas que conforman nuestro centro y dar aviso de lo que se descubre: personas extraordinarias, sorprendentes, creativas, dinámicas. Así, los protagonistas son todos los miembros de la comunidad educativa -no sólo el alumnado- y el foco está puesto más sobre el lado humano que sobre el académico. De esta manera, con una periodicidad semanal, se ha publicado una entrada dedicada a una persona del centro, poniendo de relieve una faceta personal que muchas veces es desterrada por las dinámicas escolares. Hemos querido recuperar la dimensión más humana, más allá de nuestro rol en el centro, y así poder aprender de todos. Hemos descubierto deportistas, artistas, personas con una habilidad especial o con una experiencia de vida destacable… En definitiva, aquello que somos y que frecuentemente permanece escondido en la escuela. La cita virtual semanal se ha completado con un encuentro presencial en forma de fiesta a la que asistió la mayor parte de los protagonistas del blog.

El blog se ha ido convirtiendo en un espacio de cruce en el que confluyen la dimensión emocional y la inteligencia colectiva de los participantes. Quien mejor lo expresa es Montserrat C., una de las protagonistas, cuando dice:

El blog Talaia ha supuesto para mí un acercamiento, no sólo a mis compañeros de clase, sino a todos los integrantes de la escuela, incluyendo a los profesores. He esperado con ilusión cada nueva entrada, como un “talaia”, sí, como un centinela ávido por descubrir de cada uno el aspecto personal que nos hace a todos únicos. Gracias por esta iniciativa que nos permite mirarnos mutuamente con respeto y admiración.

Este artículo intenta encontrar una respuesta a la pregunta de si un “simple” blog puede ayudar a hacer comunidad, a crear vínculos, a valorar y a valorarnos. En el intento, rescataremos algunos fragmentos de las historias (a menudo lecciones) de vida esparcidas por el blog, que nos hacen más sabios y que nos mejoran como comunidad.

Blogs y comunidad

La alfabetización digital es uno de los requerimientos de la sociedad a los centros de educación de personas adultas. Sin embargo, no se trata de ofrecer unos cuantos cursos, sino de que las nuevas tecnologías acompañen el desarrollo del currículum en su conjunto. En este sentido, creemos que las nuevas tecnologías no deben ser un fin en sí mismas, sino un medio para la adquisición de más y mejores aprendizajes para todos. También consideramos que las tecnologías deben estar al servicio de las personas y de la tarea humanizadora de la escuela.

Entre las nuevas tecnologías se encuentran los blogs. Para nosotros, han sido y aún son aliados muy útiles para la innovación educativa. Nos permiten abrir la escuela, compartir conocimientos y trabajar de otra forma (más participativa, diversa y creativa). Todos nuestros blogs nos son útiles en la medida en que nos permiten acercarnos los unos a los otros. Es la forma que tenemos de conjurar la distancia y el aislamiento. Es la manera que tenemos de crear redes de conocimiento ciudadano, escolar y docente.

Pensamos que un blog puede ser una herramienta útil para dar visibilidad a tres de los estándares que deberían cumplir todas las escuelas de personas adultas: la diversidad, la participación y la creatividad. En cuanto a la diversidad, esta es un hecho intrínseco a nuestros centros. Diversidad de edad, origen, experiencia formativa y laboral, intereses, trayectorias vitales… En el hecho de ser el tramo educativo más parecido a la sociedad -con toda su complejidad y riqueza- radica el verdadero potencial transformador de la Educación de Personas Adultas (EPA). Un blog puede ser un reflejo de esta diversidad, como un espejo, y puede servir para darla a conocer y potenciarla, dentro y fuera de la escuela. En cuanto a la participación, un blog puede ser la demostración de que se aprende a participar participando. Todos están convocados a colaborar, más allá del rol como enseñantes y aprendices (porque aquí todos somos enseñantes y aprendices, intercambiando constantemente los papeles). Un blog puede convertirse, pues, en una vía de participación, es decir, en una vía para ejercer nuestra condición de ciudadanos dentro de las escuelas. Respecto a la creatividad, uno de los desafíos de los centros de personas adultas sería crear las condiciones más favorables para que ésta emerja.

¿Podemos ayudar a hacer comunidad educativa desde un blog? Diríamos que sí. Encontramos la imagen más clara de esta respuesta el   día que celebramos la fiesta de homenaje a los participantes del blog. Había una muestra de todo lo que es la escuela: mujeres y hombres, jóvenes  y no tanto, de aquí y de allá, personas con diferentes tareas en el centro (alumnado, voluntariado, profesorado, personal no docente) y de todas las modalidades (enseñanzas iniciales, catalán, español para extranjeros, ESPA, acceso a la UIB y a CFGS). Con un acto sencillo, pusimos de manifiesto  que somos una comunidad y que, desde nuestra humanidad compartida, tenemos mucho que aportar.

El blog Talaia

¿Qué mejor forma de presentar nuestro blog que dar voz a sus protagonistas? Eso es lo que haremos: un recorrido por algunos de los testimonios más relevantes agrupados en dos apartados: la vida de la escuela y la escuela de la vida. En el primero, consignaremos experiencias relacionadas con la institución escolar; en el segundo recogeremos aquello que sólo se aprende en la vida.

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La vida de la escuela

Separar la vida de la escuela no es una tarea sencilla, tal como lo demuestran los testimonios de los participantes de Talaia. Interrogarnos por nuestras vidas nos lleva en muchas ocasiones a la escuela (o a su ausencia). En ciertos casos, los relatos hablan de dificultades para acceder a la educación formal: “Nunca había ido a la escuela, ya que vengo de una familia de artistas y me crié en un circo, donde me enseñaron muy poco a leer y escribir. Yo misma aprendí un poco mirando los carteles del circo y juntando palabras. De escuelas que no fueron, hay más testimonios: “(Asistir a la escuela de adultos) también creo que fue una manera de quitarme una espinita que llevo clavada, ya que en su momento, cuando terminé COU en el Instituto Santa María, me habría gustado seguir estudiando, pero como entonces tenías que salir fuera de la isla, mis padres no me dejaron, no porque no pudieran permitírselo, sino porque no lo veían conveniente. Mentalidad del tiempo”.

Otra clase de dificultad es la que se deriva de los procesos migratorios. Estos comportan ajustes de todo tipo, y uno de ellos puede ser la adaptación a un nuevo sistema educativo. Y aquí es donde la escuela se la juega: o integra o excluye. El testimonio de este alumno es un ejemplo de ello: “Cuando tomé la decisión en Argentina de cambiar mi vida, dejar todo atrás y empezar de nuevo, nunca pensé que además en el proceso de aprender la lengua de aquí, conocería un lugar como el CEPA Pitiüses. Fue un gran desafío volver a estudiar ya con mis 49 años junto a personas de todas partes del mundo”.

A veces, los obstáculos para formarnos los creamos nosotros mismos. Si tenemos la suerte de superar nuestros miedos, todo se transforma. En este testimonio se concentra todo el sentido de lo que queremos decir: “No podía ir a la universidad porque nunca hice la selectividad. Año tras año me decía a mí misma: ‘este año hago el acceso para mayores de 25’, y año tras año yo misma me quitaba las ganas: ‘no tengo tiempo’, ‘¿dónde voy yo con mi edad?, ‘el temario es muy extenso’… Yo misma me ponía los límites. El segundo día de exámenes, cuando acabé el último, nunca lo olvidaré, fue el de Historia, me metí en un baño de la universidad y lloré y lloré de la emoción de haber hecho, por fin, aquello que siempre me había propuesto. ¿Por qué no lo había hecho antes? No puedo explicarlo, nosotros mismos nos ponemos las trabas. ¡Ahora nadie me va a parar, ni yo misma! Os animo a seguir vuestros sueños, o a quitaros la espinita clavada en vuestro corazón, como me pasaba a mí. Simplemente hay que hacerlo, no darle más vueltas, no ponerse más barreras ni límites. Sólo tenemos una vida, ¡hazlo!”.

En otros casos, los impedimentos para acceder con plenitud al sistema educativo vienen de circunstancias relacionadas con nuestro entorno: “Cuando era pequeño, no me iba nada bien en la escuela. Era un niño muy tímido, con muchas inseguridades, incluso tartamudeaba al hablar con alguien. ¡Eso sí, muy majo! Resumiendo, no tenía lo que se dice un entorno adecuado de aprendizaje. Siempre he tenido una espina clavada con este tema y no encontraba el momento de retomar los estudios…”.

Para superar los obstáculos derivados del momento histórico, de los procesos migratorios, de los límites que nos autoimponemos o de las circunstancias, están las escuelas de personas adultas. ¡Nada menos! Hay quien habla de estas escuelas como centros de una segunda oportunidad, pensando en las segundas oportunidades del alumnado. Nosotros preferimos pensar que es el sistema educativo el que tiene una nueva oportunidad de hacer las cosas bien mediante estos espacios formativos. En este sentido, la idea de aprovechar las oportunidades que la vida nos da es recurrente: “Soy alumno de la Escuela de Adultos porque pronto llegará mi jubilación y quiero aprovechar para aprender y estudiar lo que no pude de joven”. O también: “estoy muy contento por tener la oportunidad de estudiar y lo recomendaría a todo aquel que no haya tenido la oportunidad de hacerlo en su momento”. Otro dice  esto: “(la escuela de adultos es) una manera de tener la cabeza activa, adquirir conocimientos y rememorar conceptos que se te han quedado olvidados por el camino”. La receta no es otra que la motivación y “la ilusión de aprender, no la obligación”. Motivación, pero también un ambiente proclive a ella: “Me cuesta mucho, por eso he estado varias veces a punto de tirar la toalla y dejarlo, ya que me cuesta más que a los demás. Con todo, desde que voy a la escuela he hecho muchos amigos de verdad”.

¿Y qué pasa cuando la vuelta al aula no se decide desde la libertad, sino que se es impuesta por algún requerimiento externo a nosotros? “A mi regreso a Ibiza me topé con la realidad y es que sin la ESO no me puedo dedicar profesionalmente a trabajar en ningún sitio relacionado con lo que ahora me gustaría hacer y es por eso que me matriculé en el CEPA. No descarto seguir estudiando en la rama de sanidad y animo a todos a que sigan su sueño y que crean que todo es posible”. En esta línea tenemos este otro testimonio: “Desde septiembre estoy aprendiendo catalán porque lo necesito para poder dar clase en escuelas…”. No debe ser casualidad que, en ambos casos, una vez comenzado el camino formativo, no haya marcha atrás y se decida seguir estudiando.

En el blog Talaia también participan maestros y profesores, uno de los cuales reflexiona al respecto de los requerimientos que una escuela cambiante provoca en los docentes: “Escribo estas líneas con inseguridad, porque los docentes no estamos acostumbrados a mostrarnos a la comunidad educativa desprovistos del rol que la escuela nos reserva. Hemos desterrado de los centros escolares cualquier rastro de nuestro yo más íntimo por miedo a mostrarnos vulnerables o por una concepción errónea de la modestia. Asimismo, ahora sabemos que la educación emocional debería formar parte de manera irrenunciable de cualquier proceso de enseñanza y aprendizaje”. También encontramos futuras maestras, una de las cuales nos regala esta cita con la que no podríamos estar más de acuerdo: “La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” (Howard G. Hendrick). Y también tenemos ex alumnos que ahora son voluntarios, una de ellas nos dice: “Ahora sigo en contacto con el centro, pues desde hace dos años ayudo como voluntaria en las clases de alfabetización, cosa que me resulta muy gratificante, ayudar a los demás con un pequeño granito de arena me llena como persona”.

La escuela de la vida

Al margen de la importancia de la escuela, sabemos que una gran cantidad de aprendizajes se dan fuera de la institución escolar. Rescatarlos y ponerlos al alcance de toda la comunidad educativa ha sido uno de los objetivos del Talaia. Por nuestra escuela han pasado y pasan personas de todo tipo, con un bagaje destacable: deportistas, escritores, artistas, músicos, inventores… Sin la complicidad de nuestro blog, es muy probable que toda esta riqueza hubiera quedado en la sombra. Con todo, sabemos que aún permanecen escondidos muchos de los tesoros de los miembros de la comunidad educativa del CEPA Pitiüses a la espera de que este blog u otras iniciativas puedan hacerlos salir a la luz. Haremos a continuación un repaso de algunos de los testimonios que nos recuerdan la escuela que es la vida.

Así, el primer testimonio que dio comienzo al blog puede ser uno de los más emotivos. Desde sus más de 80 años, Juan nos recuerda su oficio de carpintero, mediante el cual llegó a ser un verdadero artista: “Soy carpintero de oficio, que aprendí desde muy pequeño. Pues cuando sólo contaba doce años al salir de la escuela por la tarde, me iba a una carpintería para aprender. Todo esto lo explico para decir que conservo las herramientas antiguas que utilizaba cuando era joven, que querría donar a alguna institución para que las expongan si los responsables lo ven bien. Así los jóvenes podrían ver con qué herramientas trabajaban sus abuelos”.

Como decíamos, son muchos los alumnos tocados por la gracia del arte. No hablaremos ahora de todos. Únicamente recuperamos el testimonio de una de las alumnas dedicada al arte performativo: “Los artistas tienen una herramienta en sus manos que puede ser peligrosa, nunca debe ser un cuchillo y siempre debe ser una palabra que sane, aunque sea una verdad real y muy dura”. También contamos con una gran patinadora, que nos cuenta cómo “poco a poco, el grupo (de patinaje, del cual era la monitora) iba creciendo y yo iba aprendiendo a hacerlo mejor. Con otro chico, creamos Ibiza Patina en el 2011”. Y tenemos, además, una inventora, cuyas palabras nos animan a sacar nuestra vena creativa: “… una idea en un cajón no vale nada y que se animen a mover sus ideas y les den forma”.

Personas de una creatividad desbordante, que nos han dado auténticas lecciones de vida. Estamos frente a verdaderos maestros del oficio de vivir. Y, si no, aquí tenemos algunos testimonios. Comenzamos por este: “Pronto hará dos años que inicié la etapa de jubilada, ¡Qué júbilo tener tiempo y ganas! En un principio tuve el propósito (ilusorio) de mantener un equilibrio Cuerpo-Mente-Valores. Solo deseo seguir creciendo como persona, teniendo como pauta la frase de Terencio: Homo sum, nihil humanum a me alienum puto. Es decir: Soy hombre/mujer, y nada humano me puede ser ajeno”. Otro testimonio a propósito de la jubilación: “Ahora ya estoy jubilada y me gusta mucho porque me permite hacer muchas cosas que antes no podía hacer… En este momento también estoy trabajando en la biografía de mi madre (que también es maestra) y si sale bien, podría convertirse en un libro”.

Dentro del oficio de vivir también entran la enfermedad, las catástrofes o el duelo por la migración forzosa. Respecto a la enfermedad, aquí tenemos un mensaje de superación: “Quiero dejar mi testimonio, como un escrito de alegría, optimista y motivador… Hace tres años me diagnosticaron un grave cáncer de próstata. La noticia fue muy importante, muy dura. Yo, que toda la vida lo controlaba todo y tenía soluciones para todo, me encontré con un problema al que no sabía cómo hacer frente”. ¿Cómo sería vivir una catástrofe desde la primera línea? De eso nos habla otro centinela: “En el año 1970 fui el primer director de la Cruz Roja de la Juventud de Ibiza y, como tal, viví una de las peores experiencias de mi vida: el terrible accidente del avión que se estrelló en Roques Altes, en Sant Josep, el 7 de enero de 1972, en el que murieron 104 personas, y en el que al día siguiente me pasé todo el día recogiendo restos humanos…”. Y de las migraciones forzosas este otro testimonio: “mis bisabuelos emigraron con toda su familia al norte de África. Lo hicieron en llaüt a vela y la travesía duró 15 horas. Allí nació mi padre y gran parte de la familia que aún conservo”. Estos contratiempos, por descontado, también pueden ser una ocasión para crecer, tal y como nos lo demuestra está participante: “La casualidad me ha acompañado a lo largo de la vida. La denomino “casualidad elegida” porque en cada imprevisto, mudanza, triángulo sentimental o final de un trabajo por el motivo que fuera, la casualidad me ha ofrecido alternativas para mejorar mi vida… todas las experiencias, tanto las gratas como las infelices, me han enseñado algo y me han ayudado a crecer para ser la mujer que hoy soy, siempre en constante aprendizaje del mundo y de mí misma”.

No podíamos terminar este texto sin dar las gracias a todos los participantes del blog. ¡Gracias por las palabras, por la sabiduría transmitida y por la humanidad compartida!

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Día Internacional de la Alfabetización (8 de septiembre)

La presente entrada del blog no está dedicada a una persona, sino a muchas. Al menos a tantas como me he encontrado en los diferentes espacios formativos por los que he pasado (Valencia Acoge, la EPA de Paterna, la EPA Vicent Ventura y el CEPA Pitiüses) y que se esforzaban día a día por alfabetizarse. Bajo su inspiración, y con la ayuda de los compañeros Josep Miquel Arroyo y Ramón Paraíso, hemos escrito el siguiente texto coincidiendo con el 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización. 

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Analfabetismo cero, un reto pendiente

Desde 1966, la UNESCO celebra el 8 de septiembre el Día Internacional de la Alfabetización. Y más de 50 años después, la alfabetización sigue siendo aún una cuestión importante. Sí, posiblemente a la clase política mundial no le interese el tema, pero las cifras no engañan. Según fuentes de la UNESCO*, en 2015 había en el mundo 745 millones de adultos analfabetos. Esta cifra es más alta incluso que en 1950, ya que se calcularon 700 millones. El dato es aún más inquietante si se tiene en cuenta que desde 1950 hasta ahora se han llevado a cabo campañas educativas, los gobiernos han desarrollado planes de alfabetización, y se han facilitado el acceso a materiales impresos y a las tecnologías de la información. Esto significa que en 75 años las cifras de alfabetización se han mantenido más o menos constantes.

En España, y según datos del Instituto Nacional de Estadística publicados en 2016**, hay 669.400 personas analfabetas funcionales de más de 16 años. Eso en porcentaje es un 1,7%, de los cuales –y esto es lo más grave– sólo 12.800 realizan alguna formación. Puede que casi 700.000 personas no signifiquen nada, pero es una cifra que debería llegar a cero. Nadie debe quedar excluido por no estar alfabetizado, ya que hablamos de personas vulnerables frente al mundo al no poder comprender, analizar y reflexionar críticamente el entorno que las rodea. Así que, por ellas y por los casi 750 millones de adultos, es imperativo acabar con el analfabetismo.

Además, la globalización, las migraciones y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación están generando mayores desigualdades, sociedades cada vez más multiculturales y unas oportunidades sin precedentes para acceder de manera rápida y ubicua a la información. Por ello, los requerimientos a los que debe hacer frente la ciudadanía son cada vez más diversos y desbordan los límites de la alfabetización tal y como se entendía hace sólo unas décadas. En definitiva, hoy nos encontramos ante un concepto de alfabetización más dinámico y plural. En consecuencia, no cabe entender la alfabetización únicamente como el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura sino que existen diferentes tipos de alfabetización.

Uno de ellos es la llamada alfabetización funcional. Tiene como objetivo, una vez conseguido un nivel mínimo de alfabetización, que los alumnos aprendan conocimientos para acceder a puestos de trabajo o facilitar el salto a otros estudios superiores. Esta tipología se torna más compleja cuando llega Paulo Freire y su idea de la alfabetización como primer paso a la libertad, al empoderamiento del alumno. En esencia, la concepción de la alfabetización de Freire aporta conciencia al hecho del aprendizaje y cuestiona su finalidad domesticadora. Sus ideas son aún vigentes, más cuando han continuado apareciendo otros tipos de alfabetización para adaptarse al signo de los tiempos. Aún así, si los motivos de la alfabetización son aprender a leer y escribir, perfeccionar conocimientos, obtener un trabajo o tener espíritu crítico, debemos dar respuesta a todos ellos.

Y es que no hay otra salida. La alfabetización es la llave que puede posibilitar el aprendizaje a lo largo de la vida. En este sentido, la alfabetización no supone un punto y final sino más bien un punto y seguido hacia la formación básica. De ello sabemos mucho en los centros de formación de personas adultas. Son, sin duda, espacios clave donde librar la batalla, instituciones que además de contar con profesionales formados, capacitados y con amplia experiencia en las tareas de alfabetización, también ofrecen un amplio programa de propuestas formativas que van mucho más allá de la lectoescritura y que pueden tener un impacto considerablemente positivo en el desarrollo tanto profesional como personal de las personas. Arte, historia, ciencias, cultura y gastronomía locales o cursos de introducción a las nuevas tecnologías son sólo algunas de las formaciones que pueden contribuir a enriquecer el bagaje cultural de los estudiantes, ofreciendo, además, espacios para la interacción social y en muchas ocasiones intercultural.

Por tanto, la tarea central de un centro de educación de personas adultas consiste en dotar a sus participantes de las herramientas necesarias para leer y escribir su propia historia (construyendo sus propios proyectos de vida), la sociedad (ejerciendo sus derechos y obligaciones como ciudadanos/as) y el mundo (descubriéndolo e interpretándolo). Aunque si bien es cierto que en algunas comunidades las formaciones en  alfabetización se están viendo relegadas a un segundo plano por parte de la administración, no lo es menos que muchos centros que sí que cuentan con cursos de alfabetización viven con desesperación el declive en el número de inscritos. Y todo ello, sabiendo a ciencia cierta que existe una clara necesidad social en su entorno inmediato. ¿Qué hacer?, ¿cómo llegar a este alumnado que no se acerca a los centros?

Un elemento a tener en cuenta es el perfil de los alumnos sin alfabetizar. En el estado español ha cambiado mucho en las últimas décadas. Junto a mujeres mayores –participantes habituales de los programas de alfabetización–, las recientes migraciones esconden, en algunos casos, un buen número de jóvenes sin alfabetizar. Los centros de educación de personas adultas –con la colaboración de las entidades sociales y otras administraciones– deberían estar atentas a estas nuevas realidades y ofrecer respuestas integrales (que incluyan itinerarios formativos completos), atractivas (contextualizadas y útiles) y flexibles (permitiendo la conciliación laboral y familiar).

Pero, ¿y los centros?, ¿qué podemos hacer desde los centros para afrontar este enorme reto? En primer lugar, y no es poca cosa, estar atentos a las necesidades del entorno. ¿Qué formaciones necesita nuestra comunidad? Encuestas de intereses y necesidades formativas, diálogo con las asociaciones locales y con los departamentos municipales que corresponda o con otros centros educativos de la zona pueden ser algunas de las vías para conocer cuáles son las necesidades de nuestro entorno inmediato. A partir de aquí, y en la medida de lo posible, se trata de ofrecer (consensuar, incluso) propuestas adaptadas a estas necesidades. En este sentido, algunos centros tendrán margen de actuación, otros no. En el primer caso, se trata de adaptar las formaciones a las necesidades de los colectivos implicados, tratando de que sean efectivas y, por supuesto, estableciendo un compromiso inexcusable de exigencia de resultados. En caso contrario, se trata de establecer un diálogo con la administración educativa competente para definir de manera coordinada los programas formativos necesarios para el desarrollo local.

Entendiendo la administración que el objetivo debe ser el “analfabetismo cero”, existen, sin lugar a dudas, líneas de trabajo que pueden llevarnos a erradicar este peso que cargamos como sociedad. Y para ello, parece evidente que son las administraciones educativas las que deben dar un paso adelante para situar el “analfabetismo cero” como uno de los objetivos clave del sistema educativo. Para ello, cabe dotar de recursos humanos, económicos y organizativos a los centros para que puedan desarrollar programas de alfabetización eficaces, flexibles y adaptados a las necesidades del entorno. Por otro lado, debe promoverse la formación del profesorado y la investigación en nuevas metodologías que aporten nuevos modelos formativos que contribuyan a reducir las tasas de analfabetismo. Otra línea de actuación importante por parte de las administraciones, en nuestra opinión, implicaría eliminar programas de alfabetización duplicados y evitar “lanzar” esta formación desde distintos departamentos y/o esferas administrativas. El trabajo transversal es necesario, sin duda, pero consideramos que el hecho de promover y duplicar múltiples ofertas desde distintas áreas contribuye a generar incomprensión y a desorientar al alumnado. Por último, la administración educativa debe velar por prestigiar, visibilizar, potenciar y comunicar esta oferta formativa. En este sentido, no estaría de más una campaña de comunicación autonómica y/o estatal junto con el desarrollo de políticas de sensibilización sobre la cuestión, además del diálogo permanente con los centros de formación de personas adultas.

En conclusión, la alfabetización sigue siendo a día de hoy una asignatura pendiente. Y el 8 de septiembre debemos reivindicar a administraciones, agentes, educadores y profesores que la cifra de analfabetismo sea cero. Pero, además, debe ser el día para reivindicar el valor de la palabra escrita, de la palabra oral, de la palabra digital. El 8 de septiembre es el día de reivindicar una actitud crítica ante el mundo que nos rodea y que se va (re)descubriendo con cada aprendizaje. Es el día de reivindicar que aprender es construir algo más que un futuro. Vamos entonces a superar el reto que tenemos pendiente con esos millones de personas. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para poner el contador a cero y que empiecen su camino hacia el empoderamiento real.

 

*Fuentes: UNESCO. Base de datos del UIS (UNESCO Institute for Statistics).

**Fuentes: INE Encuesta de Población Activa, Sexo, Nacional, Analfabetos, 2016 del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Raghav Mehta

Foto Mehta 3Para un docente hay pocas satisfacciones comparables al hecho de encontrar a un exalumno/a al cabo del tiempo y comprobar que las cosas le van bien, razonablemente bien, y que ha logrado alguno de sus sueños. Eso es lo que me pasó hace ya casi un año con Raghav Mehta. Fue entonces cuando me lo encontré de manera casual en el negocio que acababa de abrir en una céntrica zona de la ciudad. Con la sencillez que le caracteriza, fue poniéndome al día respecto a todo lo que había pasado por su vida desde que dejó la escuela Vicent Ventura hasta ese presente tan ilusionante que entonces vivía.

Una de las señas de identidad de la Escola de Persones Adultes Vicent Ventura es la atención a las personas migrantes. Durante años han poblado sus aulas cientos de personas que buscaban aprender alguna de las lenguas oficiales y también infinidad de jóvenes que no encontraban acomodo en el sistema educativo ordinario (por un dominio incipiente de las lenguas de aquí, Foto Mehta 1por razones de edad, por cuestiones relacionadas con su situación administrativa o por otros motivos de índole personal). Mehta fue uno de ellos. Podríamos decir que la Vicent Ventura fue para Mehta ese espacio cálido en el que gestionar de manera positiva algunas de las transiciones asociadas a todo proceso migratorio y en el que además poder formarse. De aquellos años Mehta dirá: “recuerdo a toda la buena gente que encontré y que me ayudó todo lo que pudo”. De los profesores recuerda que eran “muy profesionales y dedicados a su trabajo”. A mí me dedica estas cariñosas palabras: “me gustaba mucho que siempre estuvieras ayudando a todos y que ahora mantengas el contacto con tus estudiantes”. Por mi parte, recuerdo a un alumno muy trabajador y extremadamente amable y colaborador. Del valor que Mehta da al esfuerzo dan fe estas palabras: “los estudiantes que estaban concentrados en sus estudios y en su futuro ya están viviendo la vida mucho mejor”. En mente imagino que tendrá su propia historia y la de otros compañeros de la Escuela con la que aún mantiene el contacto.

Foto Mehta 4Hasta llegar a ese presente de joven emprendedor, Mehta tuvo que pasar por muchos otros trabajos. Su experiencia no debe distar mucho de la de millones de personas que, movidas por la necesidad o por las ganas de prosperar, emigran en busca de un futuro mejor. Así relata su paso por el mundo del trabajo:
Es muy difícil encontrar trabajo y cuando lo tienes son muchos los que explotan a los trabajadores: no pagan las horas extra, ni pagan toda la Seguridad Social… En esos casos, solo tienes una opción: hacer el trabajo que te dicen –lo que sea– si no te vas a casa. Cuando los jefes se enteran de que no puedes dejar el trabajo por problemas económicos o familiares, te cargan de trabajo hasta que “mueres”. En resumidas cuentas, sabes qué tienes que hacer si no quieres perder el trabajo.

Foto Mehta 2El relato no podría ser más aterrador. Ya lo sabíamos, pero contado de primera mano por alguien que lo ha vivido el testimonio cobra una fuerza inusitada. Con todo, Mehta no perdió la esperanza, ni creo que la pierda nunca. En esos momentos echa mano de la sabiduría paterna que le recuerda que “si han pasado los buenos momentos, estos malos también pasarán”. Al saber lo difícil que es que las cosas funcionen, todo su empeño lo concentra en una única dirección: “como soy nuevo en el negocio, estoy haciendo muchas horas para que funcione”. Con una determinación así, es más fácil que el viento sople a tu favor.

Más pesimista es sobre la marcha del mundo, que “va a seguir como sigue”. La insolidaridad seguirá rigiendo nuestras vidas, pues “la gente hace lo que quiere sin pensar en las consecuencias que ello tendrá para otras personas. Cada uno piensa solo en él”. Por todo ello, “me imagino que el futuro será peor Foto Mehta 9de lo que estamos viviendo. Cada vez hay más gente que roba, cada vez es más difícil encontrar un trabajo…”. ¿A qué asirse en un mundo así? Mehta lo tiene claro: “es la familia quien piensa lo que es mejor para ti. Son ellos los que nos podrán evitar futuros problemas”.

Gracias, Mehta, por tus palabras y gracias por tu generosidad. Te mereces que todo te vaya muy bien. ¡Mucha suerte!