“Querido señor Germain”

Uno siempre confía en que sus alumnos/as lleguen a lo más alto. Lo que seguramente uno nunca espera es que a ese alumno/a le concedan el Premio Nobel. Pues bien, eso es lo que le ocurrió al profesor Louis Germain con su alumno Albert Camus. Camus obtuvo el Nobel de Literatura en el año 1957 y ésta es la carta que dirigió a su antiguo profesor:

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En esta breve carta se resume el propósito de la educación: reconocimiento y humanización. Emociona el tono de Camus al “hablarle de todo corazón” al señor Germain y emociona el profundo agradecimiento que encierran estas palabras: “cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted”. ¿Y qué es lo que convirtió al señor Germain en un profesor memorable para Albert Camus? En la carta se habla de dos atributos: actitud amable y enseñanza: “sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto”. El binomio “mano afectuosa” y “enseñanza” obró el milagro.

Pero no podemos pasar por alto ese “al niño pobre que era yo”. Y aquí es donde los docentes nos deberíamos reencontrar con el sentido de nuestra tarea: la educación (especialmente la pública) sería, pues, esa herramienta llamada no ya a compensar desigualdades sino a transformar las condiciones sociales que perpetúan las injusticias. Sin la educación, entendida ésta en sentido amplio, sólo existiría depredación y barbarie. No sé qué pensaría el señor Germain de estas palabras últimas; su actitud, en cualquier caso, debería ser un faro hacia el que todos los docentes deberíamos mirar: “sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares”.

Muestras de agradecimiento como ésta nos resultan sorprendentes y, sin embargo, deberían ser la norma (de hecho se producen con mayor frecuencia de lo que pensamos). No se trata de autobombo corporativo sino de reconocer el valor de una profesión que ha ido perdiendo por el camino muchos de sus rasgos de credibilidad y prestigio.

Un tiempo después, ésta es la carta que le escribió el señor Germain a Albert Camus. Hemos seleccionado sólo algunos fragmentos:

 

Argel, 30 de abril de 1959

Mi pequeño Albert:

He recibido, enviado por ti, el libro “Camus”, que ha tenido a bien dedicarme su autor, el señor J. Cl. Brisville.

Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí “mi pequeño Camus”.

Todavía no he leído la obra, salvo las primeras páginas. ¿Quién es Camus? Tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo. […]

He visto la lista en constante aumento de las obras que te están dedicando o que hablan de ti. Y es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad (es la pura verdad) no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo Camus: bravo. […]

Antes de terminar, quiero decirte cuánto me hacen sufrir, como maestro laico que soy, los proyectos amenazadores que se urden contra nuestra escuela. Creo haber respetado, durante toda mi carrera, lo más sagrado que hay en el niño: el derecho a buscar su verdad. Os he amado a todos y creo haber hecho todo lo posible por no manifestar mis ideas y no pesar sobre vuestras jóvenes inteligencias. […]

Recuerda que, aunque no escriba, pienso con frecuencia en todos vosotros. Mi señora y yo os abrazamos fuertemente a los cuatro. Afectuosamente vuestro.

Louis Germain

Es el señor Germain quien ahora se muestra agradecido ante su exalumno por un libro recibido como regalo: “soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo”. Desde el presente, es posible que nos llamen la atención estas muestras tan efusivas de afecto: “si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí mi pequeño Camus” o  cuando dice “os he amado a todos” y “pienso con frecuencia en todos vosotros”. Debería darnos qué pensar cómo la escuela ha desterrado y destierra todo lo que tiene que ver con la expresión de los sentimientos. Ésta es una de las auténticas asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo, la ahora llamada “competencia emocional”, de la cual el señor Germain era un precursor.

El señor Germain exhibe un conocimiento profundísimo de su exalumno: “tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase”. En otro momento dice: “creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo”. O también podemos leer: “es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad (es la pura verdad) no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo Camus: bravo”. Estos comentarios del señor Germain nos pueden hacer reflexionar respecto a si conocemos a no a nuestro alumnado. Y  también sobre si es posible enseñar sin afecto y cómo sentirlo por alguien a quien ni conocemos. El señor Germain lo tiene claro: “el pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente”. El conocimiento del alumnado nos proporciona una perspectiva más amplia en la que dotar de sentido todas nuestras acciones dentro y fuera del aula. Saber quién es esa persona que tenemos delante, de dónde viene, a dónde va, qué le interesa, cómo aprende… no son elementos adyacentes a la educación sino que forman parte del núcleo duro de cualquier acción educativa.

Me interesa también destacar aquí esa manera de nombrar a los alumnos/as como hijos/as. Quizás pueda parecernos pasado de moda, inapropiado o pretencioso. Yo, sin embargo, pienso que la escuela pública iría mucho mejor si todos los docentes quisieran para sus alumnos/as lo mismo que desearían para sus propios hijos. Luego, la equivalencia que hace el señor Germain entre alumnos e hijos no es baladí en absoluto.

Y una última consideración pedagógica se desprende de las palabras del señor Germain: “creo haber respetado, durante toda mi carrera, lo más sagrado que hay en el niño: el derecho a buscar su verdad. Os he amado a todos y creo haber hecho todo lo posible por no manifestar mis ideas y no pesar sobre vuestras jóvenes inteligencias”. La estima verdadera nace también del respeto a la individualidad y autonomía del otro. Y eso lo sabe el viejo profesor de Camus. Esa honestidad y pulcritud moral son las que le hicieron digno del aprecio y del recuerdo de su alumno.

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Ramón Paraíso: “Reencuentros en la tercera fase”

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De vuelta es el extraordinario blog educativo de Ramón Paraíso. En los últimos dos años, sus comentarios han acompañado mi día a día en el CEPA Pitiüses poniendo palabras a aquello que yo –y algún compañero/a más– pensábamos en relación a la educación de personas adultas. Del contacto virtual pasamos al encuentro cara a cara en el marco del taller que Ramón impartió en Eivissa coordinado por el CEP. En dicho taller, Ramón nos transmitió con un entusiasmo contagioso su experiencia en el CFA Dolors Paul de Cunit. En una mañana viajamos al interior de un centro con sentido (plasmado en forma de plan estratégico) y en el que se atreven con metodologías innovadoras y proyectos motivadores. Su inspiración sigue acompañándome en momentos de zozobra, ésos que nos asaltan a los docentes de vez en cuando.

Hoy quería rescatar aquí una de sus entradas en De vuelta: “Reencuentros en la tercera fase” (19 de septiembre de 2015). En ella asistimos a un reencuentro entre Ramón y uno de sus antiguos profesores; o mejor dicho, un reencuentro que en realidad no llegó a producirse ya que ambos hicieron como si no se hubieran visto. En ese gesto cifra el autor toda su reflexión acerca de qué recuerdos dejan en nosotros los profesores/as. En el caso que nos ocupa, un recuerdo no muy grato. Ahora que el rol ha cambiado de alumno a profesor, Ramón se pregunta qué recuerdo será el que guarden sus alumnos/as de él en el futuro. Su respuesta no deja lugar a dudas: “… me dolería más que tuvieran la sensación de que nunca mostré el más mínimo interés por su situación y preocupaciones, por sus inquietudes. Me sabría muy mal que tuvieran la sensación de que no fui lo suficientemente cercano y atento como para detectar qué necesitaban y cuáles eran sus verdaderas aptitudes y capacidades, independientemente del resultado que tuvieran en mis asignaturas”. De lo dicho hasta aquí empezamos a intuir que esos reencuentros casuales entre profesores y alumnos después del tiempo son un buen termómetro de qué tipo de profesores fuimos, de qué clima generamos en el aula y de qué distancia establecimos. Esos encuentros también hablan de cómo eran nuestros alumnos o cómo éramos nosotros en tanto que aprendices.

Toda esta anécdota del (no)reencuentro lleva al autor a reflexionar sobre la humanización en la tarea docente. En ese viaje, Ramón se sirve del artículo de Débora Kozak “La enseñanza y el aprendizaje deshumanizado” (21 de agosto de 2015) dentro de su blog Pensar la escuela. Y yo me pregunto: ¿puede existir una escuela deshumanizada? La respuesta es radical: no. Una escuela que no reconociera el valor de esa humanidad que todos compartimos sería un engendro de institución. Y es que la humanización es una de esas tareas medulares que fundan nuestro sistema educativo. Nadie en su sano juicio defendería, pues, una escuela deshumanizada. Sin embargo, serían muchos los que sí que abogarían por versiones light de la misma y que, en palabras de Débora Kozak, pueden adoptar las formas de: determinación de la distancia óptima, manejo del apego, desafección o, directamente, alejamiento. Frente a estos discursos, desde este blog (y este es su espíritu) defendemos el despliegue de todos aquellos atributos que nos dotan de humanidad, a docentes y alumnos, y entre los cuales encontramos: la cercanía, la complicidad, el afecto, el compromiso o la honestidad. Cualquiera que lea esto diría que esto es muy difícil, y yo tendría que darle la razón. Sin embargo, ése debería ser el horizonte hacia el que caminar. Y mientras tanto, nuestro proyecto mínimo viable en este sentido debería pasar por, en palabras de Ramón Paraíso, tomar conciencia de que “en el aula convivimos con más personas, que tienen sus propias preocupaciones y problemas”. Y sus motivaciones, sus historias, sus deseos…

Éste es el mensaje para navegantes que podría haber tenido en cuenta aquel profesor del que hablaba Paraíso al principio. De haberlo hecho, el encuentro habría ido con toda probabilidad de otra manera. Ya no podrá ser. Muchos otros aún estamos a tiempo. Gracias Ramón por esta reflexión y enhorabuena por tu blog.

 

Juan Manuel Carreño: “Un grato encuentro”

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Ésta es el correo electrónico que recibí hace unos días y que me enviaba Juanma Carreño, quien fuera compañero de trabajo durante cinco años en la EPA Vicent Ventura de Valencia:

Bueno aquí en Valencia ya estamos en plenas fallas. Calles cortadas, olor a fritanga, puestos callejeros con buñuelos y churros, molestias por doquier… Pero esta mañana antes de emprender la huida he tenido un muy grato encuentro.

No sé si recordáis a E.S., una chica joven y guapa que recién llegada de Colombia se matriculó en la EPA Vicent Ventura y en un solo curso se sacó el Graduado en ESO y aprobó la prueba de acceso a CFGS. Pues bien, hizo brillantemente el Ciclo, accedió a Medicina y, aunque se tuvo que trasladar a Tarragona para hacer la carrera, la ha hecho a curso por año y acaba de aprobar el MIR con el número 500 lo que, según ella, le garantiza poder coger plaza para las prácticas de dermatología aquí en Valencia. Está encantanda y sigue supercontenta y agradecida al camino que se le abrió en la EPA. Y además, está más guapa si cabe.

Os manda un saludo cariñoso.

Con una historia como ésta ya se justifica la existencia de las escuelas de adultos. A pesar de que todo el mérito y el esfuerzo es de ella, la existencia de esta última puerta de reenganche a la formación académica merece la pena.

De vez en cuando, una alegría como ésta es gratificante para nuestro trabajo.  Aunque algunos ya tenemos en el horizonte la jubilación en el 2017 si los Presupuestos Generales de diciembre lo permiten.

Un abrazo.

Juan Manuel Carreño.

Olga Nohales

Olga 6La vida a veces te recompensa sin tú buscarlo. Así me siento yo en relación a Olga. Nada indicaba que nuestros destinos pudieran cruzarse, por mucho que ambos seamos del mismo pueblo y hayamos vivido, siquiera temporalmente, muy cerca el uno del otro. La profesión docente tiene estas cosas: la posibilidad inmensa de conectar con personas tan maravillosas como Olga. No exagero si digo que me conmueve la manera que tiene de construir el presente y de proyectarse hacia el futuro. De todo ello sé por ella en las esporádicas ocasiones en que nos encontramos en Sisante o por su abuela, a quien me une un afecto enorme y que viene de un pasado de vecindad como sólo en los pueblos ocurre. Fui profesor y tutor de Olga en aquel su 1º de Bachillerato en San Clemente. Un azar tan improbable que aún hoy me estremezco al recordarlo. De aquel curso sigo recibiendo obsequios a pesar de los años transcurridos. Uno de los más preciados: este contacto que mantengo con Olga y que me ha traído a escribir estas líneas. Ya sé que es un lugar común en este blog, pero es que lo siento así: ahora soy yo el que aprende. Y de Olga rescato tres lecciones: su mirada tierna hacia las personas excluidas de la sociedad, su afán insaciable por aprender y la manera tan sana y libre que tiene de construir su vida. Aunque ella no lo sepa, ésa es la huella que deja en mí. A la inversa dice: “Recuerdo en 1º de Bachillerato aquellas palabras que un día me dijiste: tú deberías dedicarte al tema de lo social. Pues así fue, algo viste en mí para saber que lo mío sería esto que es mi trabajo diario actualmente”. En este sentido, no sé si los profesores deberíamos mordernos la lengua antes de lanzar al viento consejos de esta índole. El caso es que lo hice y, al parecer, con un buen resultado. Con todo, un poco de prudencia no nos vendría mal cuando de lo que se trata es de otear el futuro profesional de nuestros alumnos.

 

La formación constituye uno de los pilares de la vida de Olga y por eso dice: “todos estos años atrás en el colegio, instituto, bachillerato y universidad marcan mi trayectoria personal y profesional”. De todo ello rescata personas y aprendizajes: “aprendizaje puro y duro. Olga 9Aprendizaje de diferentes profesores con vocación y aprendizaje sobre todo en el proceso de socialización con los otros”. De todos esos lugares por los que ha pasado recuerda especialmente el bachillerato y la universidad. Del bachillerato cursado en San Clemente dice: “era algo desconocido, algo que se temía porque tenías que decidir cuál sería la carrera profesional al terminar 2º. Conocí buenos profesores y compañeros”. En la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca, Olga ha cursado el Grado en Trabajo Social y el Grado en Educación Social: “me siento afortunada de haber podido cursar dos carreras universitarias que me fascinan. Todavía queda mucho por aprender y mis retos educativos no han acabado, quiero seguir aprendiendo y formándome en el tema social pues es algo que siempre tuve claro que debía elegir”. Cuando hablas con Olga sientes su pasión por lo que hace y su pasión por aprender, dos ingredientes imprescindibles de la felicidad. Entonces uno piensa: ¡a ver si se nos contagia algo!

 

Olga 1Pese a su juventud, Olga ya posee un extenso bagaje laboral. Sus primeros pasos en el mundo del trabajo se remontan a la empresa familiar: “además de estudiar, ayudaba (cuando podía) en el trabajo familiar dedicado a la micología. Obtenía ganancias, pues mis padres recompensaban mi esfuerzo. Realmente hasta hace poco no valoraba el esfuerzo, horas y dedicación que mis padres realizan cada día por sacar el negocio familiar hacia adelante pues requiere de un gran sacrificio y de abstenerse de ocio y tiempo libre. Ahora que soy totalmente autónoma y no trabajo de ello, tengo buenos recuerdos de los ratos del trabajo en familia, las risas y charlas interminables”. También en el trabajo, aprendizaje y reconocimiento, por eso dice: “el paso por este negocio me sirvió mucho para aprender de mi abuelo, hombre de gran entereza al que le apasiona trabajar después de llevar una vida entera dedicándose a ello y en el que todavía dedica parte de su tiempo como ocio para ayudar a la familia. Un gran ejemplo de que querer es poder”. Ahora bien, “el trabajo más gratificante es el que realizo actualmente como educadora de un centro de menores”. Desde mi desconocimiento de ese mundo, me puedo imaginar la gran escuela de vida en la que se convierten esos centros. Aquí sólo puedo callar yo y dejar hablar a Olga: “sin duda cada día es una experiencia nueva pues la rutina no existe. Trabajar en un centro de menores te enseña a ver la vida desde distintas perspectivas y sobre todo a aprender de cada uno de los chicos que pasan por el centro de acogida. Este trabajo es el que me ayuda a formarme como profesional y como persona”. Aportar mucho y aprender mucho más, parece ser el lema de Olga: “muchas veces podemos pensar que por obtener títulos académicos somos nosotros los que enseñamos a los adolescentes y, sin embargo, considero que es más bien un intercambio mutuo. Incluso, a veces, se aprende más de los adolescentes que con tan corta edad han tenido experiencias de vida tan duras que pueden mostrarnos más que cualquiera con un título bajo el brazo”. Olga 8No debe de ser una tarea fácil, sin embargo, a Olga no hay nada que se le ponga por delante:“es una profesión vocacional y nada sencilla que se adquiere con la experiencia. En mi paso por el centro, como a cualquier profesional le sucede, el comportamiento se va modificando pues al principio uno está más pendiente de realizar bien el trabajo sin salirse de la estricta norma establecida que de disfrutar de él. Sin embargo, conforme pasa el tiempo, aprendes a disfrutar de los adolescentes, de sus historias y del trabajo sin pensar que es remunerado porque al fin y al cabo ejerzo de lo que me gusta”. ¿Y qué cualidades debe tener una buena educadora? Olga nos lo explica así: “ser flexible pero no demasiado tolerante, estricto cuando toca, empático, fuerte y tener la suficiente templanza.Considero que éstas son algunas de las cualidades importantes para trabajar con chicos que no han llevado una vida del todo sencilla y cómoda como muchos hemos tenido la suerte de vivir. Me gusta mi trabajo, escuchar, aconsejar a los chicos… A veces tomarán esos consejos; otras, no. Con todo, creo que lo importante es mantener esa actitud y no tirar la toalla, saber que no se fracasa como profesional si no ha salido como se preveía y que lo importante es seguir trabajando y luchando porque ellos tengan un futuro mejor”. ¡Qué gran lección!

 

Entre las experiencias vitales más importantes de su vida, Olga cita: la amistad, el amor y un viaje muy especial a Londres. Respecto a la primera, “además del aprendizaje que aporta estudiar aquello que por vocación eliges, conservar tan buenas amistades que complementan mi persona es un aprendizaje mayor a cualquier libro que he estudiado”. Y todo ello en una ciudad: Cuenca, de la que dice: “Cuenca es única. Sin embargo, no pensaba lo mismo hace seis años cuando me trasladé a aquella ciudad que no me motivaba nada para vivir. Hoy, no obstante, es el lugar en el que día a día sigo formándome en todos sentidos, donde comenzaron y contOlga 2inúan mis estudios y empleo y donde me encuentro feliz”. En cuanto al amor, Olga no cree “en eso de la media naranja pues es difícil coincidir con la otra mitad de un mundo tan inmensamente grande y si ya es difícil conocerse a uno mismo, ser afín a otra persona lo es aún más”. Olga relaciona la experiencia del amor con el concepto de resiliencia, es decir, con esa capacidad que tenemos de remontar cualquier situación difícil. Por eso dice: “he aprendido a sacar lo positivo de cada persona sabiendo que todas las experiencias que vives hacen de ti lo que eres hoy y sabiendo elegir lo que uno considera mejor para sí mismo”. En resumidas cuentas, “aún me quedan muchas experiencias por vivir, así es que enfrascarse en temas amorosos lo veo una tarea compleja”. Un último momento memorable en la vida de Olga coincidió con un viaje a Londres: “no sólo fue un viaje de ocio, fue un viaje en el que compartimos (familiares y amigos) carcajadas de las que dejan arrugas, momentos únicos difíciles de explicar. Al regreso me sentí renovada, con un cambio de actitud considerable y una felicidad que hizo volver a sacar lo mejor de mí. Por ello y muchas cosas más, no hablo de un simple viaje”.

 

Por todo lo dicho anteriormente, los lectores y lectoras de estas líneas entenderán por qué al principio del texto hablé de lo mucho que aprendo de Olga. Por si aún no ha quedado esto claro, aquí van las reflexiones sobre el oficio de vivir que nuestra protagonista de hoy nos lanza: “los humanos nos pasamos la vida pensando qué será de nosotros en un futuro próximo o lejano, ansiando momentos que creemos nunca llegan… Seguimos el patrón de la perfección que la sociedad nos ha dibujado (casarnos, formar una familia, tener un trabajo) ¿Ésa es nuestra felicidad? Sin embargo, ¿por qué no pensar en disfrutar cada día como si fuese el último? Claro, es muy difícil ya que nadie piensa que mañana será su último día sobre la faz de la tierra. ¿Y si así fuera? Entonces nuestro objetivo de vida cambiaría y éste sería vivir intensamOlga 7ente cada momento, recuperar el tiempo perdido y hacer esa clase de cosas que ni nos habíamos planteado, nos preocuparíamos más por vivir sanamente con nosotros mismos y con los demás, siendo mejores personas, exprimiendo al máximo cada segundo de nuestro reloj con las personas que aportan su granito de arena para sacar lo mejor de nosotros”. ¡Ojalá fuéramos capaces de hacer nuestras estas palabras! En el arduo camino de la felicidad, Olga no tiene la fórmula mágica pero sí que tiene claro qué es eso que nos ayudad a conseguirla: “de unos años a esta parte voy aprendiendo a dar más valor a cada detalle del día a día, a formarme como persona (lo que considero fundamental), a disfrutar de mi trabajo aprendiendo de cada experiencia de vida y pensando lo afortunados que somos por todo lo que tenemos. Me llena pensar en mi familia, en la unión que existe y en poder dar gracias por el hogar en el que me ha tocado crecer, con una educación, un cariño y unos valores difíciles de superar. Gracias a ellos me voy construyendo como persona”. Olga, creo yo, se ha tomado en serio eso que ella llama “construirse como persona”. Y pienso yo: ¿existirá un desafío mayor en nuestras vidas?, ¿existirá un viaje más apasionante en el que embarcarse? La respuesta a estas preguntas podría ser algo así: “un cortometraje interesante al que de vez en cuando dedico tiempo a verlo se llama Las esperas y dice lo siguiente: la felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando sabemos disfrutar de lo que tenemos, no pensando en el mañana, sino viviendo el hoy. Atesora cada momento de tu vida y recuerda que el tiempo no espera por nadie, trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubiesen herido y baila como si nadie te estuviese viendo”.

 

Esta gran lección de vida se complementa con esta otra sobre la situación del mundo. El diagnóstico no puede ser más certero: “los humanos hemos convertido el mundo en un lugar desastroso. Somos los únicos que tenemos el poder, el poder de hacer de él un lugar maravilloso y diferente si en lugar de odiar, amamos; en lugar de destruir, edificamos; en lugar de juOlga 3zgar, comprendemos; en lugar de quitar, compartimos; en lugar de quejarnos, buscamos soluciones. Pero humanamente vivimos solo bajo el paraguas de nuestros propios intereses, por ello no somos capaces de acabar con las guerras o la pobreza”. Aquella sensibilidad social de la que hablaba casi al principio, Olga la despliega en toda su extensión cuando dice: “veo el mundo como un lugar injusto, en el que dependiendo de la parte del planeta en el que te toque nacer y crecer eres más o menos afortunado. Un lugar en el que todo se materializa y sólo existe la riqueza y la pobreza, el tanto tienes tanto vales. Hemos convertido el mundo en un espacio poco humano, con demasiadas fronteras y distinción de razas, olvidando que todos somos personas”. Este estado de cosas, Olga lo resume citando la canción de Melendi “Cuestión de prioridades” cuando dice:
A mí me preocupan más los niños que mueren de hambre
pero si me apuras me dan más pena sus madres.
Perdonen sus gobernantes esta mía ignorancia,
no entiendo que en pleno año 2000
a mil kilómetros de aquí
se están muriendo de hambre…
Que la vida no se pierda en las pateras,
que los desastres naturales se repartan,
que a perro flaco parece todo son pulgas…
Y que las ropas estén sucias o estén rotas
casi nunca están reñidas con tener buen corazón.

 

Haciendo uso de una herramienta de diagnóstico social como es el DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades), así ve Olga el mundo: “como debilidad, el ser humano por naturaleza tiene miedos. Esos miedos se reflejan en los rostros de la sociedad hoy en día, en una posición defensiva frente al otro. Una amenaza importante es la extinción de muchas especies de animales y plantas por no cuidar nuestro planeta. La humanidad consume muchos más recursos de los que la tierra es capaz de regenerar, con lo que el planeta peligra. Como fortaleza he de decir que tenemos los recursos necesarios para hacer del mundo un lugarOlga 5 mejor, contaminando menos, y es que tenemos a nuestro alcance la oportunidad de hacer el amor y no la guerra. Como oportunidad destacar la que nos da la vida al nacer y poder aportar un granito de arena para colaborar en un mundo sin armas ni guerras y predicando paz y generosidad. Probablemente se erradicarían muchos de los problemas que nos aterran hoy”. Está claro que al género humano mejor le irían las cosas si fuera capaz de realizar un DAFO como éste. Junto a todo ello, las nuevas tecnologías se han convertido, según Olga, en un arma de doble filo: “aunque son adelantos, nos quitan mucho tiempo para realizar cosas verdaderamente importantes o simplemente observar los detalles del día a día”. En este sentido, el panorama no es nada halagüeño: “los jóvenes pasamos la mayor parte del día entre pantallas perdiendo lo que pasa a nuestro alrededor. Somos más infelices que otras muchas personas que viven sin un móvil o un ordenador en países empobrecidos. Veo que en el futuro las máquinas se adueñarán del planeta y el cerebro de los humanos estará todavía menos cultivado, nos limitaremos a realizar lo mínimo, y eso es un retroceso”. El antídoto contra todo ello, Olga nos lo ha mostrado a lo largo de todo este texto: cimientos firmes (que es lo mismo que decir valores) y un proyecto de vida buena (que no es lo mismo que buena vida) conducente a la felicidad. Ella es un buen ejemplo de todo ello.

 
Y ya Olga 4para acabar, siempre acabo por dar las gracias. Ella me las da así: “gracias por aportar a tus alumnos tanta sabiduría y aprendizaje, por ser una persona empática y no dejar de formar buenos alumnos. Ojalá volvamos a coincidir en un aula en la que pueda ser tu alumna de nuevo y seguir aprendiendo de ti”. Agradezco sinceramente estas palabras pero no es falsa modestia si digo que son un tanto excesivas. Los lectores y lectoras después de leer todo esto entenderán por qué lo digo. Yo soy quien quisiera coincidir en un aula (o donde sea) con Olga para poder seguir aprendiendo de ella. No quiero darte otro consejo (como aquél “tú deberías dedicarte a lo social”) pero sigue siendo así, creciendo. Gracias por estar ahí y por permitir acercarme siquiera un momento.

 

 

Carlos Matos Lagoa

No hace mucho, Juanma Carreño, compañero con el que coincidí en la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura y al que tanto debo, me comentó que con frecuencia se encontraba a Carlos en las manifestaciones de trabajadores/as y que éste seguía “tan combativo y buena persona como siempre”. Sin que Juanma lo supiera, yo ya había empezaFoto 6do a tramar este texto mucho antes, y justo por esas mismas razones: por el compromiso cívico de Carlos y por su bonhomía. Como decía, llevaba planeando este escrito durante meses. Él, tan solícito como siempre, respondió al instante a los correos que habían de servirme para armar estas líneas. Yo, de natural perezoso, fui posponiendo la tarea hasta este presente en el que tanto han cambiado las cosas: en lo personal (ahora Carlos está a punto de obtener el título de Técnico de Emergencias Sanitarias, y con perspectivas laborarles a la vista) y en lo político (con unas elecciones municipales y autonómicas en mayo, y las generales de diciembre de 2015).

En todo este tiempo de espera, las palabras que popularizó Raimon, “qui perd els seus orígens / perd (la seva) identitat”, han sobrevolado la intención que quería darle a este texto y ahora se conjuran de la manera que sigue. Estos versos vienen a decir que dejamos de ser quienes somos cuando olvidamos nuestros orígenes. ¿Y por qué digo esto? Pues porque hablando con Carlos he podido reflexionar sobre dos aspectos, en mi opinión, ausentes de los debates educativos: el primero tiene que ver con el desclasamiento experimentado por muchos trabajadores de la educación y el segundo, con la deriva burocrática operada en la Educación de Personas Adultas.

El tema del desclasamiento de los docentes no está presente en la mayoría de los foros educativos. Sólo en algunos ámbitos académicos (como la sociología de la educación, los estudios culturales o las metodologías de investigación de corte autobiográfico) se abordan cuestiones relacionadas con el origen y la identidad social de los enseñantes. El constructo “clase social” parece haber desaparecido del mapa educativo, como si hubiera sido expulsado a la periferia del debate y hubiera quedado reducido a una cuestión de arqueología marxista. Y sin embargo, sigue siendo importante dar respuesta a preguntas como: ¿el origen y la posición social de los docentes influyen en su manera de entender el hecho educativo?, ¿inciden de alguna manera en sus prácticas?, ¿fomentan o inhiben unos determinados valores?, ¿implican, más allá de lo estrictamente exigible, un cierto compromiso con los trabajadores/as?…

Respecto al tema de la deriva burocrática, no sé si solo me pasará a mí pensar que la Educación de Personas Adultas ha perdido en parte el espíritu que animó aquellas primeras clases nocturnas de alfabetización y de enseñanzas básicas que surgieron a mediados del siglo XIX. Perdiendo el espíritu se ha perdido en parte la identidad. Su dependencia excesiva de planteamientos oficialistas y burocráticos ha conseguido desactivar en buena medida su potencial transformador. Sé que estoy generalizando y que con ello estoy faltando de alguna manera a la verdad, pero esa formulación es la que, por tanteo, puede ayudar a responder preguntas como: ¿de qFoto 1ué manera las instituciones garantizan el derecho a una educación a lo largo de toda la vida?, ¿por qué hay quien quiere que estos centros se conviertan en complementos, más o menos exóticos, de los centros de Primaria y Secundaria?, ¿quién diseña el currículum y bajo qué premisas?, ¿quién decide sobre su organización y según qué criterios?, ¿cuándo la productividad, como lógica del mercado, colonizó estos centros?, ¿en qué momento las escuelas públicas de personas adultas, especialmente las municipales, empezaron a tener que ser rentables económicamente?, ¿en qué momento comenzaron a cobrar matrículas y tasas?… Está claro que una mayor reglamentación ha ayudado a ordenar y a ampliar la Educación de Personas Adultas; el precio que se ha pagado ha sido, no obstante, muy alto: su domesticación. Aunque en la legislación estatal y autonómica se expresa con formulaciones diferentes el carácter transformador de estas ofertas educativas, se han impuesto con demasiada facilidad los discursos inofensivos y las lógicas del mercado. Vuelvo a recordar que estoy generalizando. Afortunadamente hay proyectos educativos que escapan a todo esto y que han hecho del ejercicio activo de ciudadanía su razón de ser. Uno de ellos, el de la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia. De todo esto he vuelto a tomar conciencia ahora que he recuperado el diálogo con Carlos.

Me tengo por una persona defensora de la escuela pública. Yo, sin ningún lugar a dudas, soy deudor de la misma. Sin embargo, mis planteamientos empalidecen al encontrarme a personas como Carlos, quien dice: “el paso por las diferentes instituciones educativas me ha servido para admirar y respetar más aún la educación pública, y también para tener más ganas de pelear por lo público”. Cuando Carlos habla de pelear no está haciendo uso de una metáfora sin más, lo hace con convencimiento, desde su compromiso cívico, desde las organizaciones de base, desde los barrios, desde la calle. Entendida así la escuela pública, el profesor/a es un trabajador más, al servicio de la ciudadanía, comprometido con ella y lejos de desclasamientos o posiciones burguesas que taponan la empatía con quienes tienen menos oportunidades (en todos los sentidos, y también en lo educativo). De ellos dice: “he visto a profesores disfrutando y muy ilusionados impartiendo sus clases, muy comprometidos con lo que pasa afuera, en la calle, y tratando a todos los alumnos por igual sin que importara su país de procedencia”. Carlos pone palabras a lo que debería ser un imperativo pedagógico para los docentes: su “compromiso con lo que pasa afuera, en la calle”.

La trayectoria escolar de Carlos ha estado marcada por tres instituciones: el Colegio Parroquial Sagrado Corazón del barrio de la Farrapa en Olivenza (Badajoz), la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura de Valencia y el centro en el que está cursando un Grado Medio de Formación Profesional. En el primero rastreamos los orígenes extremeños de nuestro protagonista (por cierto, para quien no lo sepa, Olivenza dejó de pertenecer a Portugal a principios del siglo XIX) y también el surgimiento de su incipiente conciencia política. Y como muestra de ello, aquí tenemos el siguiente relato que lo ejemplifica:

Yo me crié en el barrio de la Farrapa, en Olivenza (Badajoz). En este barrio existe hoy en día el Colegio Parroquial Sagrado Corazón. Ya el nombre dice mucho: el colegio era y es entre concertado y privado. Se ve que había un acuerdo y los del barrio de la Farrapa íbamos gratis.

Recuerdo que todos los días antes de entrar en clase teníamos que ir a misa por obligación media hora antes. El dueño del colegio era don José, el cura, y estaba gestionado por su familia. Yo era un poco rebelde por aquella época y ya tiraba un poco a rojo. De vez en cuando y más veces que menos no subía la media hora de misa. A veces el cura retrasaba la misa y su hermana bajaba a buscarme, me cogía de la oreja, me entraba a la fuerza en la iglesia y me castigaba de rodillas contra la pared. Ahí empezó mi gran amistad con la familia parroquial.

Recuerdo que un día en la iglesia entró un pájaro. En esto que dando misa te dicen “de pie” y luego te dicen “de rodillas”, pues yo me quedé de pie observando el pájaro y mi amigo don José, el cura, me llamó la atención: “Matos, deje de mirar el pájaro y póngase de rodillas”. Entonces su hermana me cogió de la oreja y me castigó de rodillas contra la pared.

Además, un día a la semana teníamos clase de catecismo y yo me la saltaba. Estuvieron a punto muchas veces de expulsarme del colegio. Creo que gracias a mi madre, que es muy beata la pobre, no lo hicieron. 

Otro día vimos mis amigos y yo entrar cuatro o cinco coches de esos largos (tipo americano, de color oscuro) dentro del colegio. Luego nos enteramos de que se trataba de una visita del padre del rey don Juan Carlos. Se ve que mi amigo el cura y su familia cagaban muy alto. Llegaron a decir por el pueblo que durante la Guerra Civil don José, el cura, se chivaba de los rojos del pueblo.

De la Escuela de Personas AdultFoto 2as Vicent Ventura, guarda el siguiente recuerdo: “para mí fue una gran experiencia. Me aportó mucho. Me abrió otra ventana más por la que poder salir. Me ayudó a formarme a nivel profesional y a ser mejor persona también. La verdad es que no tengo palabras para explicar el gran trabajo que se hace en esta gran escuela”. Aunque yo diría que para gran trabajo el suyo. Todos los profesores que tuvimos la suerte de tener a Carlos en nuestras clases coincidiríamos en reconocer su entrega absoluta al objetivo propuesto (la consecución del Graduado en Secundaria), el trato siempre exquisito que dispensaba a todos/as y su mirada crítica hacia el mundo, no exenta de compromiso.

En la actualidad está cursando un Grado Medio en Emergencias Sanitarias. Así lo explica: “aún estoy en ello porque me quedó una asignatura, con la que no pude, y aquí sigo a ver si acabo la teórica en febrero. Después, los tres meses de prácticas, aunque ya veremos cuándo puedo hacerlas. Lo digo porque seguramente a finales de febrero esté trabajando”.

Junto a la experiencia escolar encontramos la laboral. Éste es el relato que nos hace Carlos de esta última: “con once años ya iba en bicicleta con mi padre a la sierra a hacer picón para el brasero, y luego lo vendíamos. A los 16 años estuve trabajando en el pueblo en una fábrica de carbón vegetal la temporada de verano. Este trabajo me aportó mi primer sueldo y, durante tres meses después del trabajo, mocos negros. Luego estuve dos temporadas en la recogida de naranjas y fresas, en Alginet (Valencia). Creo que es el trabajo donde más he disfrutado o, por decirlo de otra manera, era el más fresco, natural y encima compartido con chicas. Después estuve sobre dos años y medio en Amorebieta (Vizcaya) en una carpintería. Me gustó mucho esta experiencia porque la gente, en general, del País Vasco está muy concienciada. Aprendí mucho de la personalidad vasca, muy buena gente y muy combativos. Volví a Valencia y empecé a trabajar en empresas de obras públicas como maquinista. Ahora me suele llamar una empresa cuando tiene trabajo de maquinista y chófer de camión”.

De este amplio curriculum laboral, una reflexión desde lo personal: “la experiencia de los trabajos siempre estará ahí, aunque tal y como está el trabajo (en mi caso la obra pública) es como si no me sirviera de nada”. Esto me hace pensar que desde la Educación de PeFoto 3rsonas Adultas deberíamos tener un papel más activo en todo lo relacionado con el reconocimiento y acreditación de la experiencia laboral de los trabajadores/as. Y otra reflexión desde lo colectivo: “a lo largo de mi experiencia laboral, conforme han ido pasando los años, me he dado cuenta de que la unión de los trabajadores iba decreciendo gradualmente, por desgracia. Espero que esta estafa de crisis haga recapacitar a los ciudadanos porque sin unión no se ganan estas batallas”. Toda una lección contra el apalancamiento que ha vivido, y vive, una parte de la sociedad (y dentro de ella, una parte del gremio docente).

Siguiendo con lo laboral, la pérdida del trabajo fue para Carlos una de sus experiencias vitales más decisivas: “lo que me ha marcado ha sido mi situación laboral, el quedarme sin trabajo. Nunca pensé en encontrarme en esta situación, tanto yo como muchas/os, pero creo que no he perdido el tiempo, estoy estudiando e intentando reencontrarme aunque sea con un poco de cierta estabilidad laboral”. Ese yo como muchos/as ahonda en esa conciencia social que, como ya hemos explicado aquí, caracteriza a Carlos. La suya no es una visión parcial sino que abre el objetivo hasta alcanzar a toda la clase obrera, especialmente a la más castigada por la crisis. Y otra constante: el afán de superación, el mismo que le ha llevado a las aulas después de mucho y que espera ver recompensado en forma de cierta estabilidad laboral.

Entre sus aficiones, Carlos cita las siguientes: “hacer algo de deporte, pasear y desconectar. También leer, aunque hace tiempo que no leo, se ve que necesito algo de paz o tranquilidad”. También concibe el tiempo libre en función de su compromiso cívico. Participa en el colectivo COLISEA de Torrent, que colabora con la PAH (Plataforma deFoto 4 Afectados por la Hipoteca), recoge alimentos, juguetes, material escolar “para las personas más necesitadas, que hay muchas desgraciadamente, no como dice el gobierno”. Pese a la labor tan importante que realiza este colectivo, “desgraciadamente hace unos seis meses que no tenemos local por razones económicas, pero hay esperanza en el horizonte”. En aquellos momentos previos a las elecciones municipales y autonómicas de 2015, reconocía estar “enfrascado en las elecciones municipales. Estamos en una coalición de partidos con Guanyem Torrent para presentarnos a las elecciones e intentar desalojar al PP y demostrar que se pueden hacer otras políticas más encaminadas hacia los ciudadanos. No ha sido fácil llegar a este pacto con Guanyem, de hecho creo que se ha conseguido en Gandia y, por supuesto, en Barcelona, que es de donde salió el nombre”.

Del mundo reconoce que “no pienso nada bueno”. Su clarividencia le lleva a pensar que “vamos hacia atrás en todo. Antes sabíamos quién estaba detrás moviendo los hilos, pero no se descubrían y había una contrafuerza política que, digamos, equilibraba un poco la balanza. Ahora ya salen al descubierto a decirnos por dónde tenemos que pasar. Y los políticos que nos gobiernan están para servir a estas élites, con lo que la balanza está cada vez más a favor de éstas. Y, por el contrario, los trabajadores y la sociedad volvemos a ser más esclavos”.

Así pues, el futuro lo ve “muy complicado, pero dicen que cuando uno lucha es porque hay esperanza. Yo comparto lo que me dijo un amigo y que leyó en un libro. Decía que en un incendio en un bosque se veía a un pájaro en dirección hacia el incendio con el buche lleno de agua. Por el contrario, la mayoría de pájaros iba huyendo del incendio en dirección contraria. Al pájaro que iba con el buche lleno de agua le decían que no iba a conseguir nada. Ante lo cual respondió: no sé si conseguiré algo pero yo voy a poner mi granito de arena”.

El suyo es pues un pesimismo esperanzado. Por ello propone “una revolución pacífica promovida por los ciudadanos y apoyada por intelectuales que trabajen por una unión de partidos políticos y colectivos ciudadanos, ésos que siempre han estado apoyando a los más débiles de nuestra sociedad. Sin esa unión (porque somos más) no hay nada que hacer”. Esta propuesta no está exenta de dificultades pues “desgraciadamente no es fácil Foto 5unir a la mayoría hacia un objetivo común. Habría que ser muy nobles y renunciar al yo quiero ser el número uno, por poner un ejemplo. Ya sabemos que el ser humano tiende hacia el egoísmo”. Además de al egoísmo humano, Carlos apunta al papel domesticador de los medios de comunicación: “tenemos todo en contra pues los medios de comunicación se afanan en fabricar ciudadanos cada vez más egoístas, ciegos, sin sentido común…”.

En este panorama “muy negro” también cabe “algún brote de esperanza”: “mi futuro personal lo veo mejor. Fíjate, en estos dos años he trabajado uno o cotizado, pero antes he estado cuatro y medio sin encontrar trabajo, pero creo que lo he aprovechado”. Y por último, “creo que se avecinan nuevos tiempos en lo social, lo que no sé es lo que tardaremos en equilibrar la balanza”. ¿Cuántos Carlos harán falta para ganar un futuro mejor, más justo y solidario? Está claro que muchos, por eso personas como Carlos nos resultan imprescindibles. Gracias por tu presencia y por recordarme todo esto.

Juan Carlos Gómez Vaquero

Juan Carlos 1A veces tengo que pararme a pensar y recordarme que todo acto educativo es un acontecimiento. Utilizamos esta palabra, “acontecimiento”, para nombrar  esos momentos relevantes en la vida de uno/a, de un grupo o de la sociedad en su conjunto. Así las cosas, son acontecimientos: un nacimiento, una celebración o un descubrimiento científico llamado a cambiar el mundo. Claro que hay acontecimientos gozosos y otros que lo son menos. Obviamente, lo educativo debería formar parte de la primera categoría. La verdad es que esto ya lo sabía; sin embargo, fue en el diálogo con Juan Carlos cuando volví a tomar conciencia de ello. Hablando de los últimos tiempos en los que había vuelto a formarse decía: “te diré que han sido los tres mejores años de mi vida y que será muy difícil que me olvide, a pesar de ser los cinco años más duros en sentido económico y laboral”. En esta rotonda vital nos encontramos Juan Carlos y yo en la Escuela de Personas Adultas Vicent Ventura; para él, un momento altamente significativo; para mí, el riesgo de un curso más, un transitar por los mismos caminos, de manera más o menos cómoda, sin pena ni gloria. Afortunadamente no fue así, Juan Carlos (y otros compañeros como Paqui, Marisa, Carlos, Daniel y otros muchos) me recordaron la importancia de lo que nos traíamos entre manos y me hicieron tomar conciencia de cómo muchas veces la Educación de Personas Adultas acude al rescate. Entonces hay que estar ahí, en pie de igualdad, abierto al diálogo, atento a las demandas, escuchando lo que se oye y lo que no, acompañando. O, al menos, tratándolo.

En ese momento y en ese lugar empiezas a conocer a alguien como Juan Carlos, con una larga trayectoria laboral y personal, con una forma de ver el mundo nada complaciente sino todo lo contrario (crítica y política a un tiempo), con todo un despliegue de humanidad que posa como si nada en todos y respecto a todo… Y entonces piensas: ¡qué privilegio poder trabajar en esto! No sé si el hecho de que Juan Carlos también sea de Cuenca, como yo, ayudó a tender puentes. Aunque todo ayuda, su natural sociable hubiera obrado igualmente: “durante los tres años que estoy estudiando, para mí la mayor riqueza es la gente que conozco -tanto profesores como alumnos-  y gente con la que hablo –tanto en los centros de estudio como en la calle–. Como sabrás soy demasiado  xarraor”.

Juan Carlos 5Quizás exagera Juan Carlos cuando dice: “creo que soy más persona que antes, después de haber conocido a grandes personas como todos vosotros”. Nótese que dice “más persona” y no “mejor persona” (eso ya lo lleva él incorporado de serie). Concedámosle la hipérbole, y más si esta nos lleva a pensar que el requisito mínimo indispensable de cualquier encuentro educativo debería ser aquel en el que todos los participantes llegaran a ser más personas. Yo le daría la vuelta a su afirmación y diría que “somos más personas que antes después de haber conocido a Juan Carlos”.

Es sabido que la Educación de Personas Adultas abre puertas, y si no que se lo digan a nuestro protagonista: “gracias a vosotros tuve el Graduado en Secundaria y después un Grado Medio en Obras de Interior, Rehabilitación y Decoración de Viviendas”. Quienes hayan pasado por la Educación de Personas Adultas podrían referir muchas historias como esta. Sorprende, pues, la poca visibilidad que muchas veces acompaña a estas ofertas educativas, los recursos menguantes empleados y la falta de reconocimiento general que se le dispensa. Con esto no quisiera situarme en el “discurso de la queja permanente”, tan frecuente en nuestra profesión, sino más bien en el reconocimiento y en la reivindicación de unas enseñanzas y unas prácticas educativas altamente significativas, y con un “retorno social” tan considerable.

Juan Carlos 2Retorno social (hacia afuera) y también retorno institucional (hacia adentro). Porque ¿cómo calibrar en un centro educativo el impacto de la experiencia aportada por personas como Juan Carlos? Respecto a su trabajo, dice esto: “mi oficio es el de carpintero aunque domino otros cuatro”. No es por falsa modestia pero ya quisiéramos muchos poseer una versatilidad así. En el caso de Juan Carlos, vida y oficio han ido de la mano: “a lo largo de mi vida solo he tenido un oficio y un puesto de trabajo, en él empecé de aprendiz y terminé de responsable de sección o encargado. Ha sido toda mi vida: 33 años.” Pienso a este respecto cómo muchas veces dejamos pasar por alto toda esta inteligencia cultural, esas destrezas y capacidades que reúne nuestro alumnado. ¿Cómo poner, pues, toda esa experiencia al servicio del aprendizaje de todos? Definitivamente, no nos podemos permitir desperdiciar ese inmenso bagaje. Todos los saberes de nuestro alumnado deberían ocupar un lugar central en el currículum de la Educación de Personas Adultas.

Si el trabajo “ha sido toda mi vida” –en palabras de Juan Carlos–, quizás nos podamos imaginar lo que supuso para él la pérdida del mismo. Cuando se le pregunta por cuáles han sido las experiencias vitales que más le han marcado, él nombra como una de ellas el cierre de la empresa. En cualquier caso, de todo ello la lectura que hace no puede ser más positiva: “dentro de la mala suerte de no tener trabajo me considero un privilegiado por tener durante 33 años un trabajo y sobre todo por haber estado a gusto en él”. El caso de Juan Carlos no es aislado: después de toda una vida trabajando en la misma empresa, muchos trabajadores/as han tenido que reinventarse. Aunque él ha tenido la suerte de hacerlo en el mismo sector.

Juan Carlos 4En ese reinventarse, el paso por las aulas se convierte en la bisagra que articula una vida laboral en dos tiempos. Por lo que respecta a Juan Carlos, ahora “estoy en una empresa de casas de estructura de madera, pero que terminadas es como una casa normal de ladrillo. Empecé con ellos en junio hasta junio de este año en que termina la obra. Estoy de carpintero y técnico de obra. Paso un mes en Avignon y una semana de descanso en casa, y luego otro mes más de trabajo”. Mucho se ha escrito de los jóvenes españoles forzados a emigrar en momentos de crisis. Quizás menos atención se ha prestado a aquellos otros trabajadores/as no tan jóvenes obligados a buscarse la vida fuera de nuestras fronteras. Los relatos de vida de unos y de otros coincidirían en lo que alguna ministra llamó “movilidad exterior” pero intuyo que la variable “edad” nos devolvería una imagen más severa de aquellos que tuvieron que emigrar cuando ya tenían toda una vida montada aquí.

Juan Carlos, en consonancia con su carácter, ve el futuro de manera esperanzada: se puede mejorar dejando los intereses económicos aparte”. Por supuesto, el margen de mejora que tenemos las personas a título individual y grupal no pasa necesariamente por el dinero. Yo diría que, superando unos mínimos vitales básicos, casi nada pasa por la economía cuando de felicidad se trata. Su optimismo no es, en absoluto,  contemplativo: nada nos lloverá del cielo, deberíamos pues “ponernos las pilas para cambiar”. Yo diría que él encarna como nadie ese impulso de cambio. De él emana este mensaje tan necesario para momentos de incertidumbre como los actuales: “tenemos que ser optimistas y pensar que siempre hay un poco de esperanza y que lo que empieza, aunque sea malo, pasará”.

Juan Carlos 3Y ya por último, para acabar de vislumbrar a Juan Carlos, un par de detalles más. El primero tiene que ver con los mimbres: los personales y los familiares. De los primeros ya hemos dado cuenta. De los segundos, dice lo siguiente: “lo que más me llena en la vida son mi mujer, mi hijo, toda mi familia y hasta la suegra”. El segundo tiene que ver con los recuerdos compartidos, entre los que rescata estos: “el viaje de fin de curso del graduado que hicimos a la Murta y la cara que se os quedó cuando os dimos las plumas de regalo en aquel embalaje que parecía de todo menos bueno”.

Llegados a este punto, solo me queda mostrar toda mi gratitud a Juan Carlos por lo mucho que me ha aportado, que nos ha aportado. Y, por supuesto, desearle lo mejor. Eso que quizás ya tenga o que, al menos, sabrá la manera de encontrar. Gracias, amigo.

Ramón Morte

ramoannn Nunca imaginé que daría clase a alumnos/as de mi pueblo. Sin embargo, el azar quiso que el curso 2007-2008 trabajara en el IES Diego Torrente Pérez de San Clemente (Cuenca). La idea, tengo que reconocer, no me seducía lo más mínimo: mi querencia casi patológica por el anonimato chocaba frontalmente con la posibilidad de impartir clase a mis paisanos. Ahora, en la distancia, reconozco que fue una de las mejores experiencias docentes que he vivido. Y no tanto por el trabajo desarrollado, francamente mejorable, sino por la posibilidad de descubrir a personas como Ramón Morte, que de otra manera no hubiera conocido. ¡Y eso que vivimos casi como quien dice uno al lado del otro! Ramón lo expresa así: “recuerdo la época en que estuviste por San Clemente dando clases, allá fue donde verdaderamente nos conocimos porque, aunque éramos vecinos, nunca habíamos coincidido”. Junto a Ramón también pude conocer a Olga, Nuria, Cristina, Isabel y Mª Jesús. ¡Todo un lujo!

Pasó el tiempo y yo me fui a Valencia. Pero el contacto continuó, aunque de manera esporádica, en aquellos encuentros en mi casa, en la calle, en alguna terraza de la plaza o en el Facebook. Supe que también aprobó 2º de Bachillerato, que cursó un Grado Superior de Informática en Albacete y que empezó a trabajar reparando ordenadores, en la radio, de DJ y en la gasolinera de Sisante. A este respecto, tengo que decir que me gusta la línea que Ramón ha trazado en su vida. Creo que tiene lo más importante para construirse un futuro pleno: voluntad y horizontes. En sus propias palabras: “actualmente estoy bastante contento con la vida que llevo, tanto en lo profesional como fuera de ello. Pero si hay algo que me llena satisfactoriamente es conseguir cada uno de los objetivos que me propongo. Esto me lleva a promover nuevos proyectos interesantes para un futuro cercano“. Todo en él es optimismo e iniciativa. Sin embargo, eso, con ser mucho, no alcanzaría a definirlo. Haría falta recurrir a otras categorías como “buena persona” o “divertido”.

Ramón concede importancia a la educación, la valora, y por eso dice: “uno de los posos que nos queda para toda la vida es nuestra formación, el nivel educativo que en la actualidad tenemos y que nos hace más fácil el día a día. Gracias a ella podemos afrontar diversas situaciones o circunstancias.” La valora y ha sido capaz de quedarse con lo mejor de las diferentes instituciones educativas por las que ha pasado: “en realidad quedan muchos recuerdos, empezando por las amistades que he adquirido en todos los centros educativos donde he estado matriculado. Al final quedan los buenos momentos, las anécdotas y los recuerdos, no sólo con compañeros sino también con profesores.” Él es así: abonado al lado bueno de las cosas.

facebook_1446381238712Del colegio de Sisante, ése en el que yo también estuve muchos años antes, dice lo siguiente: “… entonces éramos unos críos. Fue nuestra primera toma de contacto con el conocimiento de cosas nuevas, de una forma divertida y seria a la vez. Así pudimos aprender poquito a poco.” Imagino que allí Ramón forjó muchas de sus actuales amistades, por ello así recuerda el último día de colegio: “sinceramente, me acuerdo como si fuera hoy. Hicimos una pequeña celebración de despedida. A muchos de nosotros nos daba pena tener que separarnos de nuestros amigos y de nuestra gente.” Sin embargo, el cambio al instituto no fue tan traumático como esperaba: “una vez allí todo fue coser y cantar. Era como empezar un nuevo ciclo en el que volvías a conocer a nuevas personas, y también nuevas virtudes de ti mismo para poder afrontar esos cuatro años.” Ya a esa edad rastreamos una de las constantes de la vida de Ramón: el tener que bucear en su interior para poder rescatar lo mejor de sí y hacer frente a las dificultades.

Al acabar la secundaria obligatoria, el futuro se abrió y Ramón lo relata así: “una vez conseguido el graduado, teníamos que elegir nuestro futuro. Mi mentalidad siempre me decía que tenía que hacer una FP de Grado Medio, y me negaba a hacer Bachillerato en San Clemente. Pero la cabezonería de mis padres pudo conmigo. Al principio era todo como muy difícil porque cuando uno hace cosas que no son de su agrado no resultan bien. Sin embargo, en esta ocasión todo fue muy diferente: empecé a cogerle el gustillo, con nuevos amigos, nuevos profesores… Todo se unió para que ese clima fuera idóneo para mí y así pude sacarme esos dos años con duro esfuerzo. Una vez terminado, no me arrepiento de haber cursado esos dos años: me di cuenta de que mis padres hicieron lo correcto.”

Después del Bachillerato, “decidí irme a Albacete para estudiar una FP de Grado Superior de Informática. Era lo que a mí me gustaba, lo que me apasionaba y en lo que más me gustaba enredar.” El cambio no fue fácil, y Ramón lo evoca como un momento duro “porque empezabas de cero sin tener a nadie de tu entorno cerca de ti. Además, tanto los profesores como los alumnos hablaban como si aquello fuera coser y cantar, y yo no sabía ni lo que era. Al principio me planteé dejarlo pero una vez más tuvimos que echarle valentía para superar todos aquellos obstáculos. A día de hoy estoy muy contento de tener lo que tengo.” Esta garra es uno de los grandes activos de Ramón, que de seguro le será muy útil en todas las facetas de su vida. Respecto a proseguir su formación dice: “en más de una ocasión me he planteado retomar los estudios, pero por circunstancias de trabajo, vida familiar… mi tiempo no da para más.”

ramonnnEl talante que Ramón ha manifestado en sus estudios es el mismo que se ha llevado al mundo del trabajo. De él dice: “yo me quedo con la experiencia vivida, con lo aprendido dentro de cada trabajo y con las personas que conoces a través de él.” De entre todos los trabajos que ha desempeñado a lo largo de su vida, la música ocupa un lugar especial: “como bien sabes, desde los quince años tengo una afición: DJ. Al principio me lo tomaba como un hobby en el que conocía gente y hacía que la gente se divirtiera junto a mí. Hoy sigo con ello pero de una forma más profesional. Sigo como el primer día, contentísimo de poder hacer a la gente feliz con tan poquito.” Por cierto, ¡qué suerte la de aquél que hace coincidir su trabajo con su pasión! En este trabajo lo importante en establecer una conexión especial con el público, “se trata de poder poner la banda sonora acorde a cada momento y a cada grupo de personas para que puedan disfrutar. También se trata de escuchar los gustos musicales y peticiones por parte del público. Sinceramente, si ellos disfrutan; yo, también. Si no lo pasan bien, se crea como una tensión que no gusta.”

facebook_1446381944898Otra de sus experiencias vinculadas con la música nos acerca al mundo de la radio. Y es que Ramón “soñaba con ser locutor de radio y me parecía mentira. He estado durante siete años en la radio, y no descarto que vuelva a retomarlo porque me gusta y porque es una de las cosas que más me ha hecho aprender: a expresarme, a escuchar y a interactuar con los oyentes. Me parece algo fascinante.” La comunicación es una de sus pasiones, a juego con su carácter abierto, espontáneo y sincero. Él lo resume así: “aparte de promocionarte públicamente a través de los medios y ser más conocido, lo principal es crear una conexión, un ambiente agradable para pasar una mañana o tarde divertida escuchando. Es una de las cosas que me ha quitado miedos para poder hablar en público o para no tener vergüenza. Es algo increíble.”

Pero además de por la cabina, Ramón también ha pasado por la barra del bar durante unos meses de verano. De este trabajo dice que “me vino bien para poder ver las cosas de otra forma”. Y no queda ahí la cosa, también ha hecho de agente comercial. Éste es el relato que hace de ello: “en esa pequeña etapa que duró un mes, día tras día tenías que recorrerte las provincias de Cuenca y Albacete con un horario laboral de muerte: desde las siete de la mañana en que te levantabas hasta las diez de la noche en que llegabas a casa después de haber pasado todo el día fuera. En este trabajo aprendí muchas cosas, pero me quedo con lo bueno: el aprender a escuchar a cada cliente que tenías que visitar. Era un mundo, y todo para poder vender. Arrebatar cualquier objeción ese era el secreto.” Camarero, agente comercial y también expendedor en la gasolinera: “para mí este trabajo me supone bastante, tanto en lo económico como en la vida social, ya que amigos, vecinos y gente desconocida no paran de pasar a repostar con sus pequeñas anécdotas.” Queda claro que todas estas tareas requieren de muchas destrezas sociales, cosa que Ramón posee ampliamente.

También es una persona emprendedora. En estos momentos, y por si fuera poco, junto a su trabajo esporádico como DJ, su jornada en la gasolinera y su dedicación a la reparación de ordenadores, diseño gráfico, y fotografía, ha creado una empresa, que lleva su nombre, de alquileres de equipos de sonido, iluminación… En palabras suyas, “esto era lo que necesitaba y me hace mucha ilusión”. ¿Tiene el día suficientes horas para tanta actividad? Se ve que sí. Y todo ello, y me consta, sin descuidar otras facetas más personales de su vida.

facebook_1446380961097Respecto al mundo, Ramón no le ve mucho arreglo. Es más, cree que la transformación no está en nuestras manos: “en cuanto al mundo podría explayarme mucho en consideraciones tanto buenas como malas pero creo sinceramente que no vamos a llegar a ningún sitio ni voy a arreglarlo. Tanto yo como cualquier persona sabe que está lleno de injusticias en todos los sentidos pero, reitero, no está en nuestras manos.” Con todo, Ramón confía en el mañana: “si hablamos de futuro, me considero una persona optimista, pienso que con el tiempo todo va a cambiar y como siempre las cosas se intentan mejorar. Sabemos que en otros aspectos, como en el cambio climático, hay un futuro que nos crispa pero aun así me reafirmo: ´optimismo e ilusión´, como diría Emilio Lledó.” Ese optimismo es el que le lleva a imaginar un futuro personal así: “me gustaría poder seguir un estilo de vida similar al que llevo, poder agrandar y mejorar mi empresa, poder tener familia y seguir disfrutando de la vida como si fuera el último minuto.”

Ojalá pueda cumplir todos esos sueños. Se lo merece. Yo, por mi parte, me quedo agradecido por la confianza que siempre depositó en mí, por estas palabras que ha querido compartir conmigo y por esa forma de ser que nos contagia optimismo. Ramón, nos seguimos encontrando en el camino.

 

Aquí puedes escuchar uno de sus programas de radio “Culture Music”.